Giordano Bruno, el primer mártir de la Ciencia

4

Hubo otros y otras antes que él, pero es ampliamente considerado como el primer científico mártir de la Iglesia. Aquel que muriera quemado en la hoguera en 1600 por hereje. Filósofo, cosmólogo y ocultista que se negó a renunciar a su “religión”: la Ciencia y la Filosofía. Sus peligrosos trabajos y teorías incomodaron en demasía a la Iglesia Católica ya que tenía un mal hábito: pensaba libremente…

Natural de Nola, Italia, donde nació en 1548, a la edad de 11 años se trasladó a estudiar a Nápoles, donde entró a formar parte de la Orden Dominicana. En 1572 se convierte en sacerdote. En esa época, desarrolla un sistema de memoria único y de gran complejidad, basado en la organización del conocimiento, e invitó al Papa a conocerlo, que lo distinguió por sus excepcionales dotes. Sin embargo, Giordano Bruno tenía un mal hábito: pensar libremente.

Su percepción cosmológica trascendía más alla de la doctrina de la Iglesia, ya que negaba la teoría heliocéntrica y consideraba al Sol como uno más de los incalculables cuerpos celestes en movimiento.

Fue el primer europeo que miró a las estrellas considerándolas como soles. Con influencias de la astrología árabe, el neoplatonismo y el hermetismo del Renacimiento, leía con gran pasión las obras de Tomás de Aquino, Marsilio Ficino, y Averroes, del cual toma el concepto de una “mente global”.

Así, Bruno comienza a cuestionar la doctrina teológica, y desarrolla un sistema panteísta que, si bien acepta la existencia de Dios, lo tiñe con creencias contrapuestas a las “oficiales”.

Como más tarde confesó, tuvo una vida monástica más bien “caótica”: por dos veces eliminó las estatuas de los Santos, dejando sólo la cruz, mientras que su enseñanza e interpretaciones teológicas generaban polémica entre sus discípulos y jerifaltes. Por si fuera poco, fue acusado de defender la herejía del arrianismo y tenía escondidos debajo del colchón los textos prohibidos de Erasmo.

Al darse cuenta de que la “némesis divina” se acercaba, Bruno salió de Nápoles “pies en polvorosa” y comenzó a viajar por Europa, donde hizo parada y fonda en Ginebra y Francia.

En Lyon, Toulouse, comienza a ejercer como profesor de filosofía, y de ahí marchó a París, donde sus conferencias obtuvieron gran reputación por su enorme talento. Incluso obtuvo el favor del rey Enrique III.

Este, envió a Giordano Bruno a Inglaterra, donde no logró convertirse en profesor de la Universidad de Oxford, aunque su oratoria controvertida y sarcástica le puso en un brete. Fue atacado por una turba enfurecida y otra vez “pies para que os quiero”… camino esta vez de Alemania.

En Alemania duró bien poco, otra vez el hatillo y camino de Italia, donde Bruno comenzó a ofrecer clases particulares en el domicilio de los Mocenigo. Dos meses duró aquello. La historia nos cuenta que la Inquisición veneciana recibió una denuncia por parte de uno de sus alumnos (otro Judas) y fue a por él. La detención  se produce el 22 de mayo de 1592. Sobre él pesaron cargos de blasfemia, herejía y desviación moral debido a sus creencias sobre la forma del universo, y sobre todo por sus ideas panteístas.

Giordano Bruno se negó a renunciar a sus creencias y durante los siguientes siete años fue torturado en una prisión de Roma. A principios de 1600, el Papa decidió condenarlo a muerte en la hoguera y el tribunal anunció la sentencia. Se cuenta que estaba de rodillas cuando la escuchó, se levantó y dijo:

Decid, ¿cúal es mi crimen? ¿lo sospecháis siquiera?

