Invasiones romanas. Asalto a Hispania

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Era una misión muy dura la que los romanos se habían fijado al querer dominar y civilizar a aquellos pueblos agitados, amantes de los combates, ardientes ya a la manera del Cid y alocados como Don Quijote. Militarmente hablando, la tarea no ofrecía grandes inconvenientes. Es cierto que los españoles (entendiendo este término por los habitantes de Hispania) habían mostrado, desde las murallas de sus ciudades o en las filas del ejército de Anibal, que no eran enemigos despreciables.
Muchas veces hicieron huir o arruinaron sus legiones, cuando se arrojaban sobre ellas con una fuerza sin igual en columnas cerradas, armados con espada corta de dos filos, que los romanos les plagiaron más tarde.
Si hubieran podido acatar la disciplina, y hubiesen tenido alguna relación política, habrían sido bastante fuertes para despreciar victoriosamente al invasor extranjero; pero su coraje era el del guerrillero, no la del soldado propiamente dicho, y carecían por completo de sentido político. Jamás hubo entre ellos ni guerra ni paz, como les reprochará César posteriormente.

En paz jamás estuvieron tranquilos; en guerras se llevaron siempre mal. Los generales de Roma disgregaban fácilmente las bandas de rebeldes que podían alcanzar; pero el hombre de Estado no sabía que recursos debía solicitar para calmar sus constantes levantamientos e ir al mismo tiempo civilizándolos: todos los recursos empleados no eran más que calmantes, porque, en la época que tratamos, aún no se había comenzado a utilizar, fuera de Italia, el único remedio eficaz, la colonización latina en gran escala.

Aníbal y la segunda guerra púnica

El país conseguido por Roma en el transcurso de sus guerras con Anibal se dividía, naturalmente, en dos amplias regiones: el antiguo dominio de Cartago, formado por lo que son en la actualidad Andalucia, Murcia y Valencia, y la región del Ebro o la actual Cataluña y Aragón. Estas dos regiones formaron, más tarde, los repectivos centros de las dos provincias, Ulterior y Citerior.
Con respecto al interior del país (lo que hoy ocupan ambas Castillas), los romanos le otorgaban el nombre de Celtiberia, y quisieron también conquistarlo palmo a palmo, conformándose con tener a raya a los habitantes del Oeste, entre otros a los lusitanos (Portugal y Extremadura) y despreciarlos cuando invadiesen la España romana. Quedaban los pueblos de la costa septentrional, los gallegos, los astures y los cántabros; a los que Roma dejó completamente a un lado.
Tiberio Graco dominó 300 ciudades y aldeas, pero aprovechándose más de su amabilidad y de su destreza que de la fuerza, y asignó definitivamente y de una forma durarera la dominación de Roma entre los naturales. Por último, a través de justos e inteligentes tratados arregló las relaciones entre varios pueblos y los romanos, reprimiendo así en orígen los futuros levantamientos. A partir de ahí, en la península existió una tranquilidad relativa…

Más información: Historia de Roma, Theodor Mommsen
Imágenes: Wikicommons

Comentarios6 comentarios

  1. Bravos guerreros los de la península que dieron más de un quebradero de cabeza a los romanos. Aníbal lo sabía, por eso reclutó a un nutrido grupo de valientes iberos durante la Segunda Guerra Púnica. Lo único que en aquella época hablar de españoles era todavía un poco prematuro dada la falta de unidad entre ellos y el carecer de un proyecto colectivo.
    Un saludo.

  2. Cayetano,
    Claro que hablar de “espanoles” es algo extemporaneo. Tan sólo es un consenso artificial que usan muchos historiadores para referirse a los habitantes de la piel de toro. Un patio de colegio tenía más orden que aquello, pero no eran rivales fáciles. El orden se impuso al caos.
    Un saludo

  3. Lo que esta escrito escrito queda. Pero ¿no crees que la herencia sigue?
    No se donde oí aquello que España era ingobernable por o mismo, porque cada cual va a su bola. Dividimos más que unimos:-(
    Igual es solo una percepción
    Buen finde

  4. Cuando los hispanos vieron que había calzada en vez de caminos todo comenzó a estar en paz, pues si además se podía llevar agua con los acueductos…estos romanos resulta que al final fueron un chollo para nosotros ;-))
    Un abrazo amigo

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