Prepárate: lo que ocurre en tu cerebro justo antes de morir quizá no tenga nada que ver con la famosa luz al final del túnel, pero te va a dejar, como mínimo, sin palabras (aunque sólo sea por razones fisiológicas). Un viaje sorprendente al crepúsculo entre la vida y la muerte, de la mano de las ondas cerebrales que podrían transformarlo todo en la medicina de emergencia.
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El descubrimiento que sacude los cimientos: las ondas de la muerte (y de la reanimación)
El profesor de neurociencias en la Universidad de la Sorbona, Stéphane Charpier, no sólo dirige un equipo de investigación en el Instituto del Cerebro de París (Inserm), sino que también es el autor de La Science de la résurrection. Sus investigaciones han dado con todo un repertorio de señales eléctricas, específicamente ondas electromagnéticas, generadas por el cerebro en los momentos próximos al fallecimiento y durante la reanimación. Fascinante, ¿no?
Charpier va a presentar este tema tan inquietante e intrigante en el Paris-Saclay Summit. ¿La estrella del evento? Nada menos que las «ondas de la muerte» y las «ondas de la reanimación», dos fenómenos eléctricos cerebrales identificados en sus experimentos (principalmente en roedores, por el momento).
El proceso de morir: ni tan instantáneo, ni tan simple
No se trata de un interruptor de luz: la transición entre la vida y la muerte no sucede de golpe, como si el cerebro apagara su interruptor y ¡pum!, fuera todo negro. Según Charpier y su equipo, es un proceso progresivo que dura varios minutos, una zona crepuscular donde la actividad cerebral se va extinguiendo poco a poco.
- Al inicio, el cerebro experimenta un aumento de actividad eléctrica, algo parecido al canto del cisne de las neuronas. Algunos científicos creen que aquí podría estar el origen de las famosas experiencias cercanas a la muerte.
- Después, la actividad disminuye y finalmente desaparece por completo, en una coreografía eléctrica que culmina con la aparición de la llamada onda de la muerte.
Paradójicamente, esta «onda de la muerte» se bautizó así porque se pensaba, erróneamente, que marcaba el último respiro (o chisporroteo) de los circuitos cerebrales, el suspiro final de las neuronas. Charpier, motivado por la duda, estudió el fenómeno bloqueando en roedores el aporte de sangre oxigenada al cerebro (mismo escenario que tras un paro cardíaco). La reanimación posterior permitió analizar con precisión qué pasaba antes y después del regreso a la vida.
Un vaivén eléctrico: lo que revelan las ondas
El equipo de Charpier logró demostrar que la famosa «onda de la muerte» aparece cuando, ante la falta de oxígeno, ciertas moléculas dejan de funcionar y los circuitos neuronales pierden su capacidad para mantener la diferencia de voltaje entre el interior y el exterior. Se crea así una corriente letal, el último susurro eléctrico del cerebro. ¿Romántico o terrorífico? Tú decides.
Pero aquí viene el milagro eléctrico: cuando la reanimación funciona y el aporte de oxígeno se restablece de forma efectiva, aparece otra onda, bautizada nada menos que «onda de la reanimación». Cada vez que el cerebro recupera su funcionamiento normal, esta onda se presenta y señala que la actividad cerebral se restablecerá en un 100% de los casos. Si la ves, puedes apostar a ganador: los circuitos cerebrales regresarán y las neuronas reconstruirán su voltaje anterior.
¿La clave? Si la onda de reanimación no aparece, aunque el corazón vuelva a latir, el cerebro no arrancará. Y sí, también puede pasar que el corazón palpite mientras el cerebro está apagado: se trata del tristemente célebre estado de «cadáver con corazón latiendo», donde los órganos funcionan, pero el cerebro ya no.
Aplicaciones, utopías y un futuro en juego
Todo esto puede parecer digno de un capítulo de ciencia ficción, pero es una realidad científica con grandes repercusiones. Cuando se reanima a una persona tras un paro cardiorrespiratorio, muchas veces el cerebro ya está demasiado dañado por la ausencia de oxígeno. Aunque el corazón se reactive, con frecuencia el paciente queda con graves secuelas neurológicas o, peor aún, en muerte cerebral.
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- Hoy en día, el diagnóstico inmediato se basa únicamente en los parámetros cardíacos y circulatorios.
- No hay datos en tiempo real sobre el estado real del cerebro durante la reanimación.
Así que, ahora mismo, el objetivo es identificar marcadores precoces para saber si el cerebro podrá recuperarse y en qué estado lo hará. Este es un problema de salud pública crucial, pues de ello depende un pronóstico preciso a corto, medio y largo plazo. Por ahora, la ciencia puede afirmar que, al menos en roedores, la reaparición de la onda de reanimación es un predictor infalible: sin ella, el cerebro no vuelve a funcionar, incluso si late el corazón. ¿Será igual en humanos? Aún hay que demostrarlo.
Monitorizar en tiempo real tanto funciones cardiovasculares como cerebrales podría revolucionar el manejo clínico del paciente crítico. Así, médicos y familiares tendrían un diagnóstico mucho más preciso y rápido sobre el destino neurológico tras la reanimación. Como ves, el futuro de la ciencia (y, con un poco de suerte, el tuyo) está electrizante.
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Manuel Sánchez es un periodista curioso por naturaleza, especializado en historias insólitas, datos sorprendentes y esas noticias que pocos se atreven a contar. Explora lo extraño, lo viral y lo inesperado con una mirada aguda y entretenida. Con estilo dinámico y siempre bien informado, le descubre los hechos más comentados… antes de que se hagan virales.
manuel.sanchez@hdnh.es