¿Por qué los adolescentes dejan de escuchar a sus padres dès 13 años?

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Por Manuel Sánchez

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Si creías que la adolescencia venía sin manual de instrucciones, ¡bienvenido al club! Te prometemos que, después de leer esto, entenderás por qué los adolescentes parecen tener tapones invisibles en los oídos cuando sus padres les hablan a partir de los 13 años. Spoiler: no es culpa de nadie, ni de la música demasiado alta ni de los genes rebeldes. En realidad, todo es culpa (o mérito) del cerebro…

Un estudio serio y bastante curioso: el cerebro adolescente bajo la lupa

Desde Estados Unidos, más precisamente desde la prestigiosa Universidad de Stanford en California, llega un estudio que ha puesto patas arriba las ideas preconcebidas sobre los adolescentes y esa misteriosa ruptura comunicativa en la pubertad. Durante años, un equipo de neurocientíficos ha observado las cabecitas doradas de 46 chic@s de entre 7 y 16 años, investigando qué sucede, a nivel neuronal, cuando escuchan la voz de su madre. ¿El objetivo? Comprender los cambios de comportamiento a esa edad ingrata (sí, esa en la que todo lo familiar pasa a ser objeto de eye roll).

¿Qué hicieron exactamente en este experimento?

  • Reclutaron 46 adolescentes y preadolescentes junto con sus madres.
  • Grabaron la voz de las madres para luego hacer escuchar esos audios a los chavales.
  • Midieron la actividad neuronal relacionada con la escucha de esas voces maternas utilizando técnicas como la resonancia magnética cerebral (IRM, para los amigos de las siglas).

Esta experiencia se llevó a cabo durante varios años y fue publicada en el serio Journal of Neuroscience. No estamos hablando del boletín del colegio, ¿eh? Aquí la ciencia va en serio.

De la infancia al «planeta adolescencia»: lo que cambia (¡y cómo!)

Hasta ahora, la explicación habitual venía de la sociología: crecemos, conocemos gente, nos emancipamos poco a poco, nos montamos nuestra propia tribu… Pero, ¡plot twist!: resulta que no es solo una cuestión de entorno o rebeldía existencial. Según descubrió este equipo de Stanford, hasta los 12 años, la voz de la madre es el santo grial para nuestro cerebro: genera una intensa activación neuronal, casi como si fuese una alarma (pero de las buenas).

Durante el estudio, bastaba que los niños escucharan a mamá para que se encendieran todas las luces en sus cerebros. Pero… a partir de los 13 años, dice adiós a la magia: esa respuesta neuronal se desploma. ¿Por qué? Porque a esa edad, lo que estimula con verdadera intensidad el cerebro de los adolescentes… son otras voces, principalmente no familiares. De repente, los amigos, las nuevas conexiones y todas esas novedades sociales toman las riendas y ocupan el espacio que antes era exclusivo de mamá (y, seamos sinceros, también de papá, aunque aquí solo grabaron a las madres).

  • Voces no familiares se convierten en el gran estímulo neuronal.
  • El entorno social cobra una importancia creciente para el cerebro.
  • El «cambio de chip» no ocurre exactamente el día de tu 13 cumpleaños. Puede ser antes, después, ¡o nunca, si eres un Tanguy!

¿Y si mi adolescente ha cambiado de canal para siempre?

Tranquilo, no te lo tomes como algo personal. La desconexión, ese famoso «no me escuchas nunca más», no significa que tu hij@ haya dejado de quererte, ni que la familia haya caducado como un yogur olvidado en la nevera. Lo que pasa es que su cerebro, literalmente, cambia de estación en la radio: comienza a sintonizar el mundo exterior y a darle prioridad a las nuevas relaciones y experiencias. Es una etapa normal, natural y absolutamente fundamental para el desarrollo.

Aunque, ojo, todo esto es una media general: el famoso «cambio de chip» puede producirse antes o después, dependiendo de factores como el contexto familiar, las actividades extraescolares, la educación y el entorno social. Hay adolescentes que tardan más o menos, y sí, existen esos raros ejemplares que siguen en casa hasta bien entrados los treinta (cariñosamente llamados «Tanguy»).

En resumen, seas padre, madre, adolescente o simplemente espectador divertido, ¡no desesperes! No es una batalla perdida, ni una catástrofe hormonal. Es simplemente el maravilloso y complicado proceso del cerebro humano. Así que, la próxima vez que tu adolescente te ignore como si fueras un fantasma, recuerda: su cerebro está haciendo exactamente lo que le toca. Solo eso… ¡y nada más!

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