¿Qué hicieron por nosotros los romanos?

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Memorable aquella escena de La vida de Brian en la que el líder de “El frente popular de Judea” preguntaba en voz alta: “¿qué han hecho los romanos por nosotros?”. En lugar de pensar en los romanos como grandes inventores, una analogía más apropiada sería pensar en ellos como la empresa Apple. No inventó el teléfono inteligente, ni creó la primera descarga de música, y las tabletas electrónicas existían una década antes que el iPad. Pero lo que hizo Apple fue tomar los conceptos existentes y desarrollarlos de una forma que no se había hecho antes. Los romanos hicieron exactamente lo mismo: tomaron una idea y la desarrollaron al siguiente nivel. Veamos algunos ejemplos.

Los romanos y las carreteras

En el siglo V a. C., el rey Darío de Persia ordenó la construcción de la “carretera real”, que se extendía más de 2.000km, pero no toda estaba pavimentada, ni era recta. La carretera pavimentada más antigua de la historia se encuentra junto a una cantera egipcia y tiene alrededor de 4.600 años.

Los romanos vieron el potencial de aquellos primeros caminos, por lo que tomaron prestada la idea y la mejoraron. En el cénit del imperio romano había 29 carreteras que partían de la capital, con 113 provincias interconectadas por 372 carreteras, más de 100.000 km.

Vía Apia

Los caminos rectos pavimentados mejoraron la comunicación, el comercio y el movimiento de ejércitos. Sin embargo, también eran costosos de construir y mantener. Sólo el 20% de las carreteras romanas estaban pavimentadas en piedra, lo que significa que el 80% eran vías de tierra o sólo se cubrían con grava, con lo que se hacían impracticables durante los meses de invierno. En las Tablas de Vindolanda -una serie de “postales” escritas sobre astillas de madera y desechadas en una fortaleza romana en la Muralla de Adriano- es interesante leer las quejas sobre el estado de las carreteras por las que los soldados viajaban, demostrando que el mantenimiento no era siempre una prioridad.

Los romanos copiaron a los griegos… mucho

La civilización romana entró en escena definitivamente en el siglo III a.C.. Para entonces, los griegos habían cultivado su cultura durante siglos. En el siglo II a.C., Macedonia era todavía una potencia militar, pero Roma era un vecino incómodo y tuvieron hasta cuatro guerras. En 146 a. C., Macedonia y el resto del mundo griego habían caído bajo el dominio romano.

La arquitectura romana es un buen ejemplo de influencia griega. Las primeras estructuras en Roma eran circulares, con una clara influencia celta, pero con el tiempo todo cambió. Las columnas y los frontones triangulares que habían estado en toda Grecia durante siglos empezaron a surgir.

Otro ejemplo de la influencia griega en Roma es el Panteón de los Dioses, renombrado por los romanos pero, en términos de mitos e imágenes, completamente intercambiable con los dioses griegos. Zeus era Júpiter y Ares era Marte, por citar dos ejemplos.

Arte romano: Carrera de carros con los aurigas en posición de salida. Mosaico del siglo III, Museo Arqueológico Nacional, Madrid, España

Los Juegos Olímpicos -a su manera- también florecieron bajo el dominio romano e incluso las carreras de carros parecen haberse originado en Grecia.

Los romanos y el hormigón

Hay una forma de hormigón que produce la naturaleza, así que, técnicamente, no la inventaron los humanos. Alrededor de 1200 a.C., los micénicos hacían casas de hormigón. Independientemente, los beduinos del norte de África también crearon su propio hormigón antes de la época romana.

Sin embargo, fueron los romanos los que inventaron el hormigón hecho a partir de una mezcla de agua, cal viva, arena y ceniza volcánica, el “concreto”, que proviene del latín concretus , y que significa “compacto”. Aunque los romanos no usaban la palabra latina concretus; lo llamaron opus caementicium .

