Anita Garibaldi, la historia de un gran amor

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El siglo XIX estuvo plagado de revoluciones en Europa y América, y, en se dió una historia emotiva, llena de romanticismo y, en el fondo la libertad de una República que se enfrento a todo un Imperio, la República ganadera de Río Grande. Pero vamos a centrarnos en una simple y llana historia de amor…

La que se dio entre una criolla hermosísima, escultural, rebeldota… llamada Anita, con un criollo rubio llamado , un gringo de armas tomar.

Estamos en Brasil, año 1821 (año en el que falleció Napoleón). Y, en un tórrido verano, el 30 de Agosto viene al mundo . Sus padres tenían una explotación ganadera venida a menos. Tenían 6 hijos, pero la tremenda desgracia quiso que en pocos meses fallecieran el padre y los tres hijos varones. La madre se quedo sola al cargo de sus tres hijas y se trasladó a Laguna en busca de mejor vida y mejor suerte para sus hijas…

La primera idea que le vino en mente a la madre fue desposar a su bella hija Anita con un hombre con fortuna, y el elegido fue Manuel Aguiar, mucho más mayor que Anita. Aún así, el matrimonio se consumó con el zapatero Duarte justo el día que Anita cumplía 15 años.

Duarte era un bebedor empedernido y un mujeriego, y el paso por el matrimonio no le hizo cambiar de vida, seguía siendo igual, incluso maltrataba a la joven Anita que no dejaba de recibir improperios y golpes de su marido.

Pero de pronto, la ciudad de Laguna fue tomada por las tropas rebeldes, las tropas republicanas y en ese tiempo nació la República de Rio Grande, pequeña de extensión pero ávida de luchar contra el poder imperial brasileño; y, para ayudarlos llegó gente de cualquier parte del mundo. Uno de ellos fue un tal Giuseppe Garibaldi, buen mozo de ojos azules, que era capitán del “Río Pardo” la nave insignia de la flota republicana.

Verano de 1839, Anita tiene 18 esplendidos años, y hete aquí que Giuseppe, desde su barco, aburrido hasta la saciedad por la falta de combate, se dedicaba a otear con su catalejo por la costa como distracción… Vio como una bella joven que paseaba cerca del puerto se introdujo en una casa, abrió la ventana y se asomó. Ella se percató de que alguien la observaba desde un barco y, ingenuamente, saludó hacía el barco. Fue un auténtico flechazo para Giuseppe, quedó prendado por el rostro de Anita

Sin pensárselo dos veces, desembarcó, se fue directo hacia la casa, pidió permiso para entrar y nada más contemplar a Anita le dijo lo siguiente: “Usted, debe ser mía”. Ella le contestó “Yo a ti ya te conozco, te vi reflejado en las aguas de un pozo”. Giuseppe no salía de su asombro y, desde entonces no pudieron separarse jamás…

Estaba el inconveniente del zapatero Duarte, pero este, siempre borracho, ni se enteró de la fuga de ambos ya unidos por su impulsivo amor. La primera noche la pasaron a bordo del “Rio Pardo”, y allí, se amaron hasta el amanecer…

Anita, osada como era, quiso luchar al lado de su hombre, y le pidió que le diera algunas clases de esgrima y algunas prácticas de tiro y, para sorpresa de todos los marineros del “Rio Pardo”, Anita se consumó como una gran espadachina y disparaba como el mejor de los tiradores.

Empezaron a combatir contra la armada imperial brasileña, pero las cosas no acababan de ir del todo bien. Durante semanas, no hacían más que acumular derrotas y no tenían más remedio que huir de los combates porque los imperialistas eran superiores y se mostraban implacables. Hubo muchas bajas, pero ellos seguían juntos.

Llegó un día que durante horas estuvieron combatiendo en la selva cuerpo a cuerpo, pero muchos rebeldes murieron, los brasileños tenían cañones y buenos fusiles, y los rebeldes sus ponchos, sus gauchos, sus espadas y alguna que otra pistola… Anita en esos instantes estaba embarazada y, en el fragor de la batalla, Giuseppe tuvo que huir sin poder llevarse a su amada y, los brasileños capturaron a Anita (le dijeron que su marido había muerto). Pero Anita todavía conservaba la esperanza de recuperar el cadáver de su amado para rendirle un homenaje póstumo, y solicitó a los oficiales brasileños que le permitieran revisar el campo de batalla donde habían quedado todos los cadáveres. Le concedieron el permiso y busco y busco y no encontró a Giuseppe. Esto provocó una sonrisa en ella y rápidamente trazó un plan de fuga; había por allí un caballo y, sin pensárselo dos veces, subió a los lomos de aquel caballo y escapó, embarazada con su poncho y su sombrero…

Los brasileños reaccionaron y la persiguieron durante un buen tramo, la querían viva o muerta, y, las balas caían sobre ella; una bala la despojó de su sombrero y otra mató a su caballo. Ella siguió corriendo, medio arrastrándose por la selva y, en eso que llegó al río Canoas, un río lleno de peligros, de remolinos… Sin pensárselo dos veces se arrojó al río donde al llegar los brasileños la dieron por muerta. Pero Anita hizo gala de una fuerza descomunal y consiguió vadear el río Canoas y consiguió escapar.

