El horror de ser enterrado vivo

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Imagínese por un momento despertar en un ataúd a dos metros bajo el suelo en completa oscuridad y silencio, jadeando en busca de aire sin que nadie pueda oír sus gritos de auxilio. Ser enterrado vivo es una de las peores pesadillas que podamos imaginar.

El miedo de ser enterrado vivo se llama tapefobia, del griego taphos (tumba). Aunque en la actualidad nos suena como algo lejano e improbable, esta preocupación estaba muy vigente en el siglo XIX y despertaba un gran terror popular.

Y había alguna razón para el miedo. Hubo desafortunadas historias de personas erróneamente consideradas muertas -en lugar de, digamos, en o - que fueron enterradas mientras estaban vivas y ese hecho sólo se descubrió más tarde cuando se exhumó el cadáver.

Signos de entierro prematuro

Aunque seguro que no fue el primero, el primer episodio conocido es el del filósofo escocés John Duns Scotus (1266-1308). En algún momento después de su muerte su tumba fue reabierta y encontraron el cadáver medio fuera del ataúd y sus manos y dedos ensangrentados debido a haber tratado de escapar de su eterno descanso.

Los dedos ensangrentados eran un signo común de entierro prematuro. A menudo, cuando se abrían los ataúdes después de la muerte de alguien, el cuerpo se encontraba en una posición retorcida con arañazos en todo el interior y las uñas completamente rotas por un intento fallido de escapar de la tumba.

Como con cualquier otro miedo popular, ciertos oportunistas aprovecharon el pánico de la gente y lo convirtieron en una ocasión para llenar sus arcas. Se desarrolló el concepto de un “ataúd de seguridad” que aliviaría el miedo a un entierro en vida. Hubo una gran variedad de diseños que llegaron al mercado.

En 1791, un ministro fue enterrado en un ataúd con un cristal en cual permitiría a un vigilante del cementerio comprobar que no “volvía a la vida”. Otro diseño consistía en un ataúd con tubos de ventilación. Un ataúd de finales del siglo XVIII consistía en una cuerda que haría sonar una campana o agitaría una bandera en el exterior si la persona enterrada no estaba realmente muerta.

Estos ataúdes no han sido exclusivos de los victorianos. En la década de 1990, se concedió una patente para construir un ataúd con alarmas, linternas y equipo médico para mantener a una persona viva mientras los trabajadores desenterraban el cuerpo. Por lo que sabemos, ningún sepultado ha sido devuelto al reino de los vivos por el uso de un ataúd de seguridad.

La ficción refleja la obsesión

El tema del entierro prematuro no se limita al ámbito de lo científico y lo comercial. Como resultado del miedo generalizado durante el siglo XIX escribió en 1844 “El entierro prematuro”. Una narración sobre un hombre que sufría una profunda tapefobia como resultado de su condición cataleptica. Le atormentaba que la gente lo tomara por muerto durante uno de sus episodios y lo enterraran vivo.

También ha habido muchas películas con esta temática de fondo. Algunos de esos filmes están basados en la historia de Edgar Allan Poe. Incluso hoy en día, leer sus obra más de 150 años después pone los pelos como escarpias.

Tres casos históricos de personas enterradas vivas

Para las siguientes tres personas, un ataúd de seguridad podría haber sido útil. Ejemplos reales de personas que se despertaron dentro de sus tumbas.

Angelo Hays – Francia (1937)

Conocido en su ciudad por su pasión por las motocicletas, Angelo Hays tuvo un accidente tras golpear una acera y darse contra una pared de ladrillo. A la edad de 19 años, fue declarado muerto por un traumatismo craneoencefálico. Su rostro estaba tan desfigurado que a sus padres no se le permitió verlo antes de ser enterrado. El médico le declaró legalmente muerto porque no podía encontrarle el pulso, y por lo tanto, Angelo fue enterrado.

Debido a una póliza de seguro que el padre de Angelo había suscrito por él unos meses antes, la compañía de seguros tenía algunas sospechas y pidió que el cuerpo fuera exhumado dos días más tarde. Una vez que el cuerpo fue exhumado encontraron que el cuerpo de Angelo todavía estaba caliente y tenía un débil latido cardíaco. Después de ser reanimado, Angelo se convirtió en una celebridad en toda Francia.

Virginia MacDonald – Ciudad de Nueva York (1851)

Después de una prolongada enfermedad, Virginia MacDonald, que vivía con su padre, finalmente sucumbió a esta y falleció. Fue enterrada en el cementerio de Greenwood en Brooklyn. Sin embargo, su madre insistió en que Virginia no estaba muerta. No importaba cómo los parientes trataran de consolar a la madre y convencerla de que Virginia estaba muerta, ella no los creería.

Finalmente llegó al punto en que la familia accedió a exhumar el cuerpo para convencer a la madre de que su hija estaba realmente muerta. Cuando finalmente el cuerpo fue exhumado, se descubrió que el cuerpo estaba acostado sobre su costado. Las manos estaban llenas de mordeduras y mostraba todas las señales de que estaba realmente viva cuando fue enterrada.

Mary Norah Best – Calcuta (siglo XVII)

A la edad de 17 años, Mary Norah Best, que había sido adoptada por la señora Moore Chew, sucumbió a un brote de cólera. Debido al calor de la región y la propagación de la enfermedad, su familia decidió enterrarla rápidamente. El médico firmó el certificado de defunción. Luego, llevaron su cuerpo al antiguo cementerio francés. Una caja de pino con la tapa del ataúd clavada sería su hogar para siempre…

Decenas de años más tarde, la cripta de la familia fue abierta para permitir que el cuerpo de un hermano fuese enterrado. Cuando la familia entró en la cripta para colocar el segundo ataúd, encontraron la tapa del ataúd de María abierta. Además, había pruebas de que había intentado salir. Su esqueleto yacía medio fuera del ataúd. Más tarde se creyó que el médico que había firmado el certificado de defunción había envenenado a la hija. Luego, intentó matar a la madre.

Hay muchos más casos

Son sólo tres ejemplos de entierro prematuro, pero hay muchos otros registrados de personas que habían sido encontradas muertas en sus tumbas después de haber intentado escapar sin éxito. ¡Incluso un hombre se despertó justo cuando estaba a punto de ser embalsamado!

Hoy en día, una persona viva no tendría muchas oportunidades de escapar de la tumba. Lo mejor que podemos hacer es esperar que el horror del entierro prematuro nunca se convierta en una realidad para usted o el que escribe estas líneas. Será mejor así.

Referencias: historicmysteries, dailymail, wikipedia, odditiesbizarre, listverse

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