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Cuando la Iglesia condenó el uso del tenedor

historia tenedor

En tiempos bíblicos, las personas comían con los dedos, normalmente de una olla compartida. Aún hoy, en el mundo árabe, muchas personas comen con los dedos y comparten la comida de una olla común.

Esta es la razón por la que los árabes son mucho más escrupulosos que los occidentales en lavarse las manos antes de comer. También es por eso que tienen la convención de una mano limpia (derecha) para escribir, dar la mano y comer, y la mano izquierda para, ya sabes, limpiarse… Esto aumenta el castigo de tener una mano cortada por robo como es costumbre en algunos lugares en los que se profesa el islamismo.

Por lo tanto, la invención medieval de esa especie de horquilla pequeña, antecesora del moderno tenedor, para usar en la mesa parecía una buena idea (los romanos, griegos y egipcios los utilizaron de tamaño industrial para cocinar durante siglos). Pero ya sabéis cómo suele ser la curia cuando alguien quiere introducir algún tipo de cambio: “¡No está en las Escrituras! ¡Es obra del diablo!”

tenedor edad mediaLos tenedores para comer solo comenzaron a aparecer en las cortes nobles de Medio Oriente y el Imperio bizantino alrededor del siglo VII y se hicieron comunes entre las familias ricas en el siglo X. En otros lugares, incluida Europa, donde la costumbre era usar  el cuchillo y la mano, el tenedor estaba ausente. La emperatriz Teodora introdujo el tenedor en Europa en el siglo XI.

Imaginad el asombro cuando, en 1004, Maria Argyra, sobrina del emperador bizantino Basilio II, se presentó en Venecia para casarse con Giovanni, hijo de Pietro Orseolo II, el dux de Venecia, con un estuche de tenedores de oro para usarlos en el banquete de bodas. Fue condenada rotundamente por el clero local por tal aberración, y se llegó a decir: “Dios, en su sabiduría ha provisto al hombre con tenedores naturales, sus dedos. Por lo tanto, es un insulto para Él sustituirlos por instrumentos de metal”.

Cuando Maria Argyra murió dos años después a causa de una plaga, San Pedro Damián, con una satisfacción mal disimulada, sugirió que era el castigo de Dios por sus fastuosas formas. “Tampoco se dignaba a tocar la comida con los dedos, sino que le ordenaba a sus eunucos que la cortaran en trozos pequeños, que luego empalaba en ese instrumento dorado con dos puntas y así se lo llevaba a la boca…, la vanidad de esta mujer era odiosa para el Dios Todopoderoso; y así, sin lugar a dudas, este se vengó. Porque Él levantó sobre ella la espada de Su justicia divina, de modo que todo su cuerpo se pudrió y todas sus extremidades comenzaron a marchitarse”

(*) Referencias: DemocraticUnderground.com Imágenes: WikimediaCommons

Cuando la condenó el uso del tenedor
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4 COMENTARIOS

  1. El tridente del demonio, con el que pincha y cuece en la olla a los condenados, gente malvada sin duda, como por ejemplo los que todavía no han hecho su declaración de la renta.
    Saludos.

  2. Esto es un claro ejemplo de “generalización apresurada” si tomamos los dichos de un grupo de clérigos, o incluso solo de uno, como representación general de una “iglesia”. Y más tomando en cuenta que el tenedor prevaleció fuertemente en la península italiana(donde la sede romana tenía más fuerza política) para luego expandirse más tarde a otras regiones. Si buscamos todas las críticas que los rigoristas clericales hacían no quedaba títere con cabeza. También criticaban la asistencia asidua de baños públicos no porque eran unos sucios de mierda, sino porque dichos baños también eran lugares de encuentros sexuales. Obviamente la gente no les hacía caso, como hoy no le hacemos caso al loquito predicador de la tele que nos dice que los videojuegos son cosas del diablo. Bueno, esto no impidió que la gente usara tenedores, como tampoco impidió que fueran a echarse un palo en los baños públicos.

  3. Que cosas, ajjaaja esto me hizo el día; y ahora utilizan tenedores y utensilios de oro. Supongo que el Dios vanidoso no los va a castigar, porque le cae bien los cambios… Todo es siempre culpa del diablo.
    Gracias por tu entrada, ya tendré otro tema de conversación con mis vecinas fanáticas.

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