Carlos III y el despotismo Ilustrado

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Fue una rara avis en el concierto monárquico de la Historia de España. 29 años de reinado que, si bien no empezaron con buen pie, supo reconducir aquellas ideas que traía de su larga estancia en Nápoles para hacer que España diera el salto hacia la modernidad. Remontémonos al siglo XVIII.

Carlos III era un fiel postulante del Despotismo Ilustrado, aquello de “Todo para el pueblo pero sin el pueblo…”, era su forma de conducir la política. Así lo había hecho en su reinado italiano y así actuaría en España. Era un gran político, un buen gobernante, pero esas ideas le traerían algún que otro dolor de cabeza.

‘Un episodio del motín de Esquilache’ (1864)

En octubre de 1759 fue recibido con salvas en el puerto de Barcelona, aunque desde Madrid se le miraba con bastante recelo: llevaba mucho tiempo fuera de España, el clero tenía mucho poder acumulado y, sobre todo, la corte con la que se acompañaba en calidad de asesores eran todos italianos, extranjeros… eso no podía ser bueno.

Entre ellos se encontraba un tal Leopoldo Gregoris, más conocido por todos como el Marqués de Esquilache. Un hombre de ya de avanzada edad para la época pero con buena formación humanista y hombre de Estado. Era el favorito de Carlos III. Ocupó los cargos de Ministro de la Guerra, de Justicia y de Hacienda.

El panorama no era muy alentador. Las ciudades de España pasaban por ser las más sucias e inseguras de toda Europa y Carlos III comenzó a inculcar sus ideas. Normas, normas y más normas que unidas a una sequía pertinaz que duró seis años hizo que los precios de los artículos de consumo básico como el pan, el aceite y el tocino subieran hasta hacerlos inasumibles. Las arcas estaban vacías.

Se pusieron manos a la obra. Madrid era una ciudad muy oscura y las noches peligrosas, los asesinatos se sucedían con impunidad. Había que sembrar la ciudad de faroles, iluminarla… también se comenzaron grandes proyectos como el empedrado de las calles, el levantamiento de grandes monumentos. El plan de higiene social fue tomando cuerpo y los madrileños lo aceptaron de buen grado.

Pero aparecieron nuevas Leyes que no serían de tanto agrado para el pueblo: se prohibió jugar a las cartas en las tabernas, portar armas de fuego… ; sólo jugar al billar, al ajedrez, a las damas y poco más!, aunque todo fue a peor el 20 de marzo de 1766, la fecha clave. Un gran número de “bandos” se colgaron por todo Madrid: prohibiendo una determinada indumentaria, santo y seña de los españoles de la época por otra parte, el sombrero calado y la capa larga.

Este hecho fue la gota que colmo el vaso, ¿estos italianos nos van a decir a nosotros como debemos vestir? “Eso nunca” se escuchaba por las calles de la capital. Los bandos firmados por el Marqués de Esquilache fueron arrancados y sustituidos por amenazas al Rey e instigación al levantamiento de armas si este no mandaba a los italianos a su casa.

La cosa se puso cada vez más fea, y la chispa saltó en la madrileña calle Antón Martín. Ante la negativa de dos madrileños a despojarse de sus indumentarias la Guardia Valona comenzó a disparar y diez madrileños murieron. Pronto llegaron miles más para levantarse, defender sus ideas y plantarle cara al Rey exigiendo que les devolvieran sus derechos. Los guardias fueron masacrados y Carlos III recibió las noticias horripilado. Había saltado el Motín contra Esquilache.

“Exigimos que los Ministros italianos sean despuestos y marchen al exilio, exigimos que se rebajen los precios de los alimentos básicos, exigimos que se supriman los monopolios que traen alimentos a Madrid en exclusiva y, por supuesto, exigimos que la criminal Guardia Valona sea disuelta”… así rezaban las exigencias del pueblo madrileño.

Carlos III, conmovido (o asustado) decidió acceder a todas las pretensiones de los revolucionarios muy a su pesar. A partir de entonces sería “Todo para el pueblo pero con el pueblo…” y España comenzó a iluminarse por las noches, las grandes obras se fueron levantando, se iría entrando con paso lento pero entrando en la Revolución Industrial y se iría equiparando al resto de países europeos. Luego vendrían tiempos peores, ya los conocemos -un siglo XIX nefasto-, pero este paréntesis monárquico fue positivo para España.

Comentarios4 comentarios

  1. Cayetano Gea Bermejo

    Y tras Carlitos Tres llegó el parón para España. Pasamos a estar en el furgón de cola del tren del progreso ni se sabe. Una gran oportunidad perdida.
    Un saludo, Félix.

    • Sin duda se avanzó mucho pese a las sombras de su reinado que también las hubo, pero ahí quedó la cosa, luego volvimos a coger la “cuesta abajo”. Malos años…
      Saludos, Cayetano!

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