El experimento del café de Gustavo III de Suecia

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Pocos placeres se pueden comparar con una buena taza de café. Es algo que va más allá del amor por una bebida, la adicción y el ritual; es una combinación de todo ello. Y ningún amante del café quiere oír hablar de sus posibles efectos peligrosos. Sin embargo, contaremos una interesante historia acerca de un experimento que tenía como objetivo demostrar sus peligros, pero que fracasó.

El café se ha instalado en casi todos los países del mundo, pero en algunos ha encontrado mucha resistencia. Llegó a Suecia en 1674, pero fue poco o nada consumido hasta el siglo XVIII cuando se puso de moda entre los ricos. Fue cuando se convirtió en la bebida por antonomasia de las reuniones de los intelectuales suecos.

Familia en Söderhamn sentada para fika (que significa “tener café”) sobre 1916

Sentados alrededor de una taza de café, discutían las grandes cuestiones filosóficas del día. En 1746, se emitió un edicto real contra el café y el té debido su uso indebido, era una bebida peligrosa. Y llegaron fuertes impuestos gravando su consumo (inevitable, ¿verdad?), aquel que no los pagase tendría multa segura y la confiscación de sus tazas y platos, para prevenir. Más tarde, el café fue prohibido por completo, pero a pesar de ello, el consumo continuó.

El café era popular, pero no para todos. El rey Gustavo III ascendió al trono tres cuartos de siglo después de que esta bebida llegara a Suecia. Estaba ansioso por eliminarlo. Creía ciegamente que el café era un veneno y que la gente necesitaba ser informada sobre sus terribles efectos. Con ese fin, propuso un experimento.

Tenía a su disposición dos prisioneros que eran gemelos idénticos y que tenían su ejecución ya programada (fueron condenados a muerte por asesinato). Gustavo III conmutó sus sentencias a prisión perpetua, pero con una trampa. Para el resto de sus vidas, uno de los presos tenía que beber tres tazas de café al día, mientras que el otro tenía que beber tres tazas de té. El rey pensó que ambos enfermarían y morirían rápidamente, demostrando de una vez por todas que los efectos del café y el té sobre la salud son dramáticos y terribles -sobre todo el primero-.

Gustavo III de Suecia (1746-1792)

Desafortunadamente para Gustavo, fue asesinado a quemarropa en una noche de máscaras en la Opera de Estocolmo. También murieron los dos médicos que supervisaban el experimento, dejando a los gemelos condenados “a tope” de cafeína sin una supervisión adecuada. En caso de que se lo estén preguntando, el bebedor de té murió primero -a la edad de 83 años-. Nadie sabe la fecha de la muerte del bebedor de café, pero es posible que todavía esté paseando por Estocolmo… 😉

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