Y me acusáis, ¡sabiendo que nunca delinquí!
Quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera,
Levantará la historia una estatua para mí.
Yo sé que me condena vuestra demencia suma,
¿Por qué?…Porque las luces busqué de la verdad,
No en vuestra falsa ciencia que el pensamiento abruma
Con dogmas y con mitos robados a otra edad,
Sino en el libro eterno del Universo mundo,
que encierra entre sus folios de inmensa duración;
los gérmenes benditos de un porvenir fecundo,
basado en la justicia, fundado en la razón.
Y bien, sabéis que el hombre, si busca en su conciencia,
la causa de las causas, el último por qué
ha de trocar muy pronto, la Biblia por la ciencia,
los templos por la escuela, la razón por la fé.
Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo
todo lo grande , y quisierais poderme desmentir.
Más aún, vuestras conciencias, hundidas en el lodo
de un servilismo que hace de lástima gemir…
Aún allá, en el fondo, bien saben que la idea,
es intangible, eterna,divina, inmaterial…
Que no es ella el Dios y la religión vuestra
Sino la que forma con sus cambios, la historia universal.
Que es ella la que saca la vida del osario
la que convierte al hombre, de polvo, en creador,
la que escribió con sangre la escena del calvario,
después de haber escrito con luz, la de Tabor.
Mas sois siempre los mismos, los viejos fariseos,
Los que oran y se postran donde los puedan ver,
fingiendo fé, sois falsos llamando a Dios, ateos
¡chacales que un cadáver buscáis para roer!…
¿Cúal es vuestra doctrina? Tejido de patrañas,
vuestra ortodoxia, embuste;vuestro patriarca, un rey;
leyenda vuestra historia, fantástica y extraña.
Vuestra razón la fuerza; y el oro vuestra ley.
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles
Tenéis la bacanales, su pérfida maldad;
como ellos sois farsantes, hipócritas y viles
Queréis, como quisieron, matar a la verdad;
Mas…¡Vano vuestro empeño!…Si en esto vence alguno;
soy yo porque la historia dirá en lo porvenir;
“Respeto a los que mueren como muriera Bruno”
Y en cambio vuestros nombres…¿Quién los podrá decir?

¡Ah!…Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte;
Morir como yo muero…no es una muerte ¡no!
Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte
Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡ Soy Yo!
Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,
Decidle que a la muerte me entrego como un sueño,
porque es la muerte un sueño, que nos conduce a Dios…
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones
que al hombre da la vida y al par su maldición,
Sino a ese Dios-Idea, que en mil evoluciones
da a la materia forma, y vida a la creación.
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,
Al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,
Al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,
Con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar,
Que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí ante el martirio,
de la verdad que sepa , no me haréis apostatar.
¡Mas basta!…¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra,
¡Cobardes! ¿Qué os detiene?…¿Teméis al porvenir?
¡Ah!…Tembláis…Es porque os falta la fé que a mí me sobra…
Miradme…Yo no tiemblo…¡Y soy quien va a morir!…

No se equivocaba… estatua de Giordano Bruno en el Campo del Fiori

La historia de Giordano Bruno from Javier Smaldone on Vimeo.

Comentarios4 comentarios

  1. No sabía que fue el primero… por eso es bueno leerte (sonrío).

    La verdad es que si miras la historia de la iglesia católica no tiene desperdicio en cuanto a barbaridades hechas en nombre de la religión. Incluso actualmente, oyendo a algunos “patriarcas” se me ocurre que si pudieran…

    Como siempre, un excelente artículo. Lo tuyo es escribir; es algo que tengo muy claro desde hace ya muchos años.

    Fuerte el abrazo, Félix.

    • Técnicamente no fue el primero, aunque la mayoría de los historiadores así lo tienen. Sin ir más lejos, a nuestro paisano Miguel Servet ya le habían quemado en 1953, y también era teólogo y científico. Así que, dicho esto, tendré que llevarle la contraria a la historiografía y cambiar el título del artículo 😉
      Gracias por el inmerecido halago!
      Abrazo

Amigo de HDNH, puedes dejar tu comentario ;-)