Si buscamos el mayor genio creativo de la literatura Universal, lo tenemos francamente difícil porque son muchos los que optan a ese título. Pero si buscamos, además de genio creativo, popularidad,universalidad, proyección…, pues aquí ya la lista se va reduciendo. Seguro que ahí estarían Miguel de Cervantes, y por supuesto William Shakespeare.
A lo largo de su vida, dejo escritas unas 38 obras de imperecedero recuerdo. Quién no ha leído, o quién no ha sabido cosas sobre Julio Cesar de Shakespeare, sobre Otelo, sobre el Rey Lear. Quién no ha oído hablar de un tal Hamlet, quién no ha oído hablar de los amantes de Verona, los Montesco y los Capuleto. Desde luego que es el autor más reconocido del Reino Unido, y el más traducido. Lo de leído no tanto, porque ahí está Agatha Christie que ocupa un lugar por encima en cuanto a obras vendidas.
El 23 de abril de 1564 vino al mundo en el seno de una familia burguesa dedicada al negocio de los guantes de cuero y de la lana, y que vivían tranquilamente en la campiña. Por tanto, el dinero no faltaba, lo que permitió a los Shakepeare dar una instrucción razonable a sus hijos. Y aquí tenemos al jovencito William ocupando su pupitre en la escuela secundaria de Stratford. Allí se instruyó en disciplinas como las matemáticas, la oratoria, la retórica, el latín…; una vida normal, una familia normal, y nada hacía intuir que aquel apellido iba a ser uno de los más famosos del mundo. Pero ocurrió, que cuando William tenía tan solo 12 años, el declive llegó a Sratford, y por ende la ruina económica de la familia, lo que impidió a los pequeños de la familia continuar con sus estudios. Y tuvo que empezar a trabajar en oficios dispares como el de carnicero, o como profesor itinerante por los pueblos cercanos a su hogar.
Dicen que era de rostro agraciado, y un muchacho vigoroso, y no le faltaron jovencitas a las que rondar; y aquí aparece la hermosa Anne Hathaway. Tenía 8 años más que William, y en 1582 cuando él contaba con 18 años, tuvieron que anunciar que ella había quedado embarazada. Con rapidez se organizó el matrimonio, y se casaron absolutamente enamorados, y eso sí, con escasas libras tuvieron que afrontar la llegada de su retoño. Fue una niña a la que pusieron de nombre Susan, y 3 años más tarde nacieron los gemelos Judith y Hamnet (que murió con 11 años). Tenía un amor exacerbado por la primeriza, Susan, y a Judith siempre la dió de lado, era la oveja negra. De hecho, en el panteón familiar, Susan está al lado de sus padres, pero Judith está sepultada en el cementerio comunal, fuera de los panteones. No sabemos que haría para merecerse ese odio por parte de su padre.
Estaban malviviendo, porque había que afrontar muchos pagos, y además alimentar 5 bocas, y aquí aparece un dato apenas conocido de su vida. Nos encontramos en 1588, Susan tiene 6 años, los gemelos 3, y hay que comer. William se interna como furtivo en los territorios de caza pertenecientes a los prebostes de la comunidad. Y como furtivo caza para vender las piezas, o para comérselas en casa… y así permanece un tiempo hasta que es descubierto en los terrenos del Juez de paz de Stratford. Al ser descubierto, no tiene más remedio que poner pies en polvorosa y buscar mejores lugares donde intentar conseguir dinero para su familia.
Hasta entonces se había interesado muy poco por el teatro y la literatura, porque como ya hemos dicho, su prioridad era conseguir alimentos para su familia, pero en ese año de 1588 su vida va a dar un giro total. Empezó a fijarse en las representaciones teatrales que llegaban a los pueblos, y aprovechó la visita de una compañía teatral para buscar refugio y unirse a ellos camino de Londres. La capital del Támesis vivía un momento de euforia social, porque tengamos en cuenta que en ese año se derrotó a la Armada Invencible española. Londres, por entonces, contaba ya con 200.000 habitantes, y William queda deslumbrado por la luminosidad de la urbe.
Por entonces había un teatro, que se llamaba El Teatro, y allí va a ofrecer sus primeras interpretaciones, aunque todo apunta a que no dejaba de ser un actor mediocre, aunque apuntaba buenas maneras.
Y empieza a interesarse por escribir obras teatrales, y empieza a “beber” de clásicos como Plutarco, Ovidio, Séneca… En 1590 escribe su primera obra, Enrique VI, que por fin podrá ver en los escenarios 2 años más tarde, y mientras tanto se deja ver en los círculos artísticos y culturales de Londres, y empieza a ser más reconocido. El escribía sus obras y también las interpretaba, participaba en los montajes escénicos… y comienza a ganar buenos dineros con los que empieza a paliar la endeble situación de su familia. En 1596 (año en que murió su hijo Hamnet) ya era un autor consagrado, e incluso la Reina se entrevistaba con él. Además consiguió de la Reina un Escudo de Armas para su padre. Los Shakespeare ya están en el rango aristocrático.
Comenzó a ser considerado como uno de los hombres privilegiados del Reino Unido, y era un hombre que sabía invertir muy bien el dinero que iba ganando. Compraba casas, terrenos, y la mejor mansión de Stratford. Pero poco a poco se fue apagando en su creatividad, también en su salud. En 1613 escribió su última obra, Enrique VIII, y se retiró a su pueblo natal para vivir sus últimos años. Unos achacan su muerte a los excesos en las juergas en compañía de amigos, otros a una infección ocular que se extendió, aunque lo cierto es que murió un 23 de abril de 1616.
Una proyección asombrosa sobre la vida de su obra y más allá, y una vida llena de encanto. Sobre los plagios, no faltan críticos que aseguran que dada la escasa formación cultural de Shakespeare, no podría haber sido capaz de escribir tales obras, y que sin duda habría que atribuírselas a otros autores. Lo que si sabemos es que es el autor más universal del Reino Unido, y vidas como la suya nos reconcilian con esta sociedad tan necesitada de genios.
(*) Referencias: Juan A. Cebrián, pasajes de la historia
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