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La historia de los huesos robados de San Nicolás

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No se lo digas a los niños, pero Santa Claus lleva muerto más de 1.600 años. No, su cuerpo no está en el Polo Norte, y no está enterrado con la Sra. Claus. De hecho, sus restos están a miles de kilómetros de distancia, en la soleada costa adriática de Italia. Y el difunto probablemente no esté muy contento con lo que sucedió con ellos. Fueron robados en el siglo XI, y han sido objeto de disputas desde entonces.

Por supuesto, el Papá Noel del folklore no tiene esqueleto. Pero su fuente de inspiración, San Nicolás, sí. Esto es todo lo que podemos decir con certeza sobre él: fue un clérigo que vivió y murió en lo que hoy es Turquía en la primera mitad del siglo IV. La leyenda nos dice que nació en una familia rica y dedicó su vida a dar regalos. Una vez, arrojó tres bolsas de oro en la ventana de la casa de una familia pobre, salvando a las tres hijas que vivían allí de una vida de prostitución. También protegió a los marineros, quienes aseguraban que gritaban su nombre con mares embravecidos, y luego las olas desaparecían.

Los marineros difundieron el culto a Nicolás por todo el mundo. Un siglo después de su muerte ya era adorado como santo, dando su nombre a cientos de puertos, islas y ensenadas, y miles de bebés varones. Se convirtió en uno de los santos más queridos de toda la cristiandad, tanto en las tradición oriental como occidental.

Sepulcro original de San Nicolás en Turquía
Sepulcro original de San Nicolás en Turquía

Como era uno de los santos más populares en el mundo cristiano, el cadáver de Nicolás era particularmente atrayente. Los cuerpos de santos y mártires eran muy importantes para el desde su comienzo: las primeras iglesias se construyeron sobre las tumbas de los santos. Se pensó que las partes corporales de los santos funcionaban como walkie-talkies espirituales: se podía comunicar con poderes superiores a través de ellos, y ellos, a su vez, podían manifestar fuerzas santas en la Tierra. Podían curarte, protegerte e incluso realizar milagros.

A veces, los milagros se refieren a los propios cuerpos de los santos. Sus cadáveres no se descomponían, exudarían un fluido misterioso o comenzarían a gotear sangre que misteriosamente se solidificaría y luego volvería a licuarse. Lo mismo sucedió con Nicolás: en algún momento después de su muerte, sus restos comenzaron a secretar un líquido llamado maná o mirra, que se decía que olía a rosas y que poseía potentes poderes curativos.

La aparición del maná se tomó como una señal de que el cadáver de Nicolás era especialmente sagrado, y los peregrinos comenzaron a congregarse por miles en su tumba en la ciudad portuaria de Mira (ahora llamada Demre). En el siglo XI, otras ciudades comenzaron a ponerse celosas. En ese momento, las ciudades y las iglesias a menudo competían por reliquias, ya que daban poder y prestigio de la misma forma que lo haría un equipo equipo de fútbol hoy en día.

Tumba de San Nicolás en la Basílica de San Nicola, Bari

Originalmente, el comercio de reliquias se había nutrido de las catacumbas de Roma, pero cuando la demanda superó a la oferta, los mercaderes, e incluso los monjes, se deslizaron por las criptas de las iglesias para robar algunos huesos santos. Tales robos no eran vistos como un pecado; la santidad de los restos superaba cualquier preocupación ética. También se pensaba que las reliquias tenían sus propias personalidades; si no querían que las robaran, no lo permitirían. Como la espada del rey Arturo en la piedra, solo podían ser sustraídos por la persona adecuada.

Así fue como Mira perdió a San Nicolás. Los culpables fueron un grupo de mercaderes y marineros de la ciudad de Bari, ubicada en el talón de la bota de Italia. Querían competir con los venecianos, sus rivales comerciales al norte, que eran conocidos por robar los huesos de San Marcos de Alejandría en el 827.

Según un relato escrito poco después del robo, tres barcos zarparon de Bari al puerto de Mira en la primavera de 1087. Cuarenta y siete bareses bien armados desembarcaron y entraron en la iglesia de San Nicolás, donde pidieron ver el la tumba de santo. Los monjes, que no eran idiotas, sospecharon y preguntaron el porqué. Los bareses no se detuvieron, ataron a los monjes y se abrieron paso hasta el sarcófago de Nicolás. Encontraron sus restos y olieron un perfume celestial.

san nicolas bariNicolás de Mira se convirtió en Nicolás de Bari

Los ladrones se hicieron famosos, y durante siglos sus descendientes recibieron un porcentaje de las ofrendas ofrecidas en el día de la fiesta del santo. La gente de Bari construyó una nueva basílica para contener los restos, lo que atrajo a miles de peregrinos a lo largo de la Edad Media. Incluso hoy, Bari sigue siendo un importante lugar de peregrinación en el sur de Italia, visitado tanto por católicos romanos como por cristianos ortodoxos. Cada mes de mayo, un festival celebra la llegada de las reliquias de Nicolás. El rector de la basílica se inclina sobre el sarcófago de Nicolás y extrae algo de fluido en un frasco de cristal. El fluido se mezcla con agua bendita y se vierte en botellas decoradas que se venden en las tiendas de Bari; se cree que es una bebida curativa.

Pero Bari no es el único lugar que se jacta de albergar los huesos de San Nicolás. Si le preguntas a los venecianos, dirán que sus marineros visitaron Mira durante la Primera Cruzada y robaron los restos del santo, que han estado en Venecia desde entonces. Durante siglos, tanto Bari como Venecia han reclamado la titularidad del esqueleto del santo.

En el siglo XX, los científicos entraron en escena. Durante la reforma de la basílica de Bari en 1953, los funcionarios de la iglesia permitieron que el profesor de anatomía de la Universidad de Bari, Luigi Martino, examinara los restos. Martino encontró los huesos, frágiles y fragmentados, y muchos de ellos faltaban. Llegó a la conclusión de que habían pertenecido a un hombre que murió a los setenta años, aunque como al experto le dieron poco tiempo no pudo decir nada más.

san nicolas

Unos años después, Martino y otros científicos también estudiaron los huesos venecianos. Llegaron a la conclusión de que esas reliquias y las de Bari provenían del mismo esqueleto, y teorizaron que los marineros venecianos habían robado lo que quedaba en Mira después de que los bareses hubiesen asaltado la tumba.

En cuanto a Demre, todo lo que tienen es una tumba vacía. Y quieren recuperar sus huesos. En 2009, el gobierno turco dijo que estaba considerando una solicitud formal a Roma para la devolución de los restos de Nicolás. Aunque los huesos tienen poca importancia religiosa en una nación que es 99% musulmana, en Turquía aún existe la sensación de que el robo secular fue una violación cultural. Su restitución sería sin duda un beneficio económico: según los funcionarios locales, los turistas en Demre con frecuencia se quejan de la tumba vacia. A pesar de que Santa se ha convertido en un icono cultural internacional, su mito todavía está enraizado en un conjunto de huesos lejos de casa.

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