El horror provocado por los nazis o por los soviéticos en el siglo XX es todavía difícil describirlo. Un atentado contra la Humanidad, un gravísimo genocidio, del que fueron principales víctimas los judíos.
Según censos elaborados minuciosamente, 5.978.000 judíos fallecieron en los campos de exterminio. El asunto de Polonia fue atroz, más de 5 millones de polacos sucumbieron en la II Guerra Mundial (la mitad eran judíos).
Simon Wiesenthal, todo un héroe para la Humanidad, un hombre que empeño su vida en la localización y detención de los criminales nazis huidos tras la II Guerra Mundial. Se supone que fueron no menos de 5.000 los que huyeron, y gracias a la eficaz tarea de nuestro protagonista y sus colaboradores, 1.100 de ellos pudieron ser detenidos y llevados a los Tribunales.
Nacido el 31 de diciembre de 1908 en Buchach, ciudad de la actual Ucrania, pero que en aquel año formaba parte del Imperio Austro-Húngaro, por tanto nació bajo la corona de los Habsburgo. Simon pronto quedó huérfano y tuvo que crecer bajo el influjo Hebreo. Se trasladó a Lvov (Polonia) donde existía su famosa Universidad que sin embargo mantenía algo llamado “cupos” de masificación hebrea en las aulas. Por tanto el joven Simon tuvo que viajar a Praga para iniciar sus estudios de Arquitectura
Conoció a una bella muchacha, llamada Cyla Mueller, una espléndida mujer de ojos azules y cabello rubio, y con ella se casó. Esto acontecía en 1932 y los “aires” nacional-socialistas comenzaban a inundar el continente europeo. Hitler llegaba al poder, y muchos judíos huyeron de Alemania. Los nazis, al igual que los comunistas soviéticos pensaban que los judíos tenían buena parte de culpa de la gravísima crisis económica, de los desafueros y de las revoluciones que asolaban las calles de Europa. Pensaban que los judíos estaban detrás de un “gran complot” para asumir el poder de todo el planeta Tierra.
Pero aunque ahora nos parezca asombroso, esta idea caló en buena parte de la población alemana, y muchos pensaron que los judíos eran el mal que se cernía sobre Europa y que había que suprimirlos como fuera. Simon fue una víctima más de este asunto.
Y llegó el año 1939, y llegó el desastre para Polonia. En los acuerdos entre los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y Unión Soviética, se preparó el Pacto de Acero y el reparto territorial de Polonia. Precisamente el padrastro y el hermanastro de Simon Wiesenthal fueron asesinados por la Policía Secreta Soviética. Se sabe que padeció la pérdida de 89 familiares a lo largo de la II Guerra Mundial. Por desgracia no era un caso único. No existe una familia de judíos que no tenga algún muerto en la lista de los campos de exterminio.
Simon Wiesenthal fue capturado en 1941. Su mujer pudo escapar milagrosamente gracias a su apariencia física (parecía aria). Su peripecia por los campos del “horror” es inenarrable. Visitó 12 Santuarios de la Muerte, campos de exterminio, y contempló como sus amigos iban falleciendo. El mismo, por temor a las torturas, intentó suicidarse. Fue algo espantoso.
Pero Simon empezó a fijarse en sus guardianes, a memorizar los rostros. No tenía otra cosa mejor que hacer, así que también empezó a memorizar nombres, y se prometía a si mismo recordarlo “ad eternum”. En el año 1945 concluía la contienda y se liberaba Mauthausen. Allí estaba Simon Wiesenthal cuando los norteamericanos liberaron el campo. Apenas llegaba a los 50 kg de peso, era una auténtico cadáver andante…; demacrado, humillado, espantado por lo que había visto durante 4 años de cautiverio. Y decidió dedicarse a la tarea de que no se perdiese la memoria, que no se olvidara jamás lo que había ocurrido en aquellos campos de exterminio.
