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La Leyenda del Sol y la luna de la majestuosa ciudad de Teotihuacán

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Uno de los lugares más llenos de misterios del mundo antiguo es la ciudad de Teotihuacán, donde según los antiguos habitantes del valle de México, fueron creados el Sol y la Luna. Con sus pirámides repletas de pasadizos ocultos, esta ciudad se convertiría en el centro ceremonial de las culturas mesoamericanas, al punto que los aztecas imitaron su distribución espacial para erigir su capital, Tenochtitlán. Aún hoy permanecen infinidad de misterios en torno a la milenaria ciudad.

Cuando los aztecas llegaron allí alrededor del 1400 d.C., encontraron inmensos templos en ruinas. Ante su majestuosidad creyeron por fin haber descubierto el sitio donde los Dioses se habían reunido para iluminar los cielos, crear el día y la noche y dar vida a la humanidad.

tehotihuacan leyendaSegún la leyenda azteca sobre Teotihuacán, hubo cuatro reinos anteriores al del Sol y la Luna

Cada uno estuvo atravesado por la feroz competencia entre Quetzalcóatl y Tezcatlipoca. Estas dos deidades, creadas por la primigenia energía dual de Ometecuhtli y Omecíhuatl, ambicionaban una humanidad que adorara a sus creaciones, los astros y la naturaleza. Debido a las constantes batallas entre Quetzalcóatl y Tezcatlipoca por probar qué creación era más perfecta, las distintas cuatro humanidades anteriores al Quinto Sol, perecieron trágicamente.

Según la leyenda, el primer mundo creado fue gobernado por Quetzalcóatl, quien se adelantaría en crear un Sol de Viento y a la primera humanidad. La era del primer Sol duraría 676 años, hasta que Tezcatlipoca arrasara el mundo con furiosos vientos y huracanes. Solo pocos de esa humanidad sobrevivieron guareciéndose en los árboles, aunque fueron convertidos en monos por el dios iracundo.

Era el turno de Tezcatlipoca, que se haría cargo de poner en lo alto un Sol de Fuego con una gran humanidad que le adore. Quetzalcóatl se vengaría 300 años más tarde, provocando al Sol de fuego a lanzar una lluvia de llamas que acabe con la segunda era de la humanidad. Quetzalcóatl convertiría en pavos a los pocos que habían conseguido escapar.

De este modo, Quetzalcóatl pasaría a reinar por 312 años, en la tercera era de la humanidad, la del Sol de Agua. Tezcatlipoca tomaría revancha provocando tormentas torrenciales que inundarían los suelos por más de 52 años, esta fue la era en la que los humanos fueron transformados en peces.

Durante 600 años los humanos vivirían adorando al cuarto Sol, el Sol de Tierra creado por Tezcatlipoca. Esto sería hasta que Quetzalcóatl enviase a jaguares hambrientos a devorarlos. A su vez, con su ira Quetzalcóatl  sumiría al mundo en una fría oscuridad en la que ninguna humanidad pueda volver a crecer.

Tras un largo período de penumbras, los dioses se dieron cita en Teotihuacán, con el propósito de crear al Quinto Sol

Para eso hicieron arder una inmensa hoguera que se elevó hasta el cielo. A su alrededor, decidieron que un dios saltaría al fuego para elevarse como el nuevo Sol. Tecciztecatl sería el elegido, arrogante por su fuerza y belleza. Sin embargo, al sentir el calor de las llamas, él retrocedería. Ante los titubeos de Tecciztecatl, daría un paso adelante Nanahuatzin, un dios pequeño y con una piel desagradable, cubierta por escaras y verrugas.

Los dioses concederían el lugar a Nanahuatzin para dar luz al nuevo Sol. Este no dudaría en saltar al fuego y elevarse a lo alto como un astro tan ardiente y luminoso como las llamas de las que brotaba. Al ver lo sucedido, Tecciztecatl se sentiría empequeñecido por no haber tenido el mismo valor que Nanahuatzin. Así, el orgullo de Tecciztecatl haría que también él se arroje a las llamas, haciendo emerger un segundo astro.

Los dioses advirtieron que con dos Soles en el cielo se incineraría la humanidad, por lo que decidieron que el Sol de Tecciztecatl no debía arder allí, del mismo modo que su valentía no estuvo cuando debió.

Por esto, Ehecatl arrojó un conejo directo al segundo astro, haciendo que se apague y quede como una roca blanca.

Dos astros iluminarían el cielo: uno de forma brillante, el Sol que daba origen al día; otro tenuemente, siendo la Luna de la noche

Para que fueran adorados por la humanidad, los dioses elevaron las pirámides del Sol y de la Luna

La leyenda explica porqué, en náhuatl, Teotihuacán significa “donde nace el Sol”. Hoy, más de doscientas mil personas al año se dirigen a Teotihuacán para admirar al Sol y la Luna, si bien lo hacen de un modo muy distinto al original.

También los mitos rodean aún a las pirámides de Teotihuacán, en creencias como la que afirma que, si se pide un deseo de pie en el centro de las pirámides, los astros enviarán energía sagrada para hacerlo realidad, sin duda Teotihuacán es una de las ciudades con más misterios de las antiguas civilizaciones mesoamericanas.

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