Robert Liston fue un competente cirujano que contribuyó significativamente a la medicina como ciencia. Pero tuvo la desgracia de tener un día tremendamente malo, y se convirtió en una leyenda en la comunidad médica.
Este cirujano escocés se ganó el respeto por su habilidad en las amputaciones, algo muy común ya que las infecciones estaban a la orden del día. Liston trabajó durante la primera mitad del siglo XIX, antes de que la anestesia se utilizara. Cortar y aserrar el miembro de un paciente consciente requería nervios de acero y un buen estómago. Cuanto menos durara la operación, menor será el sufrimiento del paciente y mayor sería la probabilidad de que pudiera sobrevivir. Liston podía amputar una pierna en dos minutos, algo impresionante.

Para colmo, esta cirugía ya se había tomado a otra víctima. El procedimiento estaba siendo observado por un médico de edad avanzada con un gran abrigo. En la confusión, Liston cortó el abrigo del hombre. No llegó a herirlo, pero con tanta sangre, el viejo caballero pensó que sí. Presa del pánico -ya andaba renqueante-, el hombre se derrumbó en el suelo, tuvo un ataque al corazón y murió.
Liston, por lo tanto, había realizado una cirugía con una tasa de mortalidad del 300%.








