La damnatio memoriae (condena de la memoria) era un castigo reservado para determinadas personas que los romanos -el Senado- decidían deshonrar por una razón u otra. Básicamente la idea era borrar por completo cualquier registro que hiciera alusión al condenado, ya fuese en textos, grabados, murales, estatuas e incluso música popular. Por supuesto, el apoderarse de las posesiones era el primer paso a seguir.

Tenemos un claro ejemplo en Majencio, emperador romano que fue víctima de la damnatio memoriae en el 312 a manos del emperador Constantino. Aún sabemos mucho de él, al igual que de su padre Maximiniano que también fue sometido a esa condena. Otro emperador que se salvó de este destino fue Calígula. Cuando fue asesinado en el año 41, tardó poco tiempo Claudio (después de regresar de su escondite) en intentar aplicarle la pena, fuertemente apoyado por la opinión pública, lo que sugiere que esta tenía un papel importante en esta serie de medidas.
La damnatio memoriae todavía se practica por algunas personas o grupos hoy en día de una forma u otra. Por ejemplo, Stalin era famoso por el borrado de los individuos que dejaban de agradarle en fotos o documentos oficiales, un ejemplo es la imagen siguiente.

Lo más cierto es que aunque la Damnatio memoriae se ha intentado aplicar en muchos casos en la Historia, en pocos se ha conseguido lo que se buscaba. Excepto de los que no tenemos noticia, claro.








Según lo estaba leyendo, me vino precisamente a la memoria lo de Stalin y su peculiar forma de inventar el «fotochou»: el que no sale en la foto, nunca existió. ¿Trotski? ¿Y ese quién era?
Un saludo, Félix.
No se andaba por las ramas aquel malnacido. Aquel que le estorbaba lo quitaba de enmedio literalmente. Y el «fotochou» ayuda, claro.
Saludos, Cayetano!
[…] la «cancel culture» del supremacismo moral posmoderno de la actualidad. Las masas condenan a la damnatio memoriae al reo, sin garantía alguna de las contempladas en el ordenamiento internacional de los DDHH, y es […]