El joven Picasso tuvo que quemar sus pinturas para calentarse en su helado apartamento de París

Pablo Picasso fue uno de los artistas más influyentes y famosos del siglo XX. Elogiado como el padre del cubismo, junto a Georges Braque, también hizo contribuciones importantes a las escuelas del simbolismo y del surrealismo. Sin embargo, como con todo gran artista, se enfrentó a la pobreza y las dificultades en los primeros años de su carrera. Afortunadamente, superó los obstáculos y se convirtió en uno de los nombres más conocidos en la historia del arte.

Según su madre María, las primeras palabras que Picasso había pronunciado eran “piz piz”, un acortamiento de la palabra  lápiz. Desde pequeño, mostró una gran pasión y habilidad para dibujar. Su padre don José Ruiz y Blasco, pintor y profesor de arte en la Escuela de Artesanía, estaba especializado en representaciones naturalistas de aves.

El viejo guitarrista

El joven Picasso fue entrenado por su padre como un artista académico tradicional. Durante este período, demostró un extraordinario talento artístico, y en 1894 comenzó su carrera como pintor.

A principios de siglo, el joven pintor se dirigió a París, que en aquella época era considerada “La capital del arte de Europa”. Allí, Picasso conoció a su amigo, el poeta y periodista Max Jacob, que pronto se convirtió en su compañero de cuarto.

Vivían en un apartamento pequeño y pobre, con una sola cama. El poeta dormía por la noche y trabajaba durante el día, mientras que el artista despertaba su creatividad de noche y dormía durante el día. Aunque Picasso llegó a París en tiempos de la Belle Epoque, período de gran prosperidad económica y progreso cultural, experimentó una pobreza extrema, frío y desesperación. Para mantener el apartamento caliente, Picasso se vio obligado a hacer lo impensable y quemó una gran cantidad de sus obras de arte.

Fotografía de Picasso en 1904 por Ricard Canals

Poco después de esta problemática etapa de su vida, se trasladó a Madrid donde comenzó su Período Azul, que se caracterizó por pinturas sombrías en las que hizo un gran uso de diferentes tonos de azul y azul-verde, y sólo ocasionalmente, colores más cálidos. Tal vez fue ese feroz invierno parisino el que inspiró esta época en la obra de Picasso.

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  1. Debía ser que el carbón salía más caro al peso que lienzo y bastidor; aunque también hay quien dice que el malagueño quemaba mucho de lo que hacía porque no le gustaba el resultado. Por otro lado, me imagino que, al ser el apartamento pequeño, más de una vez la inspiración se esfumaría si al durmiente que le tocaba turno de cama se le ocurría ponerse a roncar.
    Un saludo, Félix.

    • De una forma u otra, o dando por buena la teoría de que los quemaba porque no les gustaba, amortiguaban su frío. Y aunque a él no le gustasen, a buen seguro que no le hubieran faltado “novias” a esas obras hoy en día a precios poco asequibles.
      Un abrazo, Cayetano!