PinkRoad impulsa compartir las calles para que la ciudad se viva con más libertad

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Por Javier Martínez

Mujeres que se ponen en contacto entre sí, se encuentran en la ciudad y recorren trayectos juntas para sentirse más seguras: esa es la idea detrás de PinkRoad.

En 2024, menos de la mitad de las mujeres se declaraba muy o bastante segura al caminar sola de noche por el área donde vive. Solo el 45,7 por ciento de las mujeres manifestaba esa seguridad, frente al 68,3 por ciento de los hombres, según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (Istat) referidas a la población de 14 años en adelante. El primer informe Univ‑Censis “La seguridad fuera de casa”, presentado en mayo de 2025 y elaborado sobre una muestra de mil personas adultas, añade otro dato relevante: el 67,3 por ciento de las mujeres declara sentir miedo al volver a casa por la noche. Son indicadores sobre la percepción de inseguridad, que no deben confundirse con las estadísticas de delitos, pero que ayudan a entender cómo se vive el espacio urbano.

Conjuntamente, estas cifras muestran una brecha en la manera de habitar el espacio público: una misma calle puede ser un trayecto cómodo o un tramo a evitar, según quién la cruce y en qué momento. Una parada lejana, un tramo poco transitado o el horario del último autobús pueden convertirse en variables determinantes al planear una salida. La cartografía mental de la ciudad también se construye así, mediante valoraciones previas al desplazamiento que pueden modificarlo. Para una mujer, decidir si asistir a una clase nocturna o alargar la jornada después del trabajo muchas veces implica considerar, ante todo, cómo volver a casa. La cuestión afecta, por tanto, a las oportunidades de estudio, empleo y vida social que un espacio urbano hace realmente accesibles.

Es en ese marco que nace la propuesta de PinkRoad, una plataforma pensada para mujeres que facilita encontrarse y recorrer juntas tramos que, de otro modo, se harían en solitario. La meta es proporcionar una herramienta para desplazarse con mayor tranquilidad, conectando a personas que comparten una necesidad cotidiana.

Cómo funciona PinkRoad

Pongamos un ejemplo habitual para muchas: una clase nocturna que termina a las 22:00, la parada del autobús a diez minutos andando y la última salida disponible dentro de media hora. Con PinkRoad se puede abrir la aplicación, disponible tanto para Android como para iOS, comprobar si hay otra usuaria en las inmediaciones que vaya en una dirección compatible y proponer recorrer juntas ese tramo. No hace falta que ambas vayan exactamente al mismo destino: pueden acompañarse durante una parte del trayecto y luego separarse hacia rumbos distintos. La posibilidad de encontrar compañía depende, por supuesto, de la presencia de otras usuarias y de la compatibilidad de las rutas.

Mujeres consultando una aplicación móvil antes de caminar juntas
La app de PinkRoad permite encontrar compañeras de trayecto en tiempo real.

Para utilizar el servicio es obligatoria una inscripción con verificación de identidad: el sistema, desarrollado con el socio Cyberneid —empresa especializada en soluciones de autenticación digital— incluye el control del documento y la comprobación facial, un proceso ideado para confirmar que las personas con las que se conecta una usuaria son efectivamente quienes dicen ser.

 

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Además, la aplicación incluye un sistema de valoraciones entre las participantes y una función para iniciar rápidamente una llamada al 112, con el envío automático de mensajes a los contactos de emergencia configurados: en caso de necesidad, así es posible pedir ayuda y avisar a las personas de referencia. Geolocalización, chat, reseñas y llamada de emergencia son servicios gratuitos que ofrece PinkRoad, y está prevista también una versión premium con prestaciones adicionales. Entre las mejoras en estudio figura la posibilidad de reservar taxis desde la app y el inicio de colaboraciones con servicios de car‑sharing.

Los PinkStop, puntos de referencia en el territorio

Desde lo digital, la red se extiende también al espacio físico de la ciudad mediante los PinkStop, es decir, comercios, tiendas, restaurantes y espacios sociales que se suman al proyecto como puntos de encuentro, salida o refugio. Un PinkStop puede ser el lugar donde esperar a la compañera de trayecto y reconocerse antes de iniciar la marcha: según explica la startup, el personal conoce la iniciativa y puede actuar como referente ante una situación de malestar. La adhesión a la red es gratuita y los locales adheridos y sus horarios, que conviene comprobar antes de organizar el recorrido, aparecen consignados en la web. Esta participación aporta una dimensión territorial a la plataforma: los negocios de barrio pasan a formar parte del proyecto, ofreciendo a las usuarias lugares identificables para encontrarse.

Parada señalizada en la calle usada como punto de referencia seguro
Los PinkStop actúan como puntos físicos de referencia en la ciudad.

También las empresas pueden aportar su granito de arena

La seguridad de las mujeres en los espacios públicos también compete a las empresas: por ello PinkRoad está desarrollando un programa de colaboraciones dirigido precisamente a ellas. Las alianzas pueden adoptar diversas formas, desde el apoyo al crecimiento de la comunidad y la red de PinkStop, hasta la organización de campañas de sensibilización y encuentros informativos, pasando por proyectos orientados al bienestar de las trabajadoras y a la movilidad, con especial atención a quienes trabajan por turnos o se desplazan en las franjas vespertinas y nocturnas. PinkRoad acompaña además a las organizaciones en la puesta en marcha de iniciativas vinculadas al bienestar laboral, la igualdad de género y la responsabilidad social, ofreciendo la posibilidad de realizar análisis y proyectos centrados en la movilidad femenina y en la seguridad percibida en los espacios públicos.

 

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