El problema de Rumanía con Drácula

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La novela de Bram Stoker fue una “bendición mixta” para Rumanía. Atrajo a miles de turistas, pero la leyenda siempre ha confrontado con los ideales comunistas y convirtió en un villano a un héroe nacional.

Transilvania -una gran región que comprende gran parte del centro de Rumanía- es casi sinónimo de una palabra: Drácula. La novela de Bram Stoker, publicada en 1897, cuenta la historia de un vampiro depredador que vive en un castillo en ruinas, en las montañas de los Cárpatos. La mayor parte de la acción se desarrolla en el Londres victoriano, pero es la descripción de Transilvania -oscura, salvaje, inexplorada- el logro más evocador de la novela. Dado que Stoker nunca había estado en Rumanía, su representación de la región fue gracias a su imaginación. Y todo esto dio origen a una subcultura vampiresca, todavía viva hoy, y en su centro aquella agreste región, el hogar de lo sobrenatural.

Rumanía se ha beneficiado de la novela y de sus adaptaciones cinematográficas. El número de turistas aumentó de apenas 5.000 en 1956 a 103.000 en 1960. Para 1970, habían alcanzado los 2.300.000. Desde la década de 1960 los aficionados de Drácula no han dejado de peregrinar a la región, buscando huellas del Conde entre los paisajes salvajes. Rumanía, entonces un estado comunista, aliado de la Unión Soviética desde el Pacto de Varsovia de 1955, estaba interesado en atraer turistas occidentales, que generaran divisas.

También hubo motivaciones políticas: el turismo permitió a Rumanía demostrar sus logros ideológicos y promover relaciones amistosas en el extranjero. Durante la década de 1960, el líder comunista, Nicolae Ceauşescu, distanció a Rumania de la Unión Soviética. En 1968 denunció públicamente la invasión de Checoslovaquia. Rumanía estaba deseosa de presentarse a Occidente como un país comunista independiente y el turismo debía desempeñar su papel. Por lo tanto, el gobierno facilitó los viajes: las formalidades fronterizas eran mínimas y las visas eran baratas, con pocas restricciones una vez dentro del país.

Sin embargo, los fans de Drácula que visitaron Transilvania en busca del Conde quedaron decepcionados. El Castillo de Drácula nunca ha existido más allá de la imaginación de Bram Stoker. Y los turistas descubrieron que los lugareños no sabían nada sobre Drácula . La novela no fue publicada en Rumanía hasta 1990, y los rumanos quedaban desconcertados cuando se les preguntaba por la dirección al Castillo de Drácula o sobre los vampiros en Rumanía. En 1972, una empresa de viajes con sede en Nueva York, General Tours, lanzó la primera gira de Drácula , Spotlight on Dracula. El ministro de Turismo de Rumanía, Ioan Cosma, no estaba preparado para una gira que aconsejaba a los visitantes abastecerse de ajo para evitar el mal, y estableció un comité para investigar cómo debería responder Rumanía al creciente interés por esta figura, estaban desbordados.

Presentaba un dilema. Drácula proporcionó al país un gran escaparate turístico. Sin embargo, el turismo basado en lo sobrenatural estaba en desacuerdo con el comunismo “científico”. Las creencias supersticiosas eran parte de un pasado que el comunismo estaba decidido a barrer. El “turismo de Drácula” se basó en una concepción de Transilvania como lugar siniestro y atrasado, en desacuerdo con la imagen de Rumanía de sí misma como un país moderno, en desarrollo e industrializado.

Había otro problema. Rumanía tenía su propio Drácula histórico, el gobernante del siglo XV, Vlad III (Vlad el Empalador), un violento príncipe conocido por empalar a sus enemigos en estacas de madera. Nacido en Transilvania, Vlad se hizo llamar Drăculea, que significa “hijo del dragón”, como su padre, Vlad II Dracul, que había sido nombrado por la Orden del Dragón por sus hazañas al luchar contra los otomanos. A pesar de la reputación de Vlad, los historiadores nacionalistas de los siglos XIX y XX lo elogiaron como un líder fuerte que defendió a su país contra amenazas externas durante tiempos turbulentos. Mientras Ceauşescu abrazaba cada vez más el nacionalismo, los gobernantes medievales de Rumanía fueron presentados al público como precursores de su política exterior independiente.

Luego, en 1972, Radu Florescu y Raymond T. McNally publicaron “En busca de Drácula” , en el que afirmaron que Stoker usó a Vlad como modelo para el Conde, dando nuevos motivos para que los fans viajaran a los lugares asociados con el ‘real’ Drácula.

