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El divorcio de terciopelo: la disolución de Checoslovaquia

DIVORCIO TERCIOPELO

El Divorcio de Terciopelo fue el nombre no oficial dado a la separación de Checoslovaquia en Eslovaquia y la República Checa a principios de la década de 1990.

El estado de Checoslovaquia

Al final de la Primera Guerra Mundial , los imperios alemán y austriaco/Habsburgo se desmoronaron, permitiendo que surgiera un conjunto de nuevos estados-nación. Uno de estos nuevos estados fue Checoslovaquia. Los checos constituían alrededor del cincuenta por ciento de la población inicial y estaban identificados con una larga historia; los eslovacos comprendían alrededor del quince por ciento, tenían un idioma muy similar al checo, lo que ayudó a unir al país, pero nunca había tenido su “propio” país. El resto de la población era, sobre todo, alemana, húngara y polaca.

revolucion terciopeloCon Hitler en el poder germano, la ocupación alemana se realizó del 1 al 10 de octubre de 1938, restándole con ello cerca de 30.000 km² a Checoslovaquia, sin que las otras potencias europeas reaccionaran…, es más, hubo demasiada complacencia. La Segunda Guerra Mundial llegó a su fin, y esto terminó con el país siendo “absorbido” por la Unión Soviética, así que pronto se estableció un gobierno comunista. Hubo movimientos contra este régimen, como la “Primavera de Praga de 1968”, aunque no dejó de permanecer en el “bloque oriental” de la Guerra Fría.

La revolución de terciopelo

A fines de la década de 1980, el presidente soviético Mikhail Gorbachev se enfrentó a multitud de protestas en Europa del Este, la imposibilidad de igualar los gastos militares de Occidente y la urgente necesidad de reformas internas. Su respuesta fue tan sorprendente como repentina: puso fin a la Guerra Fría de golpe, eliminando la amenaza de una acción militar dirigida por los soviéticos contra antiguos vasallos comunistas. Sin ejércitos rusos que los apoyaran, el gobierno comunista cayó en Europa del Este, y en el otoño de 1989, Checoslovaquia experimentó un conjunto general de protestas que se conoció como la “Revolución de Terciopelo” debido a su naturaleza pacífica y su éxito: los comunistas decidieron no utilizar la fuerza para aferrarse y negociar un nuevo gobierno, y se celebraron elecciones libres en 1990. Llegó el sistema capitalista, el auge de los negocios, partidos democráticos y una nueva constitución.

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muro pragaEl divorcio de Terciopelo

Las poblaciones checa y eslovaca en Checoslovaquia se habían distanciado durante el tiempo de vida del Estado, y cuando el “cemento” del comunismo se desvaneció, la nueva Checoslovaquia democrática se dispuso a discutir la nueva constitución y cómo debía gobernarse la nación. No obstante, se encontraron muchos problemas que seguían dividiendo a los checos y los eslovacos. Hubo discusiones sobre los diferentes tamaños y tasas de crecimiento de las economías y sobre el poder que debía tener cada territorio: muchos checos sentían que los eslovacos tenían demasiado poder para tan poca riqueza en comparación. Esto fue exacerbado por un nivel de gobierno federalista local que había creado ministros y gabinetes del gobierno para cada una de las dos poblaciones más grandes, bloqueando efectivamente la integración total. Pronto se habló de separar a los dos en sus propios Estados.

En las elecciones de 1992, Vaclav Klaus se convirtió en primer ministro de la región checa y Vladimir Meciar, primer ministro de la región eslovaca. Tenían diferentes puntos de vista sobre la política y comenzó la discusión sobre la idoneidad de dividir el país. Se ha argumentado que Klaus tomó la delantera al exigir una división de la nación, mientras que otros argumentaron que Meciar era un separatista. Lo cierto es que no había un estadista con suficiente carisma y suficiente apoyo para ser presidente de una Checoslovaquia unificada. Si bien los políticos no estaban seguros de si el pueblo en general apoyaba sus medidas, las negociaciones se desarrollaron de manera tan pacífica como para ganarse el nombre de ‘Divorcio de terciopelo’.

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fin praga comunistaConclusiones

La caída del comunismo en Europa del Este condujo no solo a la Revolución de Terciopelo, sino al derramamiento de sangre en Yugoslavia cuando ese estado colapsó en una guerra y una limpieza étnica (esa fue la excusa). La disolución de Checoslovaquia hizo un marcado contraste, y demostró que los estados pueden dividirse pacíficamente y que se pueden formar nuevos estados sin la necesidad de una guerra. Incluso ahora, las relaciones siguen siendo buenas, y son muy pocos los que reclaman un retorno al federalismo.

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