Coliseo, Roma © Horst Gossmann

Los romanos se dieron cuenta que construir arcos y cúpulas con un material casi líquido de secado rápido era mucho más fácil que tratar de construir los mismos en ladrillo o piedra. Era mucho más barato y más rápido que construir que una gran estructura de mármol sólido. También fueron los romanos quienes desarrollaron la idea de hacer un armazón antes de revestirlo con piedra. El Coliseo de Roma es un ejemplo de una gran estructura romana, principalmente hecha de hormigón.

El emperador Augusto dijo: “Encontré Roma como una ciudad de ladrillos y la dejé convertida en una ciudad de mármol”. Si bien esta puede ser una afirmación que subraya sus logros como emperador, se perdió el material de construcción romano más importante de todos, el hormigón.

Julio César creó un calendario

El calendario juliano no fue el primer calendario, pero ha sido el más influyente en la historia europea. Aunque Julio César no fue el que puso el nombre a los meses. Fue hecho más tarde en su honor. Quintilis cambió a Iulius (julio), y el octavo mes se conoció como Augustus (agosto).

El calendario juliano tiene un año regular de 365 días, dividido en 12 meses, con un día agregado a febrero cada cuatro años. Este sistema funcionó bien durante más de un milenio.

Sin embargo, el año no es exactamente 365 ¼ días de duración. Aunque esto era solamente una discrepancia minúscula, a medida que los siglos pasaron comenzó a causar problemas -el año del calendario ganaba cerca de tres días cada cuatro siglos-. Así que durante largos períodos de tiempo, necesitó ajustes, hasta que en 1582 se sustituyó por el gregoriano para convertirse en nuestro moderno calendario.

Los romanos eran maestros en la guerra de asedio

Los romanos no inventaron la guerra de asedio, pero ciertamente la dominaban. Es justo decir que si las legiones romanas llegaban hasta una ciudad o fortaleza enemiga, los defensores estaban en desventaja, sin importar cuan altas o gruesas fueran sus paredes. Sus armas eran superiores.

Grabado de la máquina de guerra Escorpión (Amberes, 1605) Archivo Histórico Universal

Una de estas herramientas mortales fue la balista (lo que hoy en día llamaríamos catapulta), que arrojaba piedras o, a veces, fuego griego, el antiguo equivalente del napalm. Dependiendo de las circunstancias, las balistas también podían ser montados en buques de guerra. Los romanos eran excepcionales ingenieros que eran capaces de determinar los puntos débiles de las paredes defensoras.

El escorpión, por su parte, era como una gran versión de la balista. Podría disparar a largas distancias (fuera del alcance de los arqueros enemigos).

Otro arma compleja y temible era la torre de asedio. Una torre de madera portátil, diseñada para ser movida hasta las paredes enemigas, permitiendo que las tropas del interior se abalanzaran sobre los defensores enemigos. Las torres de asedio se tardaban en construir y necesitaban rampas, lo que permitía a los defensores ver lo que se les venía encima y darles tiempo para preparar un contraataque. Sin embargo, cuando las torres de asedio eran desplegadas, había poco que hacer.

Si todo esto fallaba, nada mejor que un ariete contra las puertas de los defensores. Estos troncos estaban protegidos por pieles húmedas para evitar que los defensores los quemaran.

Una vez que se rompían las murallas enemigas, los soldados romanos avanzarían en una formación de testudo (tortuga). Esto implicaba cubrir sus cabezas con sus escudos rectangulares, con otros escudos que protegían su frente y lados. Tal formación absorbía flechas y pequeñas rocas, dando a los hombres un valioso tiempo para llegar al combate relativamente ilesos.

Diocleciano trató de reinventar el gobierno y la economía

No todos los experimentos romanos tuvieron éxito. En el año 284, Diocleciano, un hombre que había ascendido en el ejército, se convirtió en emperador. Solidificó la idea de la “tetrarquía”: un sistema de sub-emperadores, cada uno gobernando un número de provincias. Esto significaba que los asuntos locales podían ser tratados unilateralmente y que el poder era compartido (hasta cierto punto).

