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La leyenda de Billy el Niño

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Al oeste del Misisipi se encontraba una nueva frontera, aquella en la que miles de pioneros intentaron buscar una vida nueva. Durante el siglo XIX, hubo cientos de miles de europeos que llegaron dispuestos a conquistar la gloria o simplemente un pedazo de terreno.

Tras la nefasta guerra civil norteamericana, muchos soldados quedaron sin oficio ni beneficio, por lo que algunos se hicieron ´pistoleros´. Pero en especial brilló con luz propia la figura de un joven de apenas 20 años que dio mucho que hablar a la prensa sensacionalista de aquellos tiempos, .

William (ese era su nombre) fue creciendo en New York entre internado e internado, escapando de ellos, pero en 1870 en compañía de su madre y su hermano marcharon a Wichita en busca de oportunidades y, allí montaron una lavandería en la que trabajaban los tres integrantes de la familia. No les iba mal del todo. Por desgracia, la tuberculosis se apoderó del cuerpo de la madre, que falleció en 1874, y William se vio solo con 15 años y necesidad de sobrevivir y ávido de aventuras.

Primero robó unos kilos de manteca, pero fue detenido y, al carecer de antecedentes fue puesto en libertad. Y empezó a deambular por Silver City acompañado de los maleantes de la zona. Uno de ellos, “Sombrero Jack” era su mejor amigo y, junto a él, perpetró su primer ´golpe´; fue en una lavandería china donde ambos entraron para robar ropajes.  Sombrero Jack pudo huir pero William fue detenido y llevado a la pequeña cárcel de la ciudad.

Allí escapó por un pequeña chimenea y ya empezaba a hablarse de este rebelde. Y aquí comienza a gestarse la de Billy el Niño. Empezó a robar ganado, pero en agosto de 1877, sin haber cumplido siquiera los 18 años se enzarzó en una pelea en una taberna con un tal Ventoso al que acabó disparando y terminando con su vida. Dicen que si se hubiera entregado a la justicia, habría salido absuelto por “defensa propia” pero optó por la huida.

Dice la historia que acabó con la vida de 21 hombres, y se convirtió en el hombre más buscado, en el número uno. La verdad es que muchos asesinatos se le imputaron sin haberlos cometido. Viajó a Nebraska, a una ciudad de 400 habitantes en los que la mayoría andaban siempre de “gresca”. Por allí estaban entre otros un tal “Jessie Adams” y un tal “Búfalo Hill” en sus tiempos de mocedad.

Había dos ganaderos rivales que reclutaban pistoleros para defenderse del otro, así que nuestro amigo decidió alistarse con uno de ellos. Las refriegas entre bandas acababan a tiros, en peleas por las lindes y los territorios, en defensa de quienes los contrataban. El joven Billy discrepó con su jefe y se pasó al otro bando. Junio de 1878, la situación estba al límite…, el comisario fue asesinado y se le atribuyó a Billy el Niño. Finalmente las dos bandas se encontraron en una pequeña granja. Durante 5 largos días se dispararon entre sí, hasta que una columna del ejército consiguió apaciguarlos después de comprobar como había quedado todo lleno de sangres y cadávere esparcidos por toda la granja.
Billy el Niño huyó del lugar porque se le atribuyeron varias muertes debido a su velocidad con el arma y a su presteza.

Después de la huida, decidió formar su propia banda de forajidos. Fue reclutando de aquí y de allá hasta un formar un pequeño grupo de leales que lo acompañarían en sus fechorías. Los cazarecompensas querían capturarlo, se había convertido en un héroe popular y los carteles de “se busca” con su foto comenzaron a proliferar por todo el Oeste. En abril de 1881 fue capturado y enjuiciado. Se le condenó a morir en la horca el 13 de mayo de ese mismo año. Pero he aquí, que consiguió escapar de nuevo de la cárcel donde esperaba su condena matando a los dos guardias y huyendo a caballo. Lo había conseguido una vez más.

Finalmente la traición de uno de sus allegados que lo delató, hizo que descubrieran el “escondite” de nuestro protagonista. Estaba escondido en una antigua Hacienda Mexicana. Y allí consiguieron abatirlo el 14 de julio de 1881 (con 21 años), fue el fin del mito y al día siguiente fue enterrado por sus amigos los mexicanos. Toda una vida de leyenda, que nos demuestra que la realidad supera a la ficción, especialmente a las películas de Hollywood.

Vía: Pasajes de la Historia, Juan Antonio Cebrián

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