Durante cuatro días, sin comida y bebida alguna, estuvo transitando por la selva, pero al fin contactó con los republicanos, con su amado Giuseppe… El abrazo fue más que emotivo, fue ardoroso, lleno de amor…

En Marzo de 1840 nacía Menotti, que nació con una deformidad en su cabeza, fruto de la caída de su madre cuando huía a caballo. Fue un niño muy amado. Y juntos iniciaron camino con 1.000 vacas que les había proporcionado el gobierno republicano hacia su próximo destino: Montevideo. Fue un camino largísimo y penoso y, apenas llegaron con la mitad de las reses vivas… También allí había contienda civil y se vieron envuelta en ella.

Giuseppe Garibaldi quería regresar a Italia para luchar por la unificación del país, y envió como embajadora a Anita, que llegó al país latino en loor de multitudes, como una heroína. Iba con sus cuatro hijos preparando el camino para el regreso de Giuseppe. Y este regresó con muchos “camisas rojas” (cuerpo militar creado por Giuseppe en el sitio de Montevideo). Y junto a su mujer combatió hasta llegar a Roma, pero no pudieron “tomarla” y retrocedieron a San Marino… Pero Anita estaba embarazada nuevamente, y había contraído unas fiebres malignas por la penosa retirada de Roma

El 4 de Agosto de 1849, víctima de la fiebre, sin haber cumplido los 28 años de edad, fallecía en brazos de su gran amor Giuseppe. La tuvieron que dejar medio enterrada, porque las tropas enemigas los perseguían. Garibaldi partió contraído por el dolor.

Una pareja épica, un amor a prueba de tiros, de cañones… Garibaldi nunca olvidaría el resto de su vida cuando enfiló el catalejo a un puerto de Brasil y vio a esa chica, esa chica que sería el amor de su vida….

14 COMENTARIOS

  1. Primero de todo, un post genial y un Blog digno de leer. Segundo, muchas gracias por el comentario en el mio, de verdad. Empezé a escribir en el Blog porque sí, y no puedo evitar ilusionarme cuando veo algun comentario de alguien nuevo felicitandome per el Blog. Gracias.

    Me quedo en el tuyo. 🙂

    Edurne

  2. @Mer
    Una historia llena de amor, sacrificio y valentía. Quizás resulte algo platónico pero en este caso llegó a mucho más, fue un amor verdadero, consumado, fieles el uno al otro, romántico. Una historia digna de ser contada…

    Besitos de azahar

  3. @Mer
    Realmente (pienso) la humanidad ha dado pasos gigantescos en cuanto a evolución tecnológica, pero en cuanto a valores se van perdiendo a marchas forzadas. La palabra compromiso empieza a estar carente de sentido, máxime en las relaciones de pareja. ¿cuantos divorcios hay al año? ¿que leches ocurre? ¿realmente estaban enamorados? ¿qué diablos está pasando aquí?… falta de compromiso y amor verdadero, no hay otra lectura…

    Besos de azahar

  4. @Mer
    Me llega, me llega… y estoy totalmente de acuerdo contigo. He de reconocer que en mi etapa “discoteril” era algo “un pelín” promiscuo, jajaja, y tengo que decirlo porque no me escondo de nadie. Es lo que tiene la noche, que te onhibula. Pero con primera relación formal, formal, una chica con la que estuve viviendo 3 años, fue una experiencia maravillosa, llena de complicidad y comunicación. Los dos eramos uno y la verdad es que fui muy feliz. Lo que ocurre es que las cosas se acaban y no hay que darle más vueltas pero era una balsa de aceite aquella relación porque soy una persona con la que es fácil convivir, no me cabreo, jajaja.
    Esto del “follamigo” (palabrejo que desconocía) ya como que no me va. Me gusta que me abrazen, no dormir sólo, sentirme arropado cuando estoy malito (que no sea mi madre que es diferente) y hacer cosas en común. No tengo prisa. Tienes mucha razón en tu comentario, esto ya no es lo que era.
    Y para finalizar, en tono humorístico, parafraseare a mi idolatrado Homer Simpson en una conversación que tuvo con el padre de Milhaud en el bar de Mou:
    “El problema de los matrimonios es la comunicación, demasiada comunicación ¡HIP¡ “

    Besos de azahar

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