En pocas palabras: las guerras del Opio

Las guerras del opio fueron dos conflictos en el segundo tercio del siglo XIX entre China y Gran Bretaña (y posteriormente Francia) que comenzaron por los intentos de los chinos de detener la entrada de opio procedente de la India en su país.

¿Qué es exactamente el opio?
El opio es una droga altamente adictiva que se extrae de la amapola. Además de ser utilizado como medicamento, también ha sido una sustancia “recreativa” muy popular. Por la década de 1830, millones de chinos se engancharon al opio, causando un daño significativo a la salud y la productividad de la nación. Gran parte del opio que los chinos fumaban había sido importado por los británicos.

¿Por qué los británicos exportaban la droga a China?
En aquellos tiempos había una gran demanda en Gran Bretaña de productos chinos como la porcelana y el té, pero los chinos no querían comerciar a cambio de productos británicos. En su lugar, exigieron cobrar en plata. En lugar de permitir que se menguaran las reservas de plata del país, algunos emprendedores comerciantes británicos adoptaron una solución diferente.

Tomaron el opio cultivado en la India (que entonces estaba bajo el control británico) y lo importaron a China, insistiendo en que fuera aceptado como moneda de cambio. Aunque la importación de opio era ilegal, los funcionarios chinos corruptos permitieron que esto se llevara a cabo a gran escala.

¿Cómo llevó esto a la guerra?
En 1839, el gobierno chino decidió acabar con el contrabando. Se procedió a la incautación de grandes cantidades de opio de los comerciantes británicos en el puerto chino de Cantón, que era la única parte del país donde a los europeos se les permitía hacer intercambios. Los comerciantes indignados presionaron al gobierno británico. Gran Bretaña había esperado durante mucho tiempo para aumentar su influencia en China, y esto parecía una oportunidad perfecta para lograr ese objetivo.

Una flota naval británica llegó en junio de 1840, atacando a lo largo de toda la costa china. Con una inferior tecnología militar, los chinos no pudieron con los británicos y, tras una serie de derrotas militares accedieron a firmar humillantes condiciones de paz. Estas estipulaban que China debía pagar una gran multa a Gran Bretaña, abrir otros cinco puertos al comercio exterior, dar a los británicos un contrato de arrendamiento de 99 años por la isla de Hong Kong y ofrecer a los ciudadanos británicos derechos legales especiales en China. Unas condiciones humillantes y desastrosas para aquella gran nación.

Esa fue la primera guerra del opio. ¿Cómo ocurrió la segunda?
Con China humillada y Gran Bretaña en busca de mayores ganancias, la situación seguía siendo tensa. La chispa para el segundo conflicto se produjo en 1856 cuando los agentes chinos buscaron un barco de su propiedad (pero registrado como británico) y bajaron la bandera británica. En respuesta a esta afrenta, los británicos enviaron de nuevo una expedición militar, aunque esta vez con el apoyo de los franceses, que también tenían aspiraciones en China y protestaban por el asesinato de uno de sus misioneros en el país.

Al igual que antes, las potencias europeas eran más fuertes que los chinos. Se llegó a un acuerdo de paz en 1858, pero al año siguiente, China rompió el acuerdo. Esto condujo, en 1860, a la llegada de una fuerza anglo-francesa aún mayor, que irrumpió en Beijing. Para octubre, los chinos se vieron obligados a aceptar los términos de las potencias extranjeras para mantener diplomáticos en Beijing y la legalización del comercio de opio.

guerra del opio chinos fumando¿Cuál fue el legado de las guerras del opio?
En Gran Bretaña se consideran como una anécdota en su historia, aunque el país retuvo el control de Hong Kong hasta el año 1997. Para China, el impacto fue más dramático. Las derrotas militares debilitaron la dinastía Qing que estaba gobernando el país, mientras que los nuevos tratados significaron que China se abriera a una mayor influencia extranjera.

Esto ha sido descrito por los chinos como un siglo de “humillación nacional” que sólo llegó a su fin con la toma del poder del partido comunista en 1949.

