¿Te cuesta decir si lo que sientes es tristeza, alegría o simplemente un «no sé qué» que te recorre el cuerpo? No estás solo. Un porcentaje notable de la población vive cotidianamente con dificultades para identificar y expresar sus emociones. Y aunque todos creemos ser expertos en descifrar lo que sentimos, la verdad es que la realidad emocional suele ser bastante más misteriosa de lo que parece a simple vista.
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¿Qué es la alexitimia y por qué debería importarnos?
La alexitimia corresponde a grandes dificultades para identificar, tratar y expresar las propias emociones. Aunque ha sido objeto de investigación durante décadas en diversos campos de la psicología, sigue siendo un tema casi desconocido para el gran público. Entenderla mejor favorecería la inclusión social de quienes la experimentan.
Se estima, según ciertos instrumentos de medición (como las escalas de Toronto), que entre un 17 y un 23 % de la población presenta dificultades marcadas para identificar y expresar sus estados emocionales. Eso es mucha gente preguntándose si lo que tienen es hambre… o simplemente ansiedad disfrazada de antojo.
- La alexitimia no está considerada una enfermedad. No aparece ni en la última edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5), ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) de la OMS.
- El término proviene del griego: «a» (sin), «lexis» (palabra), «thymos» (ánimo o emoción), es decir, la ausencia de palabras para las emociones. Fue introducido en los años 70 por el psiquiatra Peter Sifneos.
Para hacerse una idea: intentar describir lo que siente una persona alexitímica sería como pedirle a alguien que explique un color que jamás ha visto. Un reto mayúsculo.
Las causas: el cerebro como protagonista
Las investigaciones han demostrado que la alexitimia está vinculada a particularidades en el funcionamiento cerebral, sobre todo en regiones relacionadas con el procesamiento emocional y la autoconciencia, como la ínsula anterior y la corteza prefrontal.
Estudios de neuroimagen han mostrado una conectividad reducida entre estas zonas en personas con alexitimia. Esto podría aportar una pista sobre por qué resulta tan complicado identificar y tratar las emociones en estos casos.
Existen principalmente dos tipos de alexitimia:
- Primaria: considerada un rasgo de personalidad estable sobre el que influyen factores genéticos, neurobiológicos y del desarrollo.
- Secundaria: aparece tras traumas, estrés psicológico, enfermedades o trastornos de salud mental como la depresión. Se desarrolla más tarde en la vida, afectando la gestión emocional previamente intacta.
En resumen, la alexitimia puede ser tanto un factor principal de personalidad que condiciona una respuesta inadecuada al estrés, como un factor secundario y defensivo frente a situaciones difíciles.
¿Qué se siente y cómo afecta?
Las personas con alexitimia saben que las emociones existen, pero tienen dificultades para distinguirlas o expresarlas. En vez de hablar de tristeza, alegría o ira, suelen describir un malestar general o una sensación de estar «fuera de lugar», sin saber por qué. Esto puede dificultar el apoyo emocional a los demás: ¿cómo sostener al otro si no entendemos lo propio?
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Frecuentemente, las emociones no reconocidas se manifiestan como síntomas físicos (dolores de cabeza, molestias estomacales, fatiga), fenómeno conocido como somatización. Es como si el cuerpo dijera «lo que la boca no puede».
La alexitimia, además, está vinculada a:
- Vulnerabilidad general de la salud
- Mayor riesgo de depresión y ansiedad
- Más probabilidades de desarrollar dependencia al alcohol
No obstante, es importante destacar que no comprender bien nuestras emociones no implica necesariamente padecer alexitimia ni desencadenar, por sí mismo, problemas de salud mental.
Existe un mito al pensar que la alexitimia equivale a frialdad emocional. En realidad, incluye varias dimensiones: dificultad para identificar las emociones, para describirlas y un pensamiento orientado hacia lo operativo más que a lo emocional. Aquellas personas que parecen «despegadas» no lo eligen: sus cerebros procesan las emociones de forma diferente.
Vivir (mejor) con alexitimia
Aunque la alexitimia escapa, en general, a la etiqueta de enfermedad curable, existen estrategias para convivir mejor con ella. Varios estudios han resaltado el potencial de la psicoterapia, especialmente de las terapias basadas en competencias, donde la atención se dirige a las sensaciones físicas y los comportamientos, más que al discurso emocional abstracto.
Además, las terapias de grupo o individuales pueden ayudar a observar los estados internos sin juicio, promoviendo la conexión entre las sensaciones corporales y las emociones. Se exploran también abordajes menos centrados en la palabra, como la arteterapia y la musicoterapia, que pueden ofrecer un entorno menos intimidante para explorar el mundo emocional.
Comprender la alexitimia, sus causas y consecuencias es clave para construir una visión más comprensiva y matizada de la diversidad emocional humana. Y aunque no todos sentimos igual ni lo expresamos de la misma manera, crear ambientes comprensivos y solidarios hará la vida más amable para quienes luchan por ponerse en contacto con lo que sienten.
La sensibilización sobre la alexitimia no solo ayuda a entender mejor los retos de las personas que la viven, especialmente en sus relaciones, sino que es un paso esencial para comprender los matices de la emocionalidad humana. ¡Y quién sabe! Tal vez la próxima vez que sientas algo «raro», le pongas nombre… o, al menos, le pongas música.
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Manuel Sánchez es un periodista curioso por naturaleza, especializado en historias insólitas, datos sorprendentes y esas noticias que pocos se atreven a contar. Explora lo extraño, lo viral y lo inesperado con una mirada aguda y entretenida. Con estilo dinámico y siempre bien informado, le descubre los hechos más comentados… antes de que se hagan virales.
manuel.sanchez@hdnh.es