Vatel, el cocinero que llevó su honor hasta los límites

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estaba invitado… el principe de trataba con esta fiesta de volver a granjearse los favores y la confianza del Rey. François , nuestro cocinero, tenía una capacidad innata para organizar y preparar banquetes de  fiesta, era insuperable. Todo un ejército de proveedores de carnes y productos, los cocineros y los servidores, los panaderos y los lavavajillas, eran supervisados ​​rigurosamente por el perfeccionista . Una invitación para el Chateau de era un billete codiciado al mejor evento de la temporada.
Iba a ser un fin de semana de juerga sin fin, de caza y fiesta por los jardines, todo con una prodigiosa pompa y ceremonia. Se estima que hasta dos mil personas estuvieron presentes. Francois Vatel tenía el control completo, todos los detalles estaban previstos y su impecable reputación se  elevaría aún más por el éxito rotundo de ser el gran anfitrión del Rey, no había honor más grande que este.
Los invitados comenzaron a llegar, y Vatel estaba tan estresado que las noches sin dormir se sucedían. Cada cliente debe ser escuchado gritando de alegría, o el trabajo no habría sido bien hecho.Durante la cena de la noche del jueves, Vatel fue presa de la desesperación y vergüenza por la escasez de carne asada ¡horror¡, de  alguna forma el número de comensales había superado el número de invitados. Lo impensable había ocurrido, una escasez lamentable e imperdonable de carne, la ruina de una actuación perfecta.

La noche del jueves, aquel primer día, se cerró con una sesión de fuegos artificiales despampanante en honor del Rey, todo por y para el monarca, y todos a la cama… Lo curioso es que ninguno de los asistentes se quejó de escasez o calidad de los alimentos, pero Vatel era demasiado perfeccionista. Ante la escasez de carne, había pasado al plan B, pescados y mariscos que vendrían de todas las ciudades costeras, una oportunidad más para deslumbrar a la Corte.
A las 4 de la mañana del viernes, Vatel comenzó a inquietarse por la entrega de los productos del mar. Invitados y funcionarios por igual estaban profundamente dormidos ajenos a todo. Se presentó en el castillo el primer vendedor de pescado y le preguntó incrédulo: “¿Es esto todo lo que hay?”. Aquel comerciante sin saber que los productos habían sido ordenados de muchos puertos en grandes cantidades, respondió: “Sí”. Ante la sombría perspectiva de una nueva catástrofe en ciernes, Vatel fue a su habitación, sólo había una manera de preservar su honor y sería a través de la muerte. En el servicio de su monarca, y de su orgullo de cocinero, agarró la espada y se quitó la vida. Profesionalidad llevada al extremo que dirían…

12 COMENTARIOS

  1. Creo haber visto una pelicula sobre Monsieur Vatel protagonizada por el (para mi) mejor actor de todas las epocas aun vivo Gerard Depardieu.

    Eran otras èpocas, otras creencias y responsabilidades. Hoy le falta comida a todo un pais y no hay un Monsieur Vatel que agarre su espada y se suicide sintiendose responsable.

    Excelente entrada. Un abrazo amigo Felix !!

  2. Gabriel,
    Cierto, incluso estuvo nominada al Oscar a la mejor dirección artística. Que gran actor Depardieu. No es bueno llegar a estos extremos, sobre todo por cuestiones de salud, pero el ejercicio de la responsabilidad brilla por su ausencia en nuestros días.
    Un abrazo¡¡

  3. Bueno y por lo meno se mató, mira que si le da por matar a algún gorrón de los que se coló en la fiesta sin invitación y servir ese día carne picada en salsa, igual hubiera preservado su honor….por cierto esto es lo que hacen algunos ahora se cargan lo que sea por conservar el cargo…que alegorías…

    Un abrazo amigo

  4. Katy,
    Mmmm a ver, bien del todo no estaría, no. Pero la cuestión del honor ya sabes que llega a ser fundamental para muchas personas. El harakiri japonés es buena muestra de ello, aunque mejor seguir vivo para poder continuar con la tarea de “hincar el diente” 😉
    Bss

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