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Cuando la gente comenzó a quemar libros

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Para un lector, un escritor, un ratón de biblioteca o un creyente en la libertad de prensa y el conocimiento, no hay nada más horrible que la visión de una pila de siendo consumidos por las llamas. La es una de las formas más extremas de censura, la supresión de puntos de vista opuestos a las autoridades religiosas, seculares y civiles. Por desgracia, esta práctica tiene una larga historia…

quema de librosUna de las primeras referencias de la quema intencional de un libro proviene de una historia de la Biblia ( 36), en la que Joaquín, rey de Judá, ordenó quemar uno de sus textos. El suceso, supuestamente, ocurrió en el sigo VII a.C.

Sin embargo, aunque no tengamos todas las certezas sobre esta mención, también podemos atribuir como la primera quema de libros “oficial” de la historia la que ocurrió alrededor del año 213 a.C.

Nos situamos en aquella China en la que fueron quemadas demasiadas cosas, pero mención especial merece la de los libros de Confucio y todas sus obras conexas, salvaguardando una copia de cada uno en la Biblioteca Estatal China, para que el conocimiento simplemente no se perdiera. Lo peligroso era que la gente de a pie tuviera acceso a él.

La quema se llevo a cabo en conjunto con la persecución de los confucianos en un intento por consolidar la . Los libros probablemente fueron considerados inadecuados para el público debido al cambio político y social propuesto dentro de ellos. El emperador Shi Huang incluso llegó mas lejos, enterrando vivos a muchos de los estudiosos para que su conocimiento no se propagase.

La misma Biblia ha sido un libro muy quemado a lo largo de la historia también. En uno de estos casos, William Tyndale imprimió la primera traducción al inglés de la Biblia en 1526 y comenzó a distribuir copias de la misma por toda Inglaterra. Esto enfureció al obispo de Londres, que comenzó a “dar caza” a los libros para quemarlos hasta que sólo quedaron dos ejemplares. También el propio Tyndale fue quemado en la hoguera en 1536.

Las “sutilezas” en la traducción fueron el motivo, y la lección aprendida aquí es que dar a las masas un acceso más directo a la información no era bueno para los elementos corruptos de la iglesia -que en ese momento eran demasiados- (aunque algunos como Lutero se lamentaban por la corrupción que veían y hacían lo que podían para luchar contra ella).

Las quemas continuaron a lo largo de la historia, pero unas de las más grandes sucedió poco antes de la II Guerra Mundial. El 10 de mayo de 1933, más de 25.000 libros fueron quemados por los partidarios nazis, en su mayoría (más triste aún) encabezados por estudiantes universitarios.

quema de libros nazi
La quema de libros “no alemanes”. Berlín, Alemania. 10 de mayo de 1933.

Más de 30 ciudades universitarias alemanas participaron en la “acción contra el espíritu no-alemán”. Los libros de autores judíos obviamente alimentaron las llamas, junto con los libros de Karl Marx, Ernest Hemingway y Helen Keller, entre otros.

Hoy en día, la quema de libros sigue siendo una forma tremendamente popular de demostrar desagrado hacia un texto en particular, incluso aunque sea de ficción. Los libros de Harry Potter han sido objetivo común para la censura, ya que, obviamente, enseñar a los niños pequeños como convertir a la gente en hurones o adorar la pecaminosa magia es malo… muy malo.

Vamos a acabar con una cita del ensayista ruso, poeta y Premio Nobel de Literatura, , que por cierto fue expulsado de la Unión Soviética en 1972 después de años de mantener fricciones con el Estado, considerado como un “parásito social”, ya que escribir poesía no se consideraba una forma aceptada de contribuir a la sociedad. Por ello fue mandado a la región ártica de Arkhangelsk, donde fue sometido a trabajos forzados durante 18 meses antes de que su sentencia fuese conmutada.

“¿Qué opino sobre la quema de libros?”

Hay crímenes peores que quemar libros. Uno de ellos es no leerlos”

Imágenes: Flickr, Wikimedia Commons Fuentes: Today I found out

8 COMENTARIOS

    • Mítico personaje sacado de la imaginación del fértil Montalbán. Contradictoriamente con la cultura que tenía, le daba por condenar libros a la hoguera a lo loco. Claro está, su ideología le tiraba mucho 🙂
      Saludos, Cayetano¡

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