El Pentágono se lanza contra una serie: la razón que nadie esperaba

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Por Manuel Sánchez

El Pentágono en pie de guerra contra… ¡una serie de Netflix! Sí, lo que le quita el sueño a Kingsley Wilson, portavoz del Pentágono, no son amenazas nucleares ni informes ultrasecretos, sino una producción que coloca frente al espejo a las fuerzas armadas estadounidenses. ¿Por qué tanta polémica? Bienvenidos a la trinchera de “Reclutas”.

Netflix y la serie que incomoda a los poderosos

  • Desde hace sólo diez días, Netflix apuesta por “Reclutas”, un drama militar que se ha ganado tantos fans como detractores.
  • Lo peculiar: su protagonista, Cameron Cope (Miles Heizer), es un joven homosexual, delgaducho, bastante alejado del típico soldado musculado hollywoodense. Y lo curioso es que ni siquiera intenta disimular su incomodidad ante lo que ve mientras se forma para ser parte de la Marina.
  • ¿El resultado? El pobre Kingsley Wilson parece no pegar ojo. Según él, la serie es «basura woke» y contiene una agenda ideológica que, por supuesto, pone en tela de juicio los sacrosantos estándares militares.

Orígenes y contexto: un espejo nada cómodo

“Reclutas” se basa en las memorias “The Pink Marine” de Greg Cope White, quien ingresó al ejército en los años 70. Sin embargo, el creador de la serie, Andy Parker, decidió trasladar la acción a 1990, cuando la homofobia era la norma explícita y la inclusión estaba lejos de los cuarteles.

El reparto, además de diverso, refleja todas las tensiones: el personaje de Cope lidia con una prohibición absoluta sobre la homosexualidad en las fuerzas armadas; los reclutas no caucásicos soportan ataques racistas sin pausa y los sargentos, como Sullivan (Max Parker), parecen tener una dieta de gritos y brutalidad. La presión psicológica y física es tal que hasta las piernas de cerilla del protagonista se ponen a temblar.

Cuando la ficción incomoda a todos

Lejos de ser un panfleto, “Reclutas” no ahorra en incomodidades para ningún bando ideológico. Pone en cuestión la masculinidad tóxica, la homofobia, el racismo y ese machismo implícito que respiran los pasillos del ejército, abordando especialmente la época en que estaba prohibido, directamente, ser homosexual en la fuerzas armadas.

Y, si alguien piensa que la serie sólo molesta al Pentágono o a sus defensores más férreos, se equivoca. También interroga al público progresista. Porque, aunque el protagonista desafía a sus superiores y busca su identidad, lo hace dentro de un entorno militar que no para de recordarle las reglas de la violencia ultramasculina. ¿De verdad legitima la serie ese proceso sólo porque, al final, los reclutas descubren el valor de la amistad?

  • ¿Es admisible someter a jóvenes a abusos bajo la excusa de prepararlos para sobrevivir en un territorio hostil?
  • ¿La camaradería compensa los traumas?
  • ¿Critica o defiende lo que, en principio, parece atacar?

Son estos matices -ni completamente drama, ni simple comedia, pero siempre con tensión y reflexión- los que convierten “Reclutas” en una de las apuestas más estimulantes de Netflix este año.

La doble vara y la masculinidad frágil

Las recientes declaraciones de Wilson dejan clara una cosa: para algunos, decir que el ejército tiene problemas estructurales es poco menos que alta traición. El mismo portavoz que afirma que “al peso de una mochila o de un ser humano no le importa si eres hombre, mujer, gay o heterosexual”, olvida (¿por despiste?) que desde mayo está prohibido el alistamiento de personas transexuales. ¿No pesan igual las mochilas para ellos?

Y ahí está la ironía sangrante: mientras Wilson y la administración Trump dicen defender el «espíritu guerrero» de las fuerzas armadas, lo que realmente se muestra es una masculinidad tan frágil que tiembla ante una serie de Netflix protagonizada por reclutas homosexuales, asiáticos o afroamericanos. Es más, sus palabras sugieren cierta incomodidad cuando se asocia al ejército con “maricones, chinos y negros”.

No podemos olvidar que en 1994 Bill Clinton instauró la política “Don’t ask, don’t tell”—permitía a personas homosexuales y bisexuales servir en las fuerzas armadas, siempre y cuando permanecieran en el armario. Fue recién en 2011, ya con Barack Obama, cuando se permitió que los militares vivieran su sexualidad abiertamente.

Quizá lo que le molesta a Wilson no es tanto la serie como el reflejo que devuelve: que, a veces, el supuesto “espíritu guerrero” no se basa en fuerza ni coraje, sino en mucho miedo al cambio.

En conclusión: “Reclutas” no deja indiferente a nadie. Si buscas una serie plana y simple, mejor cambia de canal. Pero si te animas a explorar las contradicciones, tensiones e ironías de la vida castrense (¡con un toque de drama, comedia y piernas de cerilla!), tienes cita obligada en Netflix. Y a los amantes del “espíritu guerrero”… que no teman, que al final de cuentas, el peso de una mochila nunca preguntó por tu identidad.

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