No confíes en la IA: así distorsiona las noticias y te engaña

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Por Manuel Sánchez

¡Alerta roja en el reino digital! La inteligencia artificial (IA), esa maravilla que lo mismo diagnostica enfermedades que te traduce el pensamiento, ha tropezado estrepitosamente con un asunto clave: la información. ¿Sabías que los asistentes de IA reinterpretan las noticias casi la mitad de las veces? Agárrate, que vienen curvas.

IA: Avances espectaculares, pero ¿fiable informativamente?

La IA nos tiene acostumbrados a titulares optimistas. Revolucionó la ciencia, la medicina y el transporte. Todo genial hasta que pretendemos que sea nuestra fuente fiable de información. Porque, por ahora, la credibilidad no es su fuerte. Según un reciente y amplio estudio coordinado por la Unión Europea de Radiodifusión (UER), y con participación de 22 radios y televisiones públicas de 18 países (entre ellos RTVE, RAI, Radio France y la televisión pública estadounidense), la IA derrapa un 45% del tiempo al interpretar noticias. Casi nada.

¿De dónde sale tal conclusión? El análisis evaluó más de 3.000 respuestas generadas por los cuatro asistentes de IA más punteros (ChatGPT, Copilot, Gemini y Perplexity) en nada menos que 14 idiomas distintos. El líder de la investigación fue nada menos que la BBC británica, que sabe de rigor. Entre criterios fundamentales estuvieron la precisión de la información, la cita de fuentes, la distinción entre hechos y opinión, y la capacidad de dar contexto. El veredicto deja poco lugar a la duda: se detectó una preocupante abundancia de errores, con un 20% de casos donde los fallos eran graves: datos inventados o información desfasada, que es como preguntar la dirección y acabar en una dimensión paralela.

Fallos de atribución y fuentes dudosas

Y atención porque el asunto no acaba ahí. Los asistentes de IA fallan también en atribuir debidamente la procedencia de la información. Un 31% de sus respuestas se olvidan olímpicamente de citar el origen o recurren a fuentes engañosas, cuando no directamente erróneas. Según el subdirector general de la UER, Jean Philip de Tender, «estos fallos no son incidentes aislados, son sistémicos, transfronterizos y plurilingües y creemos que esto pone en peligro la confianza pública». Así, el problema no es que la IA tenga un mal día: lo suyo ya es cuestión de costumbre.

En el ranking de meteduras de pata, Gemini sale especialmente mal parado: ¡el 76% de sus respuestas acarrean problemas significativos! Es más del doble que sus competidores, y gran parte del descalabro se debe a su poca habilidad a la hora de buscar fuentes fiables.

Donde más patina: temas complejos y de actualidad veloz

No todos los temas ponen igual a prueba a la IA. Las noticias que evolucionan rápido, las cronologías complejas en las que intervienen varios actores, la información detallada y aquellos ámbitos donde hay que distinguir con precisión hechos y opiniones se le atragantan más. Ejemplo ilustrativo: la mitad de las explicaciones facilitadas sobre los aranceles de Donald Trump presentaban problemas relevantes, como también ocurrió con los datos de fallecidos en el terremoto que este año sacudió Birmania (Myanmar) o el bombardeo estadounidense en Yemen (también en 2025, sí, leíste bien).

  • 45% de malinterpretaciones al informar sobre noticias.
  • 20% de errores graves: datos inventados o desfasados.
  • 31% no atribuye correctamente las fuentes, incluso usando algunas engañosas.
  • Gemini: el peor, con fallos en el 76% de respuestas estudiadas.

¿Y ahora qué? Continuar vigilando y legislar con contundencia

Este terremoto informativo ha llevado a la UER a pedir un control continuo sobre los asistentes de IA, dados sus vertiginosos avances. Además, se reclama a la Unión Europea y a sus estados miembro que refuercen la legislación sobre integridad informativa, servicios digitales y pluralismo mediático. Porque está claro: la tecnología no descansa y, para bien o para mal, tampoco espera a nadie.

Moraleja digital: la próxima vez que le preguntes a una IA por la última noticia o el dato más candente, mantén ese toque de escepticismo sano. Que la vuelta al mundo informativo sigue necesitando brújula… y ojo crítico.

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