Prepárate para llorar: la historia perruna que está rompiendo corazones en Brasil

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Por Manuel Sánchez

¿Listo para afirmar que tienes una mota de polvo en el ojo mientras lavas los platos? Prepárate, porque la última sensación de Netflix Brasil, “Caramelo”, ha llegado para tocar hasta el corazón más duro… y sí, inclusive el tuyo.

Una conexión que va directo al alma: humanos, perros y mucha ternura

Hay películas que requieren tramas enrevesadas para enganchar. Pero Netflix Brasil ha demostrado que, a veces, lo mejor es ir al grano (de croqueta, claro). “Caramelo”, bajo la dirección de Diego Freitas, ha ocupado el primer puesto de lo más visto sin apenas despeinarse. ¿El secreto? Apostar todo a una de las historias más universales y efectivas: la relación entre humanos y perros. O perros y humanos, que aquí el protagonismo se reparte y a ratos el de cuatro patas lleva la batuta, literalmente corriendo.

Si sientes un deja vú peludo, tu memoria cinematográfica te está jugando bien. “Caramelo” remite inevitablemente a títulos como “Mi amigo Enzo”, el drama de 2019 de Simon Curtis basado en la novela “El arte de correr bajo la lluvia” de Garth Stein. Allí, un irresistible Golden Retriever acompaña a su humano en paralelo a sueños, desafíos y pérdidas, dejando una huella tan profunda que, ojo, eclipsó al propio Milo Ventimiglia (ese que fue el hijo de Rocky Balboa). Kevin Costner puso voz a Enzo, dotando al perro de una sabiduría y sensibilidad irresistibles.

Del asfalto a la cocina de Sao Paulo: así se cuece “Caramelo”

Ahora bien, si creías que “Caramelo” iba a seguir ese molde al pie de la letra, te equivocas. Aquí no hay Fórmula 1 ni campeones de automovilismo a la vista. “Caramelo” se cocina en otro fogón: el de los restaurantes de autor. La comedia dramática de Freitas vive y respira en Ybaé, un restaurante gourmet de Sao Paulo donde Pedro Dantas (Rafael Vitti), un sous chef apasionado, pone todo su empeño para conquistar el paladar de la crítica gastronómica. Y como en cualquier cocina real, los imprevistos son el pan de cada día. O la croqueta, mejor dicho.

  • Pedro lucha por brillar en la elite culinaria.
  • La gran crítica se deja seducir por una simple coxinha, gracias a una travesura inesperada.
  • El verdadero protagonista no es un chef con gorro, sino Caramelo, el perro mestizo más movido y glotón de Sao Paulo.

Esa croqueta que conquista a la crítica llega a la mesa por obra y magia de Caramelo. Un cruce fortuito –y algo caótico– entre Pedro y el vivaracho can, da inicio a una amistad que muchos soñamos al adoptar o rescatar a un perro: esos lazos que, sin planearlo, trastocan toda una vida.

Un perrito con energía desbordante (y menos filosofía interior)

Si Enzo en “Mi amigo Enzo” se ganó a los espectadores con profundos pensamientos y una mirada que ve más allá, Caramelo apuesta a pura acción: salta, corre, prueba todo lo comestible (y lo que no también), y arrasa con cada plano en el que aparece. Es el alma inquieta que, a falta de monólogos internos profundos, compensa con travesuras y humanidad perruna. Un comedor insaciable, como toda mascota que se precie.

Esto permite que la película pivote entre la comedia y el drama con agilidad, alternando momentos de carcajada (¡esos desastres en la cocina!) con otros de ternura absoluta. Porque aunque Pedro logra buenos amigos en el trabajo y conoce a Camila (Arianne Botelho), dueña de una guardería canina e inminente interés romántico, la vida le juega una mala pasada. Al joven chef le diagnostican un tumor cerebral, trayendo una sacudida que paraliza sus sueños profesionales… y deja todo en manos de Caramelo y, claro, el cariño humano de quienes lo rodean.

Un poco de realidad y muchas narices húmedas

Lo cierto es que “Caramelo” no se complica demasiado con el drama: la enfermedad de Pedro y su pausa como chef aparecen de forma casi lateral, mientras la película da rienda suelta a las aventuras perrunas y los gags musicales llenos de color. Se trata, ante todo, de un retrato alegre y esperanzador de cómo, en medio de las malas noticias, la amistad incondicional de un ser “de cuatro patas” puede ser el antídoto perfecto para seguir adelante.

  • Escenas divertidas y mucho ritmo.
  • El Sao Paulo más vibrante y perruno de la ficción actual.
  • Un recordatorio de que “los perros caben en la vida de todos, por eso vienen en diferentes tamaños”, aunque a veces creamos no tener espacio para tanto amor (ni pelo en el sofá).

Analizada como comedia, “Caramelo” roza el ideal: musical, visualmente vibrante y, sobre todo, plagada de perritos desatando el caos y la ternura. Quizás no sea la obra más profunda del streaming, pero es probable que salves el día entre lágrimas y una sonrisa. Porque, admitámoslo, ¿quién puede resistirse al consuelo de un amigo fiel cuando la vida se pone cuesta arriba?

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