Y lo que es mejor, su memoria empezó a “funcionar” para escribir en papel todo lo que había albergado en su mente. Y la lista se hizo larga, muy larga…, y aparecieron muchos nombres. Simon y una buena parte de sus amigos se dedicaron por completo a recabar documentación, a reunir testimonios, había que castigar a los culpables de aquello.
En 1947 se crea el primer Centro de Documentación para la Investigación del Holocausto. Pero de forma incomprensible se topan con el “muro” construido por norteamericanos y soviéticos. Y es que había muchos científicos alemanes que ahora trabajaban para ellos. Wiesenthal se desespera, no entiende nada, no puede dilucidar porque los vencedores de la II Guerra Mundial quieren olvidar tan pronto la catástrofe ocurrida. La cosa llega a tal punto, que en 1954, hastiados, muy desanimados por la incomprensión de estos Gobiernos, que están a punto de cerrar sus trabajos, a punto de dar “carpetazo” a tantos años de laboriosa documentación.
Pero en ese año, Simon Wiesenthal recibe unos datos, recibe un testimonio que llega desde Buenos Aires. Alguien ha creído ver y “oler” a un tal Adolf Eichmann. Un superviviente del Holocausto recordaba perfectamente el rostro, y lo más curioso, el olor de este criminal nazi que había diseñado La Solución Final para acabar con el pueblo judío. Se había cruzado con él en una calle de Buenos Aires.
Wiesenthal recupera toda la “emoción” casi perdida por los fracasos y empieza a investigar. Pone en antecedentes al Mossad israelí, pero para su sorpresa recibe la incredulidad de los gobernantes israelíes. Ni siquiera los “suyos” le creen. Pero sigue aportando datos, no se desanima, confía en las fuentes que le dicen que Eichmann está viviendo en Buenos Aires. Finalmente el Mossad comienza a creer en su versión, y de este modo transcurren 6 agoniosos años.
El Mossad toma cartas en el asunto y decide actuar. En el 25 de mayo de 1960, el día de la Fiesta conmemorativa de la Independencia Argentina, Israel envía una Delegación en la que hay algunos agentes secretos de su servicio de inteligencia. Misión: capturar a Adolf Eichmann. Los agentes del Mossad logran llegar a Eichmann, confirman que es él, le emborrachan, le secuestran y le meten en un avión sin que se entere y se lo llevan de Argentina. Con todo, el criminal nazi da “con sus huesos” en una celda de Israel, y se le somete a un proceso (que por cierto, se televisó al mundo entero), se le juzga, se le encuentra culpable y se le condena a muerte. Eichmann es ejecutado en el año 1962.
Este hecho provoca una reacción multitudinaria entre el pueblo judío, y las aportaciones económicas llegan “a raudales”. Su Centro de Investigación cobra un gran vigor, y Wiesenthal está muy contento porque empiezan a llegar los resultados. Y comienzan a ser capturados más y más criminales nazis en Argentina, en Chile, en Brasil, en Estados Unidos, en Europa. En 1963 llega otro “golpe” espectacular, la captura de b>Karl Silberbauer (el oficial de la Gestapo que capturó a la familia de Anna Frank). Y también llegó la detención del jefe del Campo de Treblinka, que fue detenido y también condenado. Y así fueron cayendo hasta un total de 1.100 criminales nazis que fueron detenidos gracias a la actuación de Simon Wiesenthal.
Finalmente en los años 70, se creó el Simon Wiesenthal Center con sede en 4 ciudades: Toronto, Los Angeles, Buenos Aires y París. Hasta 400.000 miembros tiene este Centro de Investigación. En 1982 los neonazis pusieron una bomba en su casa, en un intento de acabar con su vida. En 2003, ya muy envejecido, y muy triste por la reciente muerte de su mujer, convocó a los medios para decir que su trabajo había terminado. El 20 de de septiembre de 2005, a los 96 años de edad, fallecía mientras dormía. Fue enterrado en Israel. Reconocido como Caballero del Imperio Británico y Medalla de Honor del Congreso Norteamericano. Uno de esos hombres que nos reconcilian con la Humanidad.
(*) Fuentes y referencias: Pasajes de la historia, Juan Antonio Cebrian
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