Vida y biografía de Gandhi

Era un hombre de muchas caras, tenía mucho sentido del humor, y a veces parecía un poco irrespetuoso, e incluso en ocasiones, malicioso. Poseía esa extraordinaria capacidad para hablar ante una inmensa muchedumbre como si se estuviese dirigiendo a cada uno personalmente.

Inspiración de futuras generaciones, nuestro protagonista sintió que la elección de la no-violencia exigía una convicción muy fuerte, y el obstáculo mayor para ello, era el ocio. Fue rebelde por una causa justa, y un mártir dispuesto a morir por su país. Dijo a un amigo: “Se que moriré a manos de un asesino, y cuando esto ocurra, aceptaré esa bala con valor, con el nombre de Dios en los labios…”.

Nacido en una tierra antigua y mística, , planteó su vida como la búsqueda de la verdad, siempre buscando modos alternativos de pensar y de vivir. Tituló a su autobiografía “La Historia de mis experimentos con la verdad”. Su camino de transformación dio comienzo en su casa de clase media en la ciudad portuaria de Porbandar. Ya desde sus primeros años, se aplicaba con extraordinaria disciplina y entrega, teniendo como referencia a su madre, que era profundamente religiosa y se entregaba a largos periodos de ayuno. Una vez, en la estación de lluvias, ella hizo la promesa de no comer hasta que brillara el sol, pero Gandhi y los demás miembros de su familia, querían que su madre comiera, ya que se estaba muriendo de inanición; en tanto ella les dijo “No os preocupéis por mí, estoy bien, y si Dios no quiere que coma hoy, no comeré…”.

Él reverenciaba a su madre por su santidad, pero aún no estaba preparado para seguir su ejemplo, y pasaba el tiempo con pasatiempos infantiles, o sisando dinero para comprarse cigarrillos. Por temor a su severo padre, que era un político local, nerviosamente le confesó sus robos, y este, en vez de castigar a su hijo por lo que había hecho, le abrazó por haber tenido la valentía de decir la verdad, y los dos se pusieron a  llorar. Por lo tanto, esto nos demuestra que cuando un pequeño tiene disciplina y amor, acaba convirtiéndose en una gran persona llena de humanidad.

De acuerdo con la tradición , a los 13 años se casó con una joven de la misma edad. Al principio era un marido cruel, celoso y posesivo, y a los 16 años se encontró con su primer gran conflicto entre el deber y el deseo. Una noche, mientras cuidaba a su padre enfermo, se fue al piso de arriba para compartir cama con su esposa, y en aquel momento, su padre murió. Se le acercó un criado y le dio la noticia, y el primer impulso de Gandhi fue decir “¡ Dios mío¡, ¿que es lo que he hecho?”… y durante toda su vida siempre se referiría a ese incidente, cuando no cumplió con su deber, con su responsabilidad hacia su padre…

Con 17 años dejó a su esposa y familia para irse a estudiar Leyes a Londres. Gandhi no conocía algunas cosas, como por ejemplo, los ascensores: en Londres, entró en uno pensando que era una habitación de hotel, y al ver cómo la “habitación” se movía, quedó muerto de miedo. Durante algún tiempo, su mayor ambición fue convertirse en un “caballero ingles”, por lo que llevaba un sombrero de copa, una bastón con el mango de plata, y siguió clases de baile, violín y francés.

Conseguida la Licenciatura en derecho, y de vuelta a la India, en su primer caso como abogado, en presencia del Tribunal, descubre, que no es capaz de abrir la boca delante del juez, por su gran timidez. Se quedó aterrorizado, y, humillado, empieza a buscar una escapatoria al no verse cualificado para hablar en público. Le vino la salvación en forma de una oferta de trabajo en Sudáfrica, y llegó a decir “Fue en aquel país olvidado por Dios, donde encontré a Dios…”, y allí encontró según sus palabras, la que fuera la experiencia más creativa de su vida. Fue echado violentamente de un tren por negarse a viajar en tercera clase, ya que su pasaje (de primera) no admitía a personas que no fueran de raza “blanca”. Permaneció en el andén toda la noche, helado de frío, repitiéndose a si mismo, que lucharía por erradicar esas injusticias.

En la Sudáfrica de 1890, tanto los sudafricanos como los indios, soportaban los caprichos de sus “amos” blancos, viviendo bajo leyes que les negaban el derecho al voto, a la posesión de propiedad e incluso a andar por la calle una vez que había oscurecido. En su ingenuidad, Gandhi creía que si se cambiaba la Ley, cambiaba la conducta humana, pero lamentablemente no era así. A pesar de la actuación de los británicos, Gandhi se consideró a si mismo como un fiel miembro del Imperio hasta 1906, incluso cantando el “God saved the Queen”. Fue tan leal que cumplió el servicio militar en la guerra de los Boers y en el levantamiento de los Zulúes, defendiendo la causa británica.

Estuvo recordando mucho tiempo como las armas británicas mataban a los Zulúes armados con lanzas, y veía el placer que los soldados sentían al matar. Y él, viendo la dominación británica, lo aplico a su propio matrimonio, y se llegó a preguntar “¿Hasta que punto yo soy culpable de la dominación en mi propio matrimonio…?”. Solo dominando sus propios deseos, Gandhi podía servir a la Humanidad, así que a los 37 años hizo el voto hindú del Celibato Perpetuo.