Charles Dickens y la mala conciencia de la Inglaterra victoriana

Por sus libros, pero también por el teatro y el cine, la obra de Charles Dickens capturó la imaginación de todos los niños y mayores del mundo. Fue testimonio de los aspectos más oscuros de la revolución industrial y el capitalismo naciente.

Charles Dickens, que experimentó de primera mano la dureza de las condiciones de trabajo, no dejó de luchar contra la injusticia. Perdió su salud y la vida en esta batalla, pero ganó la estima eterna de sus conciudadanos.

El sueño de Dickens (sin terminar, la acuarela del ilustrador Robert Buss, hecha en 1870) Charles Dickens Museum, Londres

El sueño de Dickens (sin terminar, la acuarela del ilustrador Robert Buss, hecha en 1870) Charles Dickens Museum, Londres

Una infancia tortuosa

El futuro novelista nació en Portsmouth, sur de Inglaterra, el 7 de febrero de 1812. Era el más joven de ocho hermanos. Su padre John, un funcionario del Ministerio de marina, era un hombre jovial pero imprevisible. Eran momentos de felicidad en aquel hogar.

Todo se estropeó cuando Charles llegó a la edad de diez años. La familia se trasladó a Londres, donde el padre pronto se metió en dificultades financieras. Así que el joven tuvo que ponerse a trabajar en una fábrica de betún cercana a su casa. Por unos pocos chelines al mes, pegaba las etiquetas en las cajas de sol a sol.

En Londres, una metrópolis poco saludable con un millón de personas, poca compasión se esperaba de las autoridades. No pudo pagar la deuda reclamada por un panadero y John Dickens se vio condenado a prisión. Charles, siguió trabajando en la planta de betún.

charles-dickens-fotoDespués de meses de penurias, John es liberado y encuentra un modesto jornal. Su esposa no quería perder el sueldo de su hijo menor y le exigió que siguiera en aquel duro trabajo. El recuerdo de aquella traición materna perseguiría para siempre el escritor.

Finalmente, su padre se impuso e inscribió en la escuela a Charles, quien cayó con pasión en los estudios y las lecturas. Esto dio sus frutos ya que a los quince años comenzó a trabajar como empleado en el estudio de un abogado.

Consciente de sus habilidades para la escritura, comenzó a publicar artículos en revistas políticas. Bajo el seudónimo de Boz, también publicó muchas pequeñas historias en folletines populares, sin dejar de frecuentar los teatros, la gran pasión de su vida.

Su otra pasión era María, con la que se comprometió en secreto a los diecisiete años. Se convirtió en periodista parlamentario en 1832, creyendo así que podría hacer una propuesta de matrimonio en firme al padre de su amada, un rico banquero, pero fue rechazado sin contemplaciones.

Y es que a aquel joven humillado y con más penas que alegrías llamado Charles Dickens le sirvió todo esto para más tarde obtener material para una novela autobiográfica en gran parte, David Copperfield (1849); la infeliz infancia será el tema central de toda su obra.

La venganza del novelista

Mientras tanto, los cuentos del joven llamaron la atención de un editor. Le invitó a prestar su pluma a un artista de renombre para ilustrar las aventuras de Mr. Pickwick, que se publicaría en forma serial. Este género era muy popular en los periódicos en Inglaterra y Francia (también en España aunque en menor medida), ya que les permitía fidelizar a sus lectores.

Con esta publicación, Dickens conoció a sus 24 años el éxito. Obtuvo la mano de Catherine Hogarth, hija de su editor. La pareja se estableció en una casa confortable en 48 Doughty Street, en el barrio Bloomsbury de Londres, y el primero de sus diez hijos nacería.

Con su primera gran novela, Oliver Twist (1838), Charles Dickens consigue la fama total y surge como testigo de las costumbres crueles de su tiempo, cuando los empresarios codiciosos explotaban a los necesitados que acudían a las ciudades ante la miseria del campo.

