El aragonés Miguel de Molinos predicaba el «quietismo», según el cual para ser feliz no hay que hacer nada: el alma ha de quedarse pura y quieta
Los escritos del sacerdote español Miguel de Molinos formaron la base del movimiento quietista en la Iglesia Católica Romana. Tanto sus obras como el movimiento fueron condenados por Roma.
Nacido en Muniesa, cerca de Zaragoza, el 29 de junio de 1628, Miguel de Molinos recibió un doctorado en teología de la Universidad de Valencia. En 1663 fue enviado a Roma como promotor de la canonización de un ciudadano valenciano. El caso fracasó, pero Molinos se quedó en Roma y se hizo ampliamente conocido como guía espiritual.

Aunque el libro de Molinos mostraba todos los signos habituales de aprobación eclesiástica, fue inmediatamente denunciado por los jesuitas, cuyos métodos de «ejercicios espirituales» eran diametralmente opuestos a la pasividad del aragonés. Sin embargo, varios poderosos dignatarios acudieron en su rescate. Justo cuando parecía salirse con la suya, el arzobispo de Nápoles, Caracciolo, advirtió al Papa de los peligros de «esos quietistas» (la primera vez que se usaba el término).
En 1685 Molinos fue arrestado, y sus escritos, incluidas 12,000 cartas, fueron examinados a fondo por el Santo Oficio. Hay rumores de que el cardenal francés D’Estrée, representante de Luis XIV, estaba detrás de todo el plan. De todos modos, Molinos fue declarado culpable no solo de errores doctrinales sino también de conducta inmoral. La última acusación ha continuado intrigando a los estudiantes de la historia de la Iglesia, ya que nuestro protagonista -ideas aparte- siempre fue conocido por su vida ejemplar. Lo más probable es que las acusaciones se hayan falsificado sobre la base de una interpretación malévola de ciertos pasajes de las cartas.









yo conozco a uno que….
No se si te refieres al mismo, pero hay un tal Rajoy que sería buen discípulo 🙂
Saludos!
No fue el único. Dentro de la Iglesia hubo muchos «disidentes» que criticaban el exceso de ejercicios corporales del ritual católico: arrodillarse, levantarse, sentarse, santiguarse, rezar en voz alta, etc. Por supuesto, fueron tachados de herejes y cosas así.
Un saludo, Félix.
Y es que siempre será mejor para el altísimo (digo yo que de asuntos de fe entiendo poco) menos protocolo y más buenas acciones para con el prójimo.
Un saludo, Cayetano