Sin embargo, hacia el año 300, el imperio de Diocleciano se enfrentaba a problemas económicos: el libre comercio se había roto en algunas zonas y los precios estaban subiendo. El emperador no ayudó a la situación cuando se embarcó en un costoso programa de construcciones públicas a un nivel que no se veía desde hacia generaciones.

Diocleciano trató de hacer frente a estos problemas. En primer lugar, revisó el sistema tributario. También reconoció que la acuñación de moneda se “le había ido de las manos”, así que puso medidas y revalorizó todas las monedas. Si bien esto puede sonar como una buena idea, los costos siguieron aumentando aún más rápido, creando un gran aumento en los precios.

Diocleciano respondió estableciendo precios máximos en la mayoría de los productos. ¿La penalidad por desobedecer estos precios impuestos? La muerte. El sistema de precios fijos fue ampliamente despreciado, y casi tan pronto como fue introducido, fue generalmente ignorado. La ley de la oferta y la demanda dicta que si alguien necesita algo perentoriamente, pagará por encima del precio de mercado. Bajo estas circunstancias, el mercado negro creció. Afortunadamente, la situación no duró mucho tiempo -una vez que la nueva moneda tuvo la oportunidad de integrarse en la economía romana, los precios comenzaron a normalizarse-.

Diocleciano fue también un emperador romano inusual ya que, en el año 305, abdicó voluntariamente a favor de un sistema de dos emperadores. Se retiró a la costa dálmata (Croacia), donde vivió sus últimos días y pasó su tiempo cultivando coles.

Hay una cosa que los romanos sí inventaron: el libro

Después de todos estos ejemplos de que los romanos mejoraron las ideas existentes en lugar de inventar otras nuevas, tenemos una que fue genuina.

El primer alfabeto reconocible, y por lo tanto la escritura, se desarrolló en la antigua Babilonia alrededor de 3100 a.C. Esta escritura se hizo en tabletas de arcilla. Los egipcios lo mejoraron con los papiros -pesaban algo menos-. El “conocimiento” así era más fácil de transportar, pero aún así seguía siendo voluminoso. Por la misma época en que se inventaba el papel en China, los romanos inventaron el códice. Por primera vez, hojas de un tamaño uniforme estaban unidas entre sí, entre dos cubiertas protectoras más grandes y fuertes. Y nuevamente por primera vez, grandes cantidades de información escrita podrían concentrarse en un volumen fácilmente transportable.

Esto se convertiría en la forma estándar de almacenar información hasta la llegada del e-book 1.900 años después. Gracia a Roma -durante y después de su era-, el libro se convirtió en el formato estándar para la escritura. El más famoso, la palabra “biblia” es la que se usaba en griego para definir “libro”. La invención del libro permitió un intercambio de cultura e ideas complejas hasta nuestros tiempos, sin duda clave en el desarrollo de la humanidad.

Por no hablar de los acueductos, el periódico, los arcos romanos, los retretes, el jabón, el molino de agua, el vidrio soplado, las cosechadoras, los anfiteatros, etc… La repuesta al líder del “Frente Popular de Judea”, interpretado por el gran actor John Marwood Cleese es clara. Nos dejaron mucho, así que de cara a la pared!

Imágenes: Museo Arqueológico Nacional, Madrid, Archivo Histórico Universal / Getty Images, Horst Gossmann / Dreamstime.com, La vida de Brian

Fuentes: Inventos que cambiaron el mudo, Edit. Montena, HistoryExtra

Comentarios4 comentarios

    • Es una forma fantástica de introducir a los alumnos en esta importantísima etapa de nuestra historia, te sale el alma de profesor. ¿La Paz? 🙂 🙂
      Saludos!

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