Un sastre en Londres (grabado de Gustave Doré, 1872)

Un sastre en Londres (grabado de Gustave Doré, 1872)

La pasión del activista

Para la aristocrática Inglaterra puritana, la pobreza era sinónimo de depravación: alcoholismo, robo, ignorancia… Tiene que ser tratada con firmeza. Se aprobó en 1834 una ley para los pobres, la “ley de maleantes”, que eliminaba la ayuda a los necesitados. Se establecieron en las “casas de trabajo” que no eran más que prisiones para los relegados vagabundos y pobres, los más invisibles de aquella sociedad. Existían, pero no querían verlos…

En Oliver Twist, como en sus últimos escritos, Charles Dickens denuncia estos abusos y la codicia de los financieros. En 1842 se establece una ley que finalmente regula el trabajo nocturno de las mujeres y los niños.

El mismo año, en un largo viaje a los Estados Unidos, el autor da cuenta de que los pobres están mucho mejor tratados en ese lado del Atlántico, y no duda en escribirlo.

Se pronunció en contra de la pena de muerte en 1849 y al año siguiente fundó el periódico Palabras del hogar para promover sus ideas a favor de la vivienda de los trabajadores, la educación popular y la protección del niño. También creó una compañía de teatro.

Si bien es apreciado por Karl Marx y Friedrich Engels, Dickens lleva más lejos su socialismo revolucionario. Está más cerca de la evangelización de León Tolstoi y Fiódor Dostoievski. Por sus novelas donde la crueldad social se ve atenuada por el apetito de los personajes que la forman, sino también porque se aproxima a su contemporáneo Eugène Sue, autor de Los misterios de París (1842).

Sus últimos años estuvieron marcados por problemas familiares. Su esposa Catherine, cansada de reproches de la sociedad, lo abandonó en 1858. Se consoló con una actriz, pero pronto se dio cuenta de que su amor no era correspondido.

Rincón de los poetas en la Abadía de Westminster

Rincón de los poetas en la Abadía de Westminster

Molesto e iracundo, se dedicó con frenesí al trabajo, multiplicando las lecturas públicas de sus obras, y acabó muriendo de agotamiento el 9 de junio de 1870, prematuramente envejecido. El pueblo (sus lectores) consiguió que la reina Victoria diera su permiso para que fuese enterrado en el “Rincón de los Poetas” en la Abadía de Westminster, en el centro de Londres.

Imágenes: Charles Dickens Museum, Flickr, Wikimedia Commons

 

Pasen y vean, el maravilloso mundo del Circo

El hombre más fuerte del mundo, la mujer “barbuda”, el hombre más diminuto, la mujer simio, sirenas…, hoy vamos a hablar de la persona que acuño la frase “El mayor Espectáculo del Mundo”. Phineas Taylor Barnum exhibía todo lo que encontraba: personas, rarezas, animales exóticos. La Historia de todo un buscavidas de dudosa catadura moral.
Era un poco “mafioso”, todo hay que decirlo. Porque usaba mil y una técnicas para sacar los dólares a los incautos. Tenía a unos cuantos “secuaces” en la puerta del Circo que observaban las carteras. Si la cartera venía “abultadita”, le marcaban con una tiza el abrigo al incauto, y esa era la persona a seguir para sacarle todos los dólares posibles en las diferentes casetas donde se mostraban las atracciones. Barnum no tenía ningún tipo de escrúpulos, de hecho lo consideraban como el “príncipe de los charlatanes”.
Ya en sus orígenes P.T. Barnum apuntaba maneras. Era hijo de un tabernero y de pequeño empezó a desarrollar multitud de oficios. Mozo de labranza, Buhonero, Organizador de Loterías, Periodista (en nuestros días hubiera sido el inventor de la telebasura con toda seguridad), hasta que encontró el filón. Veía que con las profesiones que desarrollaba no hacía mucho dinero, y se dio cuenta que se podía hacer oro contratando y mostrando toda suerte de rarezas que él encontraba. Sus comienzos se basaron básicamente en la picaresca, y fue el “inventor” del concepto de friki, que hoy en día es tan común. Se dedicó a recorrer las ciudades exhibiendo lo que él daba en llamar su “Museo Americano”. Aquello era la cosa más rara que alguien se podía imaginar.
Aquel Museo Americano de sus inicios, hoy sería políticamente incorrecto, estaría prohibido totalmente, porque era un verdadero disparate. Básicamente era un “zoo humano” en el que iba mostrando a personas con malformaciones y problemas genéticos, y si no encontraba a alguien lo suficientemente raro, se lo inventaba directamente. Era un rufián de alto calado. Una de las atracciones se llamaba “El devorador de Pollos”. Imaginaos un cartel tremendo a la entrada de la caseta con ese lema. Todos pagaban sus centavos, entraban, y se daban cuenta de que dentro de la caseta solo había un señor comiendo pollo. Cuando los clientes iban a protestar por la tomadura de pelo, este les contestaba “no, no digan ustedes nada. Cuéntenselo a sus amigos, ya verán que risas, ya veran como pican…”. Y efectivamente, se lo contaban a los amigos, que pagaban su entrada y se partían de risa viendo como “picaban”. Y el Sr.Barnum aumentando su cuenta, así era el tipejo. Tenía un lema que decía “En este mundo cada minuto nace un tonto”.
Todo empezó en Nueva York, donde vivía con su esposa e hijos. Contactó un día con otro picaruelo como él que le contó que conocía a una anciana negra que se hacía pasar por ser la nodriza de George Washington (para que esto fuera cierto, la nodriza debía tener 161 años). Y coló. La exhibió por todo el país hasta que murió en 1836. Y al ver que la gente se creía semejante disparate, y que con ello ganaba dinero, comenzó a buscar por todos los sitios, y sin ningún tipo de escrúpulos. Los enanos más enanos, los forzudos más forzudos, los gigantes más gigantes, las bestias más exóticas, hasta que consiguió crear el American Museum, el precursor del Circo Barnum.
Una maqueta a escala de las Cataratas del Niagara, 100 hombres de raza negra con la piel blanca, la Sirena de las Islas Fidji, un Caballo lanudo, la Mujer Cañon, el Hombre Pez, la Mujer Barbuda… La gente acudía por miles a la máxima atracción a la que podía aspirar el norteamericano de la época. Aunque era un estafador de tomo y lomo, lo argumentaba de tal manera que nunca se podía decir que había engañado a nadie.