Aquí está el problema. Ningún país estaría complacido de ver a uno de sus héroes nacionales representado como un vampiro. En 1973, el ministerio de turismo de Rumanía desarrolló su propia gira, Dracula: Legenda y verdad, que giraba en torno a la vida de Vlad. Era abiertamente propagandista y tenía la intención de trazar una línea entre el Drácula histórico y el vampiro ficticio. El ministerio había decidido que Drácula no podía ser parte de la oferta turística de Rumanía, tolerando a regañadientes tal turismo pero no alentándolo. Esta fue la posición oficial hasta el colapso del régimen comunista en diciembre de 1989.

Los turistas extranjeros, sin embargo, no se detuvieron. Muchos encontraron lo que estaban buscando en el Castillo de Bran, cerca de la ciudad de Braşov. El castillo no tiene ninguna conexión con Drácula y sólo algún vínculo tenue con Vlad, pero, situado en una colina con una impresionante colección de torres, impresiona. Oficialmente un museo de arte medieval, en la década de 1960 se hizo conocido fuera de Rumanía como “Castillo de Drácula” y fue promovido como tal por los paquetes turísticos.

Castillo de Bran

Siguieron las diferencias. En Drácula , el abogado inglés Jonathan Harker pasa una noche en Bistriţa en el Hotel Corona de Oro. Un nuevo hotel estaba en construcción en Bistriţa y el jefe de la oficina de Turismo -Misiuga- se dio cuenta de que hacerlo llamar “Corona de Oro” atraería a los visitantes. En principio el partido comunista local se opuso, pero acabaron cediendo, argumentando que Drácula encarnaba la batalla del bien contra el mal. Ahora el hotel se llamaba como el de la novela (Coroana de Aur). Abrió sus puertas en abril de 1974 y, aunque su diseño no aludía específicamente a Drácula , su menú se basaba en la cena de Harker en la novela.

Impulsado por el éxito, Misiuga decidió construir otro hotel en la ubicación exacta del castillo de ficción, pero la obtención de apoyo para un segundo hotel en Bistriţa fue difícil. El Ministerio de Turismo rechazó repetidamente las solicitudes de financiación, aunque Ceauşescu solía cazar por la zona. Después de un día de caza le expusieron el plan para un hotel en el Paso de Bârgau y Ceauşescu respondió: “¿Qué te impide construirlo?” Con tal apoyo, Misiuga fue capaz de exigir fondos. El proyecto fue presentado como alojamiento para turistas en ruta hacia los monasterios de Bucovina.

Se abrió como Hotel Tihuţa en 1983, parecido a un castillo y decorado con cráneos de animales. Llamar “Drácula” al hotel era imposible durante la década de 1980, cuando el Estado se estaba volviendo cada vez más hostil al fenómeno vampírico. A pesar de todo, fue rebautizado como Hotel Castillo Drácula tras la caída del comunismo, y rápidamente se hizo popular entre los aficionados al mito, que encontraron lo que habían estado buscando durante mucho tiempo. La ficción se había convertido en realidad.

¿Cómo tuvo Misiuga éxito en la construcción de dos hoteles Drácula en un momento en que el Estado era contrario? La respuesta radica en la interacción entre el poder central y local en la Rumanía comunista. Se pensaba que los regímenes comunistas veían todo, pero no era así. En lugares como Bistriţa, lejos de Bucarest, el control era débil. Se aprovecharon de la ignorancia de la jerarquía del partido. El condado de Bistriţa se convirtió en el centro del turismo de Drácula en Transilvania, pero tan discretamente que las autoridades centrales ni se enteraron.

Fuentes: History Today, Duncan Light -Universidad de Bournemouth Imágenes: Oficina de Turismo de Rumanía, WikimediaCommons, Flickr

Comentarios7 comentarios

  1. Aquí, para que te chupen la sangre no hace viajar hasta Rumanía. Hazme caso.
    Y hablando del tirón turístico del asunto, una conocida rumana me trajo varios recuerdos, incluido un vino de la región con su etiqueta vampírica y todo. Con Drácula ellos hacen lo que otros hicimos con el Naranjito, la Giralda o el toro de Osborne.
    Saludos.

  2. Es curioso como algunas creaciones tienen tal éxito y calan que vendan lo que les vendan la gente ni se entera y se creen el mito. Aunque sabía toda esta historia me encanta tu resumen clarito del tema. Bss

  3. Un sitio precioso y un viaje más que recomendable. La parte norte de Rumanía es preciosa, a pesar de la sobreexplotación actual del fenómeno Drácula. Los castillos con los que has ilustrado el artículo se visitan por miles de turistas y están bastante bien. Desde luego no tienes que pensar mucho para traerle un souvenir a cualquiera.

      • Hola Andrés, ¿quieres creer que me volví loco buscando la errata en el cuerpo del artículo? jaja. No había leído el anterior comentario tuyo, así que ya está corregido. Nos pasa hasta en las mejores familias.
        Un saludo y gracias!

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