Mansa Musa, el hombre más rico de la historia

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Cuando pensamos en la persona más rica de la historia, la mayoría de las veces nos viene a la cabeza los magnates de la era moderna, como los Rothschild, Rockefeller o Carnegies. Tal vez algunos también nombrarían a multimillonarios más actuales como Bill Gates, Carlos Slim, Amancio Ortega o los muchos jeques árabes ricos. Sin embargo, la persona más rica de toda la historia fue un gobernante maliense llamado Mansa Musa.

Mansa es un título (‘sultán’ o ‘emperador’). Nacido en la década de 1280 d.C., Mansa Musa amplió el Imperio de Malí al conquistar 24 ciudades y grandes extensiones de tierras. Para cuando murió alrededor de 1337, había acumulado una fortuna disparatada. Ajustada a la inflación, habría tenido unos 450 mil millones de euros.

La riqueza combinada de la familia Rothschild “sólo” es de 350.000 millones de dólares. JD Rockefeller 340.000; Andrew Carnegie 310.000; Muammar Gaddafi 200.000; Bill Gates 86.000; Carlos Slim 77.000; Amancio Ortega 72.000; Mark Zuckerberg 32.000… En otras palabras, ninguno de ellos se acerca al patrimonio neto de este rey africano.

Mansa Musa construyó su fortuna gracias a las minas de oro y sal de África Occidental. El Imperio de Mali fue fundado a partir de los restos del Imperio Ghanés. En su apogeo, bajo el reinado de Musa I, se extendía a través de África Occidental desde el Océano Atlántico hasta Tombuctú, incluyendo parte de los actuales Chad, Costa de Marfil, Gambia, Guinea, Guinea-Bissau, Malí, Mauritania, Níger y Nigeria y Senegal -un imperio de más de 2.500 km de largo-.

Además de incorporar muchas ciudades bajo su reinado directo, especialmente Tombuctú y Gao, Mansa Musa recaudó tributo de muchos otros. Mientras Europa luchaba por sobrevivir a los demonios del hambre, la peste y las guerras aristocráticas, los reinos africanos prosperaban.

La riqueza de Mansa Musa I era sólo una parte de su legado. Controlaba las importantes rutas comerciales entre el Mediterráneo y la costa oeste africana, y estableció la ciudad de Tombuctú como centro para la cultura y el aprendizaje islámico. Pagó a un arquitecto andaluz 200kg de oro para que construyese la Mezquita Djinguereber, que todavía se mantiene hoy. También estableció la Universidad de Tombuctú para atraer a académicos y artistas de todo el mundo islámico.

Musa llamó la atención del mundo en 1324 cuando hizo el hajj, la peregrinación musulmana a La Meca. En su libro “Crónica de un viajero”, el estudioso musulmán Mahmud Kati relató aquella epopeya.

La peregrinación de 5.000 km a La Meca fue una exhibición extravagante de la riqueza que incluso atrapó la atención de los europeos distraídos. La caravana era enorme. Los cronistas describen un séquito de decenas de miles de soldados, civiles y esclavos, personal vestidos de oro y sedas finas, y muchos camellos y caballos cargados de lingotes.

Se permitió el lujo de ir construyendo mezquitas a lo largo del camino: Dukurey, Gundam, Direy, Wanko, y Bako. Muchas de ellas todavía siguen en pie. Se dice que cuando llegó a la famosa ciudad de Alejandría, gastó tanto dinero -dando oro a los pobres, comprando comida para su séquito y souvenirs para llevar a casa- que causó una inflación desbocada de la que tardó la ciudad años en recuperarse. El dinero por castigo que diríamos hoy…

Comentarios2 comentarios

    • Félix Casanova

      Correcto, si hay algo cierto en esta vida es que no nos llevamos ni el mechero al otro mundo…
      Saludos, Cayetano

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