Eusapia Palladino, la médium que atrajo a los científicos

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Científicos, escritores y otros intelectuales estaban fascinados por ella y la curiosidad los hacía asistir a sus sesiones. Eusapia Palladino era un enigma, la mujer que supuestamente podía comunicarse con los muertos. El fenómeno social de los comienzos del espiritismo moderno.

Nacida el 21 de enero de 1854 en Bari, Italia, muy joven se casó con un artista teatral llamado Raphael Delgaiz. Muchos sugieren que aprendió mucho de su primer marido. Estos conocimientos le sirvieron más adelante. Más tarde, se casó con Francesco Niola, un comerciante.

Alexandr Aksakov (derecha) “controla” mientras que Palladino levita mesa, Milán. (1892)

Aunque tanto magos como escépticos de la magia concluyeron que no era más que una astuta tramposa, sus sesiones estaban llenas de gente ávida de curiosidad.

La fama de la Palladino comenzó en Polonia. Visitó Varsovia en dos ocasiones. La primera vez, fue invitada por un psicólogo, el Dr. Julian Ochorowicz. La acogió de noviembre de 1893 a enero de 1894. Quería demostrar al público polaco sus poderes, y de paso, ganar una buena suma de dinero.

Ochorowicz la presentó al escritor polaco, Bolesław Prus, que asistió a varias de sus sesiones y comenzó a promoverla en la prensa. Durante las reuniones con Palladino, se sintió inspirado para escribir la novela histórica Faraón”. Prus comenzó a escribirla en 1894, después de que Eusapia saliera de Polonia. No era un secreto que Eusapia adoraba Prus.

La creciente fama de Eusapia le proporcionó una invitación desde Inglaterra. En julio de 1895, hizo su aparición en Cambridge con sus sesiones espíritas. A partir de aquí se enfrentó a fuertes críticas. Un artículo, publicado en el British Medical Journal ya cuestionaba la legitimidad científica de sus dotes.

Experiencias espirituales con Marie y Pierre Curie

Pierre y Marie Curie, 1903

También viajó a Francia, donde donde despertó admiración y críticas a partes iguales. En 1898, el astrónomo Eugene Antoniadi investigó sus talentos espirituales. Concluyó que sus actuaciones eran fraudulentas de principio a fin. Sin embargo, parece que la fama que le precedía de Varsovia le granjeó simpatías entre un grupo de grandes científicos que querían investigar sus habilidades. Un grupo de químicos, biólogos y físicos, entre los que estaban a la cabeza los famosos Marie y Pierre Curie.

La primera reunión tuvo lugar en 1905. Aparte de los Curies, allí estaban grandes hombres de ciencia como Charles Richet, Henri Bergson, Jacque Arsène d’Arsonval, William Crookes, Jean Perrin, Louis Geroges Gouy ó Paul Langevin.

Parece que muchos de ellos estaban fascinados con el incipiente campo de la física cuántica, así como por la investigación sobre la vida después de la muerte. Pierre Curie informó a su amigo Gouy:

“Hemos tenido una serie de sesiones con Eusapia Palladino en la Sociedad para la Investigación Psíquica. Ha sido muy interesante, y realmente los fenómenos que vimos parecían inexplicables: mesas levantadas de las cuatro patas, movimiento de objetos a distancia, manos que te pellizcan o te acarician, apariciones luminosas. Todo sin un posible cómplice. El único truco posible es aquello que podría resultar de una extraordinaria facilidad de la médium como ilusionista, pero ¿cómo explicar los fenómenos cuando estamos a escasos metros y la luz es suficiente para que podamos ver todo lo que sucede?”

Los Curies observaron las sesiones con su mente científica. Tomaron notas y discutieron las conclusiones con otros investigadores. Es posible que estuvieran buscando la fuente de una energía desconocida. Pierre estaba mucho más fascinado con las sesiones de Palladino que Marie. Sin temor a equivocarnos, la Palladino era una fantástica creadora de magia, de como cautivar al espectador con sus trucos, muy lejos de comunicarse con los muertos, pero no quita que atrajera la atención de grandes investigadores y se convirtiera en la médium más famosa de la historia reciente.

Comentarios5 comentarios

  1. Cayetano Gea Bermejo

    Hay que ser muy buena haciendo trucos para que ni siquiera muchos científicos de renombre de su tiempo no le pillaran las trampas.
    Un saludo, Félix.

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