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“Donde se mea no se ponen cruces”

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La irreverencia y genialidad de Francisco de Quevedo no tenían parangón. Y hoy les dejamos una anécdota que lo retrata, no tenía igual. Es bien sabido que en el , la salubridad brillaba por su ausencia en las calles de Madrid, considerada por algunos viajeros de la época una de las más hediondas del orbe…

La situación distaba de ser ideal: no había servicio de recogida de basura, ni retretes públicos ni alcantarillado. Así las cosas, era habitual que las aguas sucias se arrojaran por los vecinos a la vía pública. De ahí la famosa frase “¡Agua va!”.

Decíamos que no había retretes públicos. ¿Dónde orinaban entonces? En la calle: en los rincones de los edificios o incluso en los zaguanes. Para evitar estas evacuaciones, algunos vecinos ponían en las puertas y paredes especialmente críticas o atractivas, una cruz o algún santo.

Y el gran Quevedo, tenía la costumbre de orinar en una puerta determinada de la , a la vuelta de sus noches de parranda. Los dueños del inmueble pusieron una cruz en la puerta con intención disuasoria, pero el escritor no se arredró y prosiguió la costumbre de vaciar la vejiga en dicho lugar. Cierto día en que iba a hacer lo propio, se encontró una nota bajo la cruz que decía:

  • “Donde se ponen cruces, no se mea”.

Quevedo, ni corto ni perezoso, escribió debajo:

  • “Donde se mea, no se ponen cruces”.

Referencias: Narrativa breve Imágenes: Flickr

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