San Simeón, aquel que pasó 37 años subido a un pilar

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San Simeón, también llamado El Estilita (388-459 d.C.) -en griego, estilo significa pilar-, fue un cristiano que llevó su fe al extremo y alcanzó la fama gracias a que tuvo las santas narices de vivir durante 37 años ininterrumpidos subido a un pilar cerca de Alepo, en Siria, aunque ya antes de esta proeza habían comenzado sus extravagancias…
Se encerró durante un año y medio en una choza sin apenas probar bocado -hemos de reseñar que en aquella fecha no existían facebook ni twitter, lo cual hubiera ayudado- y, trás salir de su encierro, fue aclamado como un héroe por sus paisanos. La fama era lo último que buscaba, pero cada vez más personas acudían a él para pedirle consejo, dejándole poco o ningún tiempo para sus austeridades privadas. Simeón descubrió un pilar que había sobrevivido a unas ruinas y, sin pensarlo dos veces, decidió que allí viviría el resto de su vida…
Desde los nueve metros de altura de la columna divisaba a los monjes que ponían a prueba su fe, ya que aquellos dudaban y le cuestionaban el porqué de aquel gesto, “sólo busca la fama, pronto bajará” decian…; aguantó estoicamente el calor de 37 veranos y el frío de 37 inviernos, bien fuese con los brazos extendidos en forma de cruz o en posición de oración. Nada de vértigo, nada de pizza a domicilio, poca agua y menos comida, y erre que erre la burra al trigo…

Restos del pilar de San Simeón

Pronto las noticias llegaron a las altas jerarquías de la Iglesia y la Corte Imperial. El emperador Teodosio II y su esposa Aealia Eudoxia respetaban a nuestro protagonista y acudían a él en busca de consejo, e incluso mantenia correspondencia con St. Genoveva de París. Llegó a tal su influencia que fue enviada una delegación de la Iglesia para exigirle que descendiese de la columna como signo de sumisión, e incluso cuando enfermo gravemente se le enviaron hasta 3 médicos a los que rehusó. Puso su curación en manos de Dios y sanó prontamente…
En los últimos años de su vida tuvo que levantarse un doble muro para contener a los visitantes y admiradores, los cuales lo distraían de la oración; incluso cuando falleció su madre pidió que le trajesen el cuerpo para despedirse de ella, lo cual hicieron. Murió el 2 de septiembre del 459, cuando un discípulo, al amanecer, encontró su cuerpo encorvado en posición de oración. Tuvo un entierro multitudinario junto al pilar y allí quedó para la Historia… “Hay gente pa tó” que diría el torero…

Comentarios8 comentarios

  1. Curioso personaje que siempre me llamó la atención desde niño. Creo que su verdadero sobrenombre es el “estilita”, porque “estilista” sería más el que asesora sobre vestidos y peinados. Y este pobre hombre no está para esos trotes. Jejeje.
    Un saludo.

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