Lo que nadie te cuenta: el lado oscuro ecológico de ChatGPT revelado

Foto del autor

Por Manuel Sánchez

¿Habías pensado alguna vez que cada vez que chateas con ChatGPT podrías estar «bebiendo» medio litro de agua… pero sin sed y en un universo digital? Así de insólito y preocupante es el lado oculto de la inteligencia artificial generativa. Detrás del brillo tecnológico y las plantas verdes bien acomodadas en las oficinas, se esconde un gasto ecológico titánico: emisiones, consumo de energía y, cómo no, un derroche de agua tan invisible como esencial. ¿Listo para ver el reverso ambiental del chatbot estrella?

El gran tabú: la huella climática de la IA

La irrupción de ChatGPT y otras inteligencias artificiales generativas se promociona como el salto tecnológico más significativo desde Internet. Sin embargo, si miras debajo del capó, te encuentras con un silencio casi absoluto sobre el coste ambiental que supone hacer funcionar a estos robots conversacionales. Hablar de recursos necesarios, emisiones o consumos parece ser el verdadero tabú entre los gigantes tecnológicos.

OpenAI, la empresa estadounidense detrás de ChatGPT, se presenta como una abanderada del progreso responsable y presume de revisar con lupa su impacto. Pero a la hora de la verdad, cuando se le pregunta –como hizo el medio francés «L’Obs»–, esquiva las respuestas con una destreza digna de político en campaña. ¿Detalles sobre su impacto ecológico? Nada de nada. Cuando preguntan al propio ChatGPT, el discurso es: «Todo depende de cómo se use, los datos precisos varían según la infraestructura». Lo mismo ocurre en sus foros: respuestas vagas sobre las emisiones de CO2 y ninguna cifra clara.

Unas cifras que cortan la respiración… y que no salen de OpenAI

Si queremos datos, hay que acudir a estudios independientes. Y lo que encontramos no invita al optimismo:

  • Un solo modelo de IA puede generar tanto CO2 como cinco coches a lo largo de toda su vida útil, según el “MIT Technology Review”.
  • Para el entrenamiento de la tercera versión de ChatGPT, la Universidad de California calculó un uso de 1.287 MWh de electricidad, con 552 toneladas de CO2 emitido. Es más que 205 vuelos de ida y vuelta París-Nueva York.
  • Solo en uso diario, ChatGPT suma unos 23,04 kg de CO2 al día: casi 8,4 toneladas al año. El equivalente a seis años de calefacción eléctrica de una casa de 100 m2 en Francia.

El panorama se agrava si añadimos el efecto multiplicador que tendrán los centros de datos (data centers). Ya responsables de cerca del 1 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero –una cifra similar a la de todo el transporte aéreo o Brasil–, estos templos del almacenamiento digital podrían llegar a suponer hasta el 14 % de las emisiones globales en 2040, empujados por la fiebre de las IA generativas.

El agua: el ingrediente inesperado y desbordante

Pero si hablamos de consumo oculto y alarmante, la protagonista de este capítulo es el agua dulce. Para entrenar la tercera versión de ChatGPT se usaron 700.000 litros: una piscina olímpica de datos sedientos. Y no es solo el entrenamiento: por cada intercambio de entre 20 y 50 preguntas-respuestas, es decir, por cada conversación más bien normalita, se consumen 500 ml de agua. ¿Te suena esa cantidad? Exacto: una botellita estándar, de las que puedes encontrar en la máquina expendedora. Ahora multiplica eso por los 60 millones de usuarios diarios. Vértigo ecológico, ¿verdad?

La situación se nota hasta en los gigantes del sector. Desde el año pasado, cuando empezó a alojar la infraestructura de OpenAI, Microsoft vio subir en un tercio el consumo de agua en sus data centers. Google tampoco se queda atrás: el lanzamiento de su IA Bard supuso un 20 % más de gasto hídrico.

¿Y ahora qué? Transparencia antes que culpabilidad individual

Frente a este panorama, cabe preguntarse: ¿Hay que dejar las IAs de lado de inmediato? Sasha Luccioni, responsable de clima en la plataforma de desarrollo de IA Hugging Face, lo tiene claro: «Para nada. No es siempre el usuario quien debe cargar con la responsabilidad máxima. Lo fundamental es exigir transparencia a las empresas. Y luego, actuar en consecuencia».

  • Exigir información sobre ubicación de servidores, consumo de agua y energía, y tipo de hardware utilizado.
  • Saber si los modelos funcionan en paralelo y cuál es su huella combinada.
  • Presionar para que los compromisos de neutralidad de carbono no queden en promesas vacías.

La próxima vez que abras ChatGPT, recuerda que tu pregunta también pone a prueba los límites, no solo del conocimiento, sino del planeta. No se trata de demonizar la tecnología, sino de pedir cuentas claras a quienes la desarrollan. La transparencia, aquí, no es una opción: es el verdadero algoritmo ecológico que necesitamos.

Artículos similares

Califica este artículo

Deja un comentario

Share to...