Descubre cómo tres startups están revolucionando la protección de nuestros océanos

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Por Javier Martínez

Corales impresos en 3D, dióxido de carbono capturado en el mar, plásticos detenidos en los ríos: tres startups trabajando por el futuro de los océanos.

Cubren más del 70 por ciento del planeta, generan al menos la mitad del oxígeno que respiramos, capturan aproximadamente un cuarto de las emisiones de dióxido de carbono producidas por actividades humanas y albergan la mayoría de la biodiversidad mundial. Sin embargo, los océanos están entre los sistemas naturales más amenazados: calentamiento, acidificación, sobrepesca, blanqueo de corales y contaminación por plásticos comprometen su salud. En 2023, la temperatura media global de la superficie del mar alcanzó cifras récord y entre 2023 y 2024 ocurrieron olas de calor marinas excepcionalmente intensas y prolongadas que afectaron al Atlántico, Pacífico, Caribe y Mediterráneo.

Según la National Oceanic and Atmospheric Administration (Noaa) y la International Coral Reef Initiative, desde 2023 hasta 2025 se ha registrado el cuarto evento global de blanqueo de corales jamás documentado: el calentamiento hasta niveles de blanqueo afectó a más del 80 por ciento de las barrieras coralinas del mundo, poniendo en peligro la supervivencia de los corales y, con ellos, de enteros ecosistemas marinos que de ellos dependen. A esto se suman los más de 11 millones de toneladas de plástico que terminan cada año en los océanos, según estimaciones de las Naciones Unidas.

La Día Mundial de los Océanos, establecido por la ONU en 2008 y celebrado cada 8 de junio, es un momento en el que gobiernos, comunidad científica y ciudadanos debaten sobre cómo proteger estos ecosistemas. Para 2026, las Naciones Unidas han seleccionado el tema Reimagine: una invitación a repensar nuestra relación con el mar, no visto ya como un recurso inagotable, sino como un sistema vivo que debe ser protegido, regenerado y gestionado con mayor responsabilidad. Este enfoque también incluye soluciones nuevas e innovadoras, capaces de actuar en varios frentes: la regeneración de hábitats, la remoción de dióxido de carbono y la prevención de la contaminación antes de que llegue al mar. Hemos seleccionado tres llevadas a cabo por igual número de startups que, desde ángulos muy diferentes, están tratando de proteger el futuro de los océanos.

3 startups que trabajan para la protección de los océanos:

Rrreefs, regenerar las barreras coralinas con módulos de arcilla impresos en 3D

Fundada en Suiza por cuatro mujeres con experiencia en biología marina, arquitectura y diseño, Rrreefs se dedica a la regeneración de barreras coralinas partiendo de una idea simple: recrear las complejas estructuras que los corales construyen en la naturaleza, para proporcionar una base donde puedan aferrarse y crecer.

La solución es un sistema modular de elementos impresos en 3D en arcilla, un material cerámico compatible con el ambiente marino, diseñados para emular las geometrías de los arrecifes naturales. Los módulos se colocan en el fondo marino y rápidamente se convierten en hábitat para peces, invertebrados y nuevas colonias de coral.

Actualmente, los proyectos de Rrreefs están activos en Ecuador, Colombia, Islas Vírgenes Británicas, Filipinas y Maldivas, siempre en colaboración con las comunidades locales, que participan en el mantenimiento y monitoreo de los arrecifes. Desde 2023, la startup ha transformado su modelo de una asociación sin fines de lucro a una empresa de impacto: particulares y empresas pueden convertirse en copropietarios o socios de los arrecifes, integrando la regeneración de corales en sus estrategias de sostenibilidad.

Limenet, capturar dióxido de carbono gracias al agua de mar

Si Rrreefs trabaja en los ecosistemas, la deep-tech italiana Limenet aborda el problema desde la fuente: el dióxido de carbono en la atmósfera, principal causante del calentamiento global y la acidificación de los océanos. La tecnología, patentada, utiliza un proceso químico que transforma el dióxido de carbono en bicarbonatos estables disueltos en el agua marina. Estas son las mismas moléculas que ya están presentes naturalmente en el mar, que regulan su equilibrio químico: por ello, el sistema no altera el ecosistema, sino que lo reequilibra. De esta manera, el CO₂ se almacena de forma estable por más de 10 mil años, contribuyendo al mismo tiempo a aumentar la alcalinidad del agua y a combatir localmente la acidificación.

En septiembre de 2024, Limenet ha inaugurado en Augusta, en Sicilia, lo que presenta como la primera planta industrial del mundo dedicada al secuestro marino de dióxido de carbono, emitiendo también los primeros créditos de carbono certificados en blockchain relacionados con esta tecnología. Una solución que se inserta en el debate, aún abierto en la comunidad científica, sobre el papel de las tecnologías de remoción de dióxido de carbono (las llamadas Carbon dioxide removal) en el logro de los objetivos climáticos.

Blue Eco Line, detener los plásticos en los ríos antes de que alcancen el mar

Proteger los océanos significa también actuar mucho antes de la costa: de esta intuición surge Blue Eco Line, una startup italiana que desarrolla tecnologías para interceptar y monitorear los residuos plásticos en los ríos, antes de que sean trasladados al mar.

La solución principal, River cleaner, es una instalación altamente automatizada ubicada a lo largo de las orillas de los ríos: gracias a un sistema de reconocimiento de imágenes basado en inteligencia artificial, identifica los residuos flotantes, los extrae del agua y los transporta hacia contenedores de recolección, donde luego pueden ser procesados para su eliminación.

Junto a este sistema operativo, Blue Eco Line ha desarrollado River eye, un sistema de monitoreo que utiliza cámaras de alta resolución y redes neuronales para identificar y clasificar los residuos flotantes, proporcionando a entidades públicas y gestores de cuencas hidrográficas datos útiles para mapear las áreas más críticas y planificar intervenciones dirigidas. Un cambio de perspectiva importante: el mar no se protege solo limpiando playas o recogiendo plástico en mar abierto, sino actuando aguas arriba, conectando ciudades, territorios y océanos en un único sistema.

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