Esta serie adictiva arrasa con críticas y su nueva temporada sorprende a todos

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Por Manuel Sánchez

En un mar de estrenos que a veces nos dan más sueño que ilusión, llega una serie dispuesta a conquistar al público y a la crítica como pocas: la nueva temporada de ‘La diplomática’ ya está disponible en Netflix y, créeme, no querrás perdértela. ¿Te faltan motivos? Pues aquí tienes una buena razón: este título presume de un flamante 90% de valoraciones positivas en Rotten Tomatoes. ¿Exageración? Nada de eso. Es pura adicción serial.

Una trama política que engancha sin compasión

Creada con tino por Debora Cahn, ‘La diplomática’ nos sitúa en la piel de Kate Wyler, la flamante (y sufrida) nueva embajadora de Estados Unidos en Londres. Un cargo que, por si fuera poco, la obliga a lidiar con crisis a la altura de su escaso tiempo libre. Pero si piensas que la historia se quedó sin gasolina tras el final colosal de la segunda temporada, prepárate: la tercera llega para recoger los pedazos, afrontar las secuelas del drama y lidiar de paso con un cambio sustancial dentro del gobierno norteamericano. Vamos, que aquí nadie tiene tiempo para aburrirse ni estancarse en la rutina.

Razones para celebrar (y otras para atragantarse de palomitas)

  • La estructura vuelve a sus raíces: esta tercera entrega recupera el formato de 8 episodios, los mismos de la primera temporada. ¿La segunda te supo a poco con solo 6? No temas, porque aquí el ritmo se mantiene ágil y, sobre todo, sin esos recortes drásticos que no le sientan bien a series tan adictivas.
  • Un reencuentro memorable: los fans de los dramas políticos pueden descorchar el champán. La temporada 3 marca el esperado reencuentro entre Bradley Whitford y Allison Janney, nada menos que 19 años después del final de la inolvidable ‘El ala oeste de la Casa Blanca’. Ya vimos a Janney interpretar a Grace Penn en la anterior entrega y, ahora, su papel cobra un peso mucho mayor (seguro lo notarás… y lo agradecerás).

El secreto del éxito: fidelidad a su esencia y un elenco en estado de gracia

Dicho lo anterior, lo que realmente importa es que ‘La diplomática’ no pierde el norte ni en su tercera temporada. La fórmula que la convirtió en imprescindible sigue funcionando: como thriller político, maneja a la perfección tanto la tensión como el arte de la sorpresa. Aquí, no hay ni un solo momento de estancamiento argumental (y en estos tiempos, eso es casi un milagro).

El inicio de esta temporada también mantiene intactas otras de sus grandes fortalezas:

  • Guiones sólidos, ágiles y con las ideas más claras que nunca sobre cómo conducir a los personajes y a la trama.
  • Un reparto que encaja como piezas de ajedrez en esta compleja partida. Es cierto: Keri Russell y Rufus Sewell siguen brillando por encima del resto, pero la coralidad y el equilibrio entre personajes hacen que todos tengan su espacio e importancia.

Renovación asegurada y una advertencia (tranquilizadora)

Quizá el mayor temor de los que depositamos fe en una serie de Netflix sea ver cómo se queda a medias, víctima de la cancelación compulsiva de la plataforma. Pero aquí puedes respirar tranquilo: la cuarta temporada ya está confirmada desde hace meses. Y eso, a pesar de que la segunda entrega no arrasó en datos de audiencia, quedándose en 16,5 millones de visualizaciones antes de dejar el Top 10 semanal de la compañía.

Así que, si estabas buscando una excusa para sumergirte en una serie adictiva y bien hecha (incluso cuando el algoritmo sugiera cosas raras), ‘La diplomática’ es la respuesta. ¿Listo para maratonear? Londres y la embajada no se van a poner en orden solos…

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