La situación en la India se tornaba desesperante, con atroces matanzas que no tenían fin por parte de los británicos. Se llego a formular un Decreto en el que se decía “Los Indios tienen dos posibilidades: postrarse sobre sus barrigas y moverse como gusanos, o enfrentarse con la muerte…”. Los Indios, enfurecidos, gritaron buscando venganza, y de hecho, con una proporción de 4.000 a 1, podían haber ejecutado a los blancos en cuestión de días, de horas diría yo… Gandhi saltó a la palestra y dijo que no, que no se podía hacer a los británicos lo que ellos habían hecho con el pueblo Indio, “Nosotros le tenemos que demostrar que podemos ir más allá de ese tipo de odio, los británicos no son nuestros enemigos, son nuestros amigos, y necesitan “liberarse” tanto como nosotros…”.

Durante los tres años siguientes a 1909, Gandhi transformó la causa nacionalista india en un movimiento de masas, supo construir la unión entre el obrero y el mercader, y se ganó el afecto de los Indios comunes, convirtíendose en uno de ellos, vistiendo sus mismas ropas sencillas, no comiendo mucho, y teniendo pocas comodidades, como si fuera el más pobre de los pobres.

En 1930, a la edad de 61 años, inventó un plan para atraer la atención del mundo hacia su país. Se rebeló contra unos impuestos claramente injustos, con los que los británicos cobraban por la Sal. Era ilegal que los indios elaboraran o vendieran Sal, y ese negocio (muy lucrativo por cierto) estaba reservado solo a los extranjeros. Planificó una marcha de 385 km hasta el Mar de Arabia, para una vez llegados allí, elaborar Sal. Todos pensaban que iba a quedar en ridículo.

El 12 de marzo, inició la marcha con tan solo 80 seguidores, y solo llegaban a hacer 16 km al día. Pero esta marcha despertó un gran interés en toda la población y dio tiempo a que corresponsales de todo el mundo acudieran a la India para relatar de primera mano aquel “espectáculo”. Durante varios días, atravesaron cientos de aldeas, y para cuando llegaron a la costa, el 6 de abril, había cientos de miles de hindúes con él. Y nada más llegar, cogió un puñado de sal y dijo “Con esta Sal, yo resisto al Imperio Británico, os invito a que os unáis en esta lucha del Derecho contra la Fuerza.

La respuesta fue masiva, y a lo largo de todo el país, las amas de casa, granjeros y mercaderes, abiertamente hacían y vendían Sal… Encarcelaron a miles, incluyendo a Gandhi, y la policía se empleaba brutalmente contra los manifestantes. Bajo una intensa presión internacional, los británicos soltaron a Gandhi y le invitaron a negociar. Al año siguiente viajó a Londres a una Conferencia sobre el futuro de la India, y, como no, viajó en tercera clase, y allí terminó de granjearse el afecto de la comunidad internacional.

En 1945, una Gran Bretaña exhausta tras la II Guerra Mundial, admitió que ya no tenía recursos para gobernar la India, pero la perspectiva de la Independencia trajo muchas divisiones en el país. Los hindúesmusulmanes, que desconfiaban entre sí, pasaron al odio abierto. La minoría musulmana insistía en tener un país separado que se convertiría en el Pakistan. Y esta idea de ver a su querido país dividido, rompió el corazón de Gandhi.

El 14 de agosto de 1947, los Indios celebraron su Independencia. Empezaron a sucederse emigraciones masivas, hindúes yendo a la India, y los musulmanes escapando hacia . Cientos de miles de refugiados deambulaban desesperados sin comida ni agua… y las dos grandes religiones irrumpieron en una masacre mutua, llegando a morir medio millón de personas como consecuencia de las luchas. El horror de Gandhi por tanta carnicería, fue potenciado por el complejo de culpa que él sentía. Había fracasado al convertir a su gente a la no-violencia, y dijo “Voy a empezar una huelga de hambre hasta que todo esto pare, hasta que los hindúes y musulmanes vuelvan a ser hermanos otra vez…”, y mucha gente decía en las manifestaciones “Al infierno con Gandhi, que Gandhi se muera…”.

Al segundo día hubo una contra-manifestación muy tímida, pero al tercer día se hizo mayor, y consiguieron acallar las voces “anti-Ghandi”, hasta que finalmente las calles estaban llenas de gente gritando a su favor.

En la frontera de la India con Pakistán, se libraba una guerra civil. Y se “embarco” en una peregrinación de paz hacia aquella zona, yendo descalzo de aldea en aldea, viendo el horror de los saqueos y los crímenes, y levantándose a las 4 de la mañana para continuar su camino enarbolando la Paz. Nos dejó una frase premonitoria “No hay más que violencia a mi alrededor, toda mi vida ha sido un fracaso, y mi muerte ha de lograr lo que mi vida no ha conseguido…”.

El 30 de enero de 1948, con 78 años de edad, se dirigía hacia el edificio de su oración diaria en Nueva Delhi. De entre la multitud salió un joven hindú, se inclinó hacia Gandhi y le disparó 3 veces. Justo antes de morir, Gandhi murmuró “Brahma” (Dios). La pena y la conmoción provocada por el impacto de su muerte, hizo cesar toda violencia en la India y Pakistán de la noche a la mañana, y un millón de personas fueron a Delhi para la bendición de estar cerca de él por última vez. Toda aquella masa de gente llegó a la zona de la cremación, y cuando se encendió la llama, todos gritaron “¡Gandhi es inmortal¡”

El legado de Gandhi fue la vida que llevó, encaminada a la no-violencia. Como más tarde,
Martin Luther King llegó a afirmar “Cristo me dio el mensaje, y Gandhi me proporcionó el método…”. Sus restos fueron llevados en un tren de tercera clase al mar y allí fueron arrojadas entre las olas, las cenizas de un alma que jamás perdió su Fe en Dios ni en el Hombre.

Commpartir
Publicado por
Félix Casanova

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