Este actor de cine mudo, figuró durante varios años como el hombre más alto del mundo, motivo por el que fue fichado por Barnum & Barleys

El caso de los siameses Chang y Eng Bunker (nacidos en Siam en 1811, de ahí el nombre que llegó hasta nuestros días) demuestra como era el mundo en la época. Algo que hoy en día nos provocaría un rechazo enorme, era muy atractivo entonces. La historia comenzó con un americano que de viaje por Tailandia encontró a dos hermanos unidos, y directamente los compró, los montó en un barco y se los llevó a los Estados Unidos de América para ofrecérselos a Barnum, quién le pago una razonable cantidad y les hizo un contrato. Barnum se forró literalmente con ellos, pero los siameses también ganaban mucho dinero a cambio. Y llegó un momento en que habían ganado tanto dinero que decidieron separarse de Barnum y se establecieron en una granja cerca de Washington donde se casaron y tuvieron hijos. Pero con la llegada de la Guerra Civil quedaron arruinados y tuvieron que volver al Circo para poder sobrevivir. Y Barnum decía a la concurrencia “pasen y vean a los únicos hermanos juntos del mundo, y aprovechen porque mañana un cirujano los separará…”; naturalmente esto no ocurría nunca y él continuaba con su picaresca hasta que los hermanos murieron.

Creó muchísima polémica, e incluso tuvo enfrentamientos con otros países. En 1881 adquirió el elefante Jumbo, que por entonces se exhibía en Londres. Jumbo era el símbolo nacional para los ingleses y se montó un gran jaleo en torno a esto. Pero él siguió adelante, y acto seguido intentó comprar la casa natal de William Shakespeare. El pueblo inglés levantó la voz y el Gobierno tuvo que tomar cartas en el asunto para impedir la venta. Quería desmantelarla y llevarla pieza a pieza a los Estados Unidos.
En 1881 se asoció con James Bailey, y desde entonces el Circo se llamaría Barnum-Bailey. Fue ya la apoteosis y adquirió más fama aún. Exhibió al enano Pulgarcito, que media 69 cm y lo llevaba en una maleta. El Hombre-perro (un ruso que tenía un problema capilar y tenía pelo por todas partes). Llevaba a negros albinos y decía “estimados señores y señoras, ante sus ojos convertiré a un negro en un blanco”, y entraba un señor negro por una puerta, y por otra salía un negro albino ante el asombro del respetable…
Cuando llegó al acuerdo con Bailey, es cuando comenzó el concepto de Circo transnacional en el sentido moderno, y empezó a capturar animales en África en expediciones carísimas. Digamos que la feria de fenómenos extraños que hasta entonces exhibía comenzaba a convertirse en algo más serio, y cuando digo serio que nadie lo tome en el contexto textual de la palabra, sino en lo más parecido a un Circo de los de ahora.
Vamos a contar 3 ejemplos rápidos para que veamos la catadura moral de este personaje: “El hombre de Piel azulada” cuando murió, un médico encontró grandes cantidades de Nitrato de Plata en su cuerpo, cosa que Barnum sabía y permitió para llenarse los bolsillos. “La triste Susana” era una mujer sentada en una barraca, y lo que hacía Barnum era ofrecer un premio de mil dólares a aquel que consiguiera hacerla reír, algo imposible porque la pobre Susana tenía la cara completamente paralizada por una enfermedad. “El no se sabe qué” que Barnum presentaba como un marciano o como un eslabón perdido entre el hombre y el mono. Se aprovechaba de los problemas físicos de las personas para amasar fortuna. 
La gran paradoja de todo esto, es que estas personas preferían estar en el Circo y ganar dinero que estar en su casa sufriendo el rechazo social. Un personaje que como empresario no tenía precio, pero como persona dejaba mucho que desear. Sus últimas palabras (para que nos demos cuenta cual era su prioridad) antes de morir en 1891 fueron “¿Cuánto se recaudó hoy en el Madison Square Garden?, sin comentarios. El maravilloso mundo del Circo tuvo unos inicios de lo más crueles…
Referencias: Historia del Circo, Pasajes de la Historia, Juan A. Cebrián

Robert Liston y la única operación de la historia con una tasa de mortalidad del 300%

Robert Liston fue un competente cirujano que contribuyó significativamente a la medicina como ciencia. Pero tuvo la desgracia de tener un día tremendamente malo, y se convirtió en una leyenda en la comunidad médica.

Este cirujano escocés se ganó el respeto por su habilidad en las amputaciones, algo muy común ya que las infecciones estaban a la orden del día. Liston trabajó durante la primera mitad del siglo XIX, antes de que la anestesia se utilizara. Cortar y aserrar el miembro de un paciente consciente requería nervios de acero y un buen estómago. Cuanto menos durara la operación, menor será el sufrimiento del paciente y mayor sería la probabilidad de que pudiera sobrevivir. Liston podía amputar una pierna en dos minutos, algo impresionante.

En una operación tan ajetreada, con los pacientes chillando y retorciéndose de dolor, de vez en cuando se erraba, amputando más de lo que necesitaban. Un día, Liston se pasó de frenada. Mientras amputaba la pierna del paciente a la altura de la cadera, accidentalmente cortó los dedos de uno de sus asistentes. Eso resultó desastroso cuando vieron que el muñón del paciente se gangrenó. La sierra no estaba demasiado limpia, así que el asistente se infectó y enfermó. En pocos días, tanto el paciente como el asistente murieron.

Para colmo, esta cirugía ya se había tomado a otra víctima. El procedimiento estaba siendo observado por un médico de edad avanzada con un gran abrigo. En la confusión, Liston cortó el abrigo del hombre. No llegó a herirlo, pero con tanta sangre, el viejo caballero pensó que sí. Presa del pánico -ya andaba renqueante-, el hombre se derrumbó en el suelo, tuvo un ataque al corazón y murió.

Liston, por lo tanto, había realizado una cirugía con una tasa de mortalidad del 300%.

Hacia el final de su carrera, en 1846, Liston realizó la primera cirugía donde se utilizó la anestesia. El paciente era Frederick Churchill. Después de administrar la anestesia, sólo necesitó 25 segundos para completar la amputación. Lamentablemente, no vivió para ver todo el potencial de los anestésicos. Sólo un año después de la cirugía de Churchill, Liston murió en un accidente de navegación.

Eusapia Palladino, la médium que atrajo a los científicos

Científicos, escritores y otros intelectuales estaban fascinados por ella y la curiosidad los hacía asistir a sus sesiones. Eusapia Palladino era un enigma, la mujer que supuestamente podía comunicarse con los muertos. El fenómeno social de los comienzos del espiritismo moderno.

Nacida el 21 de enero de 1854 en Bari, Italia, muy joven se casó con un artista teatral llamado Raphael Delgaiz. Muchos sugieren que aprendió mucho de su primer marido. Estos conocimientos le sirvieron más adelante. Más tarde, se casó con Francesco Niola, un comerciante.

Alexandr Aksakov (derecha) “controla” mientras que Palladino levita mesa, Milán. (1892)

Aunque tanto magos como escépticos de la magia concluyeron que no era más que una astuta tramposa, sus sesiones estaban llenas de gente ávida de curiosidad.

La fama de la Palladino comenzó en Polonia. Visitó Varsovia en dos ocasiones. La primera vez, fue invitada por un psicólogo, el Dr. Julian Ochorowicz. La acogió de noviembre de 1893 a enero de 1894. Quería demostrar al público polaco sus poderes, y de paso, ganar una buena suma de dinero.

Ochorowicz la presentó al escritor polaco, Bolesław Prus, que asistió a varias de sus sesiones y comenzó a promoverla en la prensa. Durante las reuniones con Palladino, se sintió inspirado para escribir la novela histórica Faraón”. Prus comenzó a escribirla en 1894, después de que Eusapia saliera de Polonia. No era un secreto que Eusapia adoraba Prus.

La creciente fama de Eusapia le proporcionó una invitación desde Inglaterra. En julio de 1895, hizo su aparición en Cambridge con sus sesiones espíritas. A partir de aquí se enfrentó a fuertes críticas. Un artículo, publicado en el British Medical Journal ya cuestionaba la legitimidad científica de sus dotes.

Experiencias espirituales con Marie y Pierre Curie

Pierre y Marie Curie, 1903

También viajó a Francia, donde donde despertó admiración y críticas a partes iguales. En 1898, el astrónomo Eugene Antoniadi investigó sus talentos espirituales. Concluyó que sus actuaciones eran fraudulentas de principio a fin. Sin embargo, parece que la fama que le precedía de Varsovia le granjeó simpatías entre un grupo de grandes científicos que querían investigar sus habilidades. Un grupo de químicos, biólogos y físicos, entre los que estaban a la cabeza los famosos Marie y Pierre Curie.

La primera reunión tuvo lugar en 1905. Aparte de los Curies, allí estaban grandes hombres de ciencia como Charles Richet, Henri Bergson, Jacque Arsène d’Arsonval, William Crookes, Jean Perrin, Louis Geroges Gouy ó Paul Langevin.

Parece que muchos de ellos estaban fascinados con el incipiente campo de la física cuántica, así como por la investigación sobre la vida después de la muerte. Pierre Curie informó a su amigo Gouy:

“Hemos tenido una serie de sesiones con Eusapia Palladino en la Sociedad para la Investigación Psíquica. Ha sido muy interesante, y realmente los fenómenos que vimos parecían inexplicables: mesas levantadas de las cuatro patas, movimiento de objetos a distancia, manos que te pellizcan o te acarician, apariciones luminosas. Todo sin un posible cómplice. El único truco posible es aquello que podría resultar de una extraordinaria facilidad de la médium como ilusionista, pero ¿cómo explicar los fenómenos cuando estamos a escasos metros y la luz es suficiente para que podamos ver todo lo que sucede?”

Los Curies observaron las sesiones con su mente científica. Tomaron notas y discutieron las conclusiones con otros investigadores. Es posible que estuvieran buscando la fuente de una energía desconocida. Pierre estaba mucho más fascinado con las sesiones de Palladino que Marie. Sin temor a equivocarnos, la Palladino era una fantástica creadora de magia, de como cautivar al espectador con sus trucos, muy lejos de comunicarse con los muertos, pero no quita que atrajera la atención de grandes investigadores y se convirtiera en la médium más famosa